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Palo Pandolfo

Ritual criollo

Al revisitar su obra, especialmente la abrumadora cantidad de clásicos que compuso a lo largo de su carrera, al frente de Don Cornelio en los 80 y de Los Visitantes en los 90, cuesta comprender cómo es que Palo Pandolfo no ocupa un lugar debidamente legitimado en el podio de los solistas argentinos. "Cantar es un gesto de valor, para comunicar locura y esplendor", anuncia, explícito, en "Oficio del cantor", el tema que abre Ritual criollo y que da cuenta del compromiso con el que asume su condición de músico.

A lo largo de los quince tracks se percibe una conexión directa con las músicas de raíz, en una exploración de los ritmos folclóricos con una profunda ligazón con la Pachamama. El link de muchas de estas canciones, como el reggae acústico "Canción cántaro", nos redirige nuevamente a Los Visitantes. Y ésa es siempre una buena noticia.

Palo construye aquí y ahora un mundo de canciones plácidas (podría decirse "campestres", aunque coyunturalmente "el campo" ya no es sinónimo de serenidad). De todos modos, también se conecta con los sonidos urbanos, aunque prácticamente abandone la energía rockera. En un gesto anacrónico, construye un emotivo valsecito criollo ("Uh! La soledad"); pero también explora la cumbia (ralentada) en el proto-hit "Río Reconquista" -con alguna reminiscencia de "El ángel de la bicicleta", de León Gieco-, el tango ("Turbias golondrinas") y el cuarteto cordobés ("Argentina 2002"). En un emotivo guiño litoraleño, lanza "El grito del chimango", con algo de "Merceditas", el clásico chamamé de Ramón Sixto Ríos. Con calidez y oficio, Palo se (re)confirma como un gran escritor de canciones, como un intérprete sensible y entrañable, y como un pilar fundamental de la música popular argentina.

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