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Reportaje exclusivo

Joaquín Levinton y Sponsors

Separó Turf en el momento de éxito. Se peleó con su novia. Se quedó solo. En su casa, compuso más de 300 canciones y las grabó con invitados famosos. Estuvo encerradoy sin hablar con nadie. Ahora explica todo.

No hace mil horas que estamos hablando. No hace falta. Incluso con desconfianza, el tipo no puede evitar abrir la bocota. Habla en primera y tercera persona, y de entrada dice: "Hice «El salmón» de Joaquín Levinton". Hace dos años que está encerrado acá en su casa, un PH reciclado a pocas cuadras del Abasto. No conversa con nadie desde que se peleó con todos sus amigos, separó a Turf en su mejor momento (después de doce años y ochocientos shows), cambió de manager, lo dejó la novia y armó Sponsors, una banda nueva con los plomos de Los Auténticos Decadentes y la Baccarat de Sergio Pángaro como músicos. En medio de su tormenta interna, Levinton va por la cucarda, el reconocimiento o el Gardel de Oro. La alta rotación radial la tiene garantizada: lleva escritas y grabadas más de trescientas canciones con su particular sistema de producción. No se va a dormir hasta que la canción que empezó está terminada.

¿No podes seguirla otro día?
No. Yo no puedo decir: "Son las 7, chicos, la seguimos mañana". No. Yo la sigo hasta terminar.

Supongo que eso deja secuelas...
Sí. Así nos volvimos muy huraños. Y nos dejaron los amigos, nos dejaron las novias, todos. Por eso en el disco de Sponsors bajo mucha línea. Porque perdí a todos mis amigos, boludo. Eso es re loco. Gané otros, claro. Pero perdí algunos amigos profundos, del corazón. Y otros que desde la infancia ya eran re caretas.

Joaquín se echa en su rockero sillón de cuero negro y canta un track a estrenar: "No hay una respuesta, nadie me contesta, seráaaa. que ya no queda nada para preguntaaaar". Es de noche. La casa, salvo por nosotros dos, está vacía y en silencio. No hay perro ni gato. En la entrada, Levinton tiene un estudio sin tratamiento acústico. "Acá es donde pasó todo", dice. Hay un piano de pared antiguo Josef Berger, varias violas, una Mac blanca tirando a blancuzca, bajo beatle y, de espaldas a todo, una Remington que usa para escribir sus canciones sin reconocerse la letra: "Porque si leo una canción pensando que la escribí yo, me mato". Hay un patio chorizo que llega hasta la cocina, mucho verde en las paredes, una moto de posguerra y un banco de plaza. Estamos en el living y Levinton se saca las Crocs. El piso está pegajoso como si alguien hubiese baldeado con Coca-Cola. Levinton va y viene en patas. Cuando le pregunto por qué está todo así, me grita con voz de corneta: "¡Y qué querés! Soy rockero, soltero y no tengo empleada doméstica".

La casa está llena de detalles, y detallecitos. Un cartel de Argentina Televisora Color domina el living. Otro de Coca-Cola, justamente, corona la decoración de la kitchenette. Incluye neón. Hay muchos espejos, verticales y apaisados. Un libro de Milo Manara ( Cuarenta y seis ) expuesto onda comiquería. Un proyector apunta hacia la pared y, abajo, otro sillón -individual- indica que ahí es el trono de Joaquín. Al lado, en la mesita de vidrio, un velador alumbra un enmarcado Edicto Policial que recuerda la vez que, después de una causa federal por drogas (que presuntamente tuvo al dueño de casa como protagonista), le concedieron una insólita "inmunidad absoluta al grupo musical Turf en todo el territorio de la provincia de Chaco".

Levinton pone su equipo de sonido al máximo y baja las luces. Todo a control remoto. Suena el disco de Sponsors, aún inédito; una selección final de trece temas producidos por Tweety González en "sesiones caóticas" (define el autor) en los estudios El Pie y Circo Beat. Los primeros, más rockeros. Guns 'n Roses. La segunda parte, casi en joda. Como si licuaras los momentos más emocionantes de un festival argentino y le vendieras el resultado a iTunes. Levinton se niega rotundamente a revelar la identidad de los integrantes del grupo. Apenas dice que el secreto se va a develar el 3 de este mes, cuando debuten como soportes de "los Deca". Como en su momento hizo con Turf (Isidoro Cañones, Crónica TV y el Casino de Mar del Plata), le agrega algo de mitología mentirosa a su flamante proyecto: "Lo que sí te puedo contar es que el disco se va a llamar 110 por ciento, que es lo que decía la remera del manager de Johnny Tolengo en El majestuoso. En realidad, ése era el porcentaje que el tipo le sacaba al artista. Y lo mejor de todo es que el actor que hacía de manager era Angel Kaminsky, que fue el que me llamó para armar Sponsors". [En rigor, Mario Kaminsky era aquel manager de Tolengo y su hijo Angel es el actual directivo de Warner México interesado en su carrera solista.]

Levinton ahora baila en medio del living. Cierra los ojos, alza los brazos. Siempre descalzo. No hay nada en las nuevas canciones que se parezca a esas formas sesentonas de rock y riffs clásicos y de psicodelia de su banda anterior. Los invitados del disco dan la pauta: Jorge Serrano, Pity Alvarez, Los Tipitos, Ricardo Soulé -de Vox Dei- y el Vasco Bazterrica, ex Abuelos de la Nada. Joaquín aclara que escribió esos temas con el "idioma" del invitado. "Y me sale bien -sigue-. Una de las cosas que descubrí con este disco es que soy buen compositor y muy mal cantante." Uno de los tracks dice "sexo, droga y reggaetón". Joaquín pone pausa. A cada rato le pone pausa. El tema también dice: "Los amigos pollerudos son siempre pelotudos / y no hay nadie más tarado que el drogón rehabilitado". Joaquín repiensa la frase. "Es muy violenta, muy violenta", reconoce moviendo la cabeza con la vista baja. Y después. ¡Finish him! "Lo peor es la parte del drogón rehabilitado y tarado."

En este tema también decís: "El rock es una puta barata.". ¿Lo decís por algo en especial?
Lo digo con cierta autoridad, porque a mí el rock nunca me pagó. A mí me pagaron las fiestas: así gané la plata. Para el rock, yo toqué de onda. Y lo hice con mucho cariño. Para todos los que dicen que yo toqué en cumpleaños de 15: con orgullo lo hice. Como un trabajador, como un empleado. Yo conozco los mejores hoteles. pero la cocina. La parte que no se ve, que es horrible.

Joaquín Levinton no hablo hasta los 4 años. "Dice mi mamá que cuando abrí la boca por primera vez íbamos en el auto y canté una canción con miles de palabras complicadísimas."

¿Qué canción era?
No sé, llamemos a mi mamá. Ella seguro que se acuerda.

Susana, la madre de Joaquín, no está en su casa así que no va a atender. Su nene aclara que, a los 32 años, es "muy autocrítico" pero que ella sigue siendo su crítica número 1: "Mi vieja es perfeccionista. Fallás en un punto y es un quilombo. Aparte es muy violenta. Te pega un tiro, es así. Pero ojo: es una excelente persona, eh".

Atrás de su hombro izquierdo, sobre el piano, hay una foto suya a los 4 años. Una de esas fotos familiares del tamaño de una A4, bastidor de madera. Joaquincito está ahí, sonriendo feliz con los ojos achinados. Una toma de lo más simpática. En contraste, su cara hoy da la impresión de estar frente a ese mismo niño pero ardiendo fuego.

Joaquín fue hijo único hasta los 20 años, cuando su papá (arquitecto y docente) se casó con otra mujer y tuvo otros hijos. Recibió la enseñanza "laica, muy libre y buena onda" de la ORT, pero la relación padre-hijo era, señala, "muy defectuosa". Su madre, una coreógrafa que recorrió el mundo con su compañía, es su único registro de hogar. "Siempre pienso que, de última, le toco el timbre a ella y le digo: «Vieja, no anduvo. Dame un plato de comida, me quedo acá», y chau." Ella pagó la clase de guitarra con Gabriel Carámbula, porque si Joaquín iba a tomar clases tenía que ser con un buen profesor. "Pero tuve una sola lección. Llevábamos diez minutos y apareció uno de los Perros Calientes y le mostró una bolsita por la ventana: «Gabrrieeel.». Y Gabriel me dijo: «Terminó la clase». Y yo: «¿Me tengo que ir?». «Sí, pibe»." A la segunda clase, faltó el profesor. "Así que ésa fue mi última clase de guitarra. Yo soy el chabón que te da la pauta de que cualquiera puede formar su propia banda."

En "Casanova", el corte del primer disco de Turf ( Una pila de vida, 1997), la banda entraba por la cocina. Pasillo finito hacia un escenario privado. Eso los puso en la cola de la "movida sónica" como la nueva gran banda. El grupo venía apadrinado por Charly García y el disco sponsoreado por Levi's, algo inusual para esas épocas de independencia post hardcore y pre cartonera. Joaquín entendió antes que nadie la lógica de los anunciantes en el rock. Ese veinteañero carilindo con el flequillo pegado

a las sienes (hair-style que marcó una tendencia en su época), ya había tocado una temporada en Juana La Loca y parecía nacido para ser rockstar. Ya es legendario el informe de MTV News desde el Festival Rock Alternativo en Ferro, con el testimonio de Sharly de Demonios de Tasmania y Joaquín, berreando bajo un paraguas "loco, en este país las estrellas de rock tienen cuarenta años. Queremos ser rockstars a los 20".

A fines de los 90, la banda era emblema en el Podestá. Tocaban temas propios y los covers más finos del repertorio de los Ratones Paranoicos. Las chicas gritaban desde la fila del baño. El Sí de Clarín los hizo posar para el recuadro de las revelaciones, en un hipódromo con la remera de Isidorito y un caballo bautizado Rock Nacional.

La primera vez que yo me subí a un micro de gira fue con Turf. Era 2002 o 2003. Un festival de bandas en provincia de Buenos Aires, dos días. ¡Pigüé Rock! El primero tocaba Babasónicos con Horvilleur y un animado Leo García, que quedó en calzones en un gimnasio repleto de estudiantes, madres y abuelos con reposeras y mates. Al otro día, llegó Turf. Tras el show, la banda se ofreció amablemente a llevarme a casa. En el trayecto a camarines, las teens se estrellaban contra la Trafic: nunca vi algo así. Era como Jackass. Ya en la motorhome, todo era hermoso y tranquilo. Detalles en madera, DVD, minibar, baño completo. Así cualquiera es rockero. Hasta que me fui a dormir a la cama cucheta, estuve hablando y jugando al truco bajito con el bajista Toddy Tapia y el baterista Fernando Caloia. Joaquín tenía ocupada la única habitación. Se estaba cogiendo a una groupie que había conocido el día anterior y subió en el Abasto, antes de arrancar. Salían sólo para pedirle plata al manager y comprar "chicles de colores y de goma". Forros. La diferencia de personalidades ya era evidente dentro de la banda.

Cuando le comento que estuve en ese viaje, Joaquín no se acuerda ni de la parte que le tocó vivir. Pero recuerda otra cosa. "Es que no puedo dormir de noche. Mirá, yo a veces subía a esos motorhomes y todos se iban a dormir. Y yo me quedaba sólo con el sueño del rock. Pensaba que era un desperdicio, así que le sacaba provecho."

Y a los Turf no los ves más.
No, no, no. y si me los encuentro, es tan frío que me importa un huevo.

¿Y no creés que tenés algo para resolver?
No. Ellos son así. Yo no los juzgo a ellos. Pero el paso del tiempo nos hizo a unos más intensos en nuestra manera de ser. Ellos no me bancaban más a mí y yo no me los bancaba a ellos. Nadie tiene la razón. Pero fue muy loco. hasta el último ensayo de Turf fue increíble.

El último ensayo, ¿ya sabías que se iban a separar?
No, me enteré al día siguiente. Llegué a la sala y me dijeron: "Che, esto no puede seguir así". La verdad, en ese momento sentí que yo molestaba. Bajé hasta mi humildad máxima, pedí perdón por las dudas, me quedé tranquilo de que no había hecho nada malo y les dije: "Bueno chicos. Chau". Me fui. Si yo quisiera plata. la gente tiene juicios. Doce años juntos, somos una sociedad anónima. y bueno, eso es lo más lindo de la historia.

Esa es la historia según Levinton. Sus ex compañeros (que también tuvieron propuestas de la productora Pop Art para armar otra banda y se negaron), en cambio, parecen haber visto otra película: "¡Está loco! ¿Cómo te va a decir eso? Ibamos de bar en bar tratando de solucionar los problemas". En la ocasión que puntualiza Joaquín, la banda se juntó en la sala, debajo del puente de Juan B. Justo y Córdoba. Ahí repartieron el fondo común acumulado, un par de miles de pesos en equipos y plata para viáticos e insumos. De un lado quedó la banda y los managers y los stages. Del otro, Joaquín, solo. Ninguno reclamó el nombre del grupo. Ninguno sabe si Turf está registrado.

El último show fue en el Quilmes Rock 2007, Día 4. Toda la banda estaba al costado del escenario lista para salir cuando Joaquín llegó. Cantó todo el recital en la pasarela, lejos de sus compañeros, según decía la reseña de rollingstone.com.ar. Eso llamó la atención del público. En el backstage, estaban los tres hijos de Caloia, la beba de Toddy Tapia y Levinton, que estaba para otra cosa. Se puso quejoso: "¡Este camarín parece una guardería!", dijo. Y ésa fue una de las últimas cosas que le escucharon decir sus ex compañeros.

¿Influyó que ellos ya tuvieran hijos, distintos proyectos de vida?
Sí. Ellos ya tenían algo formado y yo soy un tiro al aire. Yo no tengo nada. Yo soy así. Por ahora voy a seguir cantando canciones sobre lo que sé, lo que soy. Como el tema del reggaetón. yo eso lo puedo cantar porque coincide con mi vida. No se me cae la cara.

La de Turf fue más una disolución que una separación. Joaquín se compara con Pity: "El hizo lo mismo con Viejas Locas. Yo separé a Turf antes de que explote. Comercialmente, hice lo peor que se puede hacer". Y cita a don Carlos Solari: "Porque si no hay amor que no haya nada, entonces.".

No hubo show despedida, no hubo nada. El disco que estaban haciendo quedó guardado en la Mac blancuzca. Joaquín quiere regalarlo en Internet, el resto se niega a difundirlo. Cuando dejaron de verse, habían grabado cuatro discos de estudio, uno en vivo para FM 100, otro de reversiones de su propia obra (con el aval y la participación de Andrés Calamaro, Los Decadentes, Say No More, Daniel Melingo...) y las hinchadas de fútbol cantaban "Pasos al costado" hasta en el Maracaná. El primer hit de verdad masivo de Turf acarició el inalcanzable estatus de cantito de cancha.

Ahora Caloia se dedica a la flía, el guitarrista Leandro Lopatín está haciendo sus canciones (trabaja intensamente en el disco de DJ Zuker), Nicolás Ottavianelli (Ríspico, el tecladista) lo mismo, y Tapia se fue a tocar con Juana La Loca y profundizó su proyecto paralelo, Transmundial. Ellos dicen: "Lo que pasó fue que Joaquín es un rockero de los 70, ponele. Nosotros somos rockeros más modelo 2000".

La alfombra roja del estudio esta sucia, pero bien sucia: lamparones de distintas texturas y colores por todas partes. De mostaza, de algo que parece aceite y ése... ése no puedo decir de qué parece. Levinton me quiere despachar antes de que se acabe la cinta y me dice que cree que la mejor forma de terminar una entrevista de Rolling Stone es poniendo una canción. Pero la canción, como le pasa a veces, directamente no aparece. Joaquín mira hacia el costado y se defiende con la boca hasta el final del casete: "Acá logré grabar a la velocidad de la idea. Así no se pierde nada. Y estas Mac sí que se la bancan, eh. A mí me hizo un re aguante. Una vez le tiré un vaso entero de fernet y no cayó ni una gota afuera del teclado, todo ahí. Todo entero le entró. Y siguió andando hasta el día de hoy. Ahora quiero tirarla al mar o llevarla al Hard Rock Café, si es que la quieren".

¿Cómo ves al rock hoy, el de la radio por ejemplo?
Está todo desierto. No encuentro ni una canción que me emocione. Cada tanto aparece una canción de Serrano. Cada tanto una de Los Tipitos muy linda. Ahora, nada. Nada de nada. Una basura total. Y encima, no sólo en la radio. ¡en-la-tele! Ya ni los famosos son conocidos. Y ves una nota a una banda por televisión y te querés pegar un tiro.

¿Qué era Turf, Joaquín?
Turf era una gran banda. Como banda, a Turf la amo. Porque nunca cobró y durante doce años tiró la mejor. la mejor tiró. Y nunca habló de la realidad. Encima en 2001 sacamos "Loco un poco". Hay que poner alegría en un momento como ése. Me siento orgulloso de Turf. Después, humanamente es otra cosa. Porque una cosa es cuando hablás y otra cuando agarrás los instrumentos y tocás. Son cosas diferentes. Humanamente, después de tantos años, el desgaste en Turf era notorio.

¿Y qué es Sponsors?
Sponsors es el nombre más aberrante que se me ocurrió para una banda. Aparte me imaginaba alguna entrevista, cuando la notera dijera: "Acá estamos con los Sponsors". Así matás el sponsoreo. Nosotros somos nuestros sponsors. Yo voy a seguir tocando los temas de Turf que me gustan, pero quiero que esta banda sea una fantasía de otro mundo, como Monty Python en La vida de Brian. Una fantasía total. Si no es todo una locura, esto se terminó hace rato.

Por Juan Ortelli

Mirá el backstage de la producción fotográfica con Joaquín Levinton

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