
Todos sabemos que no es tan raro que alguien triunfe en el mundo de la música sin tener talento: basta con ver el post anterior o repasar la grilla del Pepsi Music para ver que hay más de uno que, desprovisto de toda cualidad artística, igual se las arregla para vivir mejor que todos nosotros juntos. Sin embargo, hace falta tener un don especial para apestar como nadie lo ha hecho desde que a un cavernícola se le ocurrió golpear dos palitos y hacerlos sonar, y sin embargo terminar siendo una banda de culto elogiada por Frank Zappa y Lester Bangs. Tal es el caso de The Shaggs, un grupo de hermanas estadounidenses que no se amedrentaron ante el pequeño detalle de no saber tocar sus instrumentos, cantar o componer cuando su padre las instó a armar una banda.
Una adivina le vaticinó a Austin Wiggin Jr que algún día sus hijas formarían un grupo de rock y serían estrellas. Siguiendo esa premisa, un día de 1967 sacó a Dorothy, Betty y Helen del colegio, les compró una guitarra a las dos primeras y una batería a la tercera, y las hizo estudiar música... por correo. Como no tenía tiempo que perder, no se molestó en esperar a que las chicas efectivamente aprendieran algo y les pagó tiempo en estudio para grabar un disco llamado Philosophy of the World, feo como una blasfemia si lo abordamos desde los parámetros habituales, pero avanzadísimo si consideramos el criterio completamente libre de las Wiggin para la armonía, la afinación, la melodía, la letra y demás. Las canciones de las Shaggs carecen de toda estructura, no por vanguardistas sino por berretas: intentando copiar a bandas pop como los Herman Hermit´s o los Monkees, terminaron convirtiéndose en madrinas de movimientos alternativos como el noise o el shoegaze.
De todos modos, cuando se editó Philosophy of the World, el bueno de Austin se quedó con 900 de las 1000 copias de clavo, y las cien restantes murieron en la discoteca de alguna radio de su New Hampshire natal. Las chicas siguieron grabando habitualmente, sin mejorar en lo más mínimo, hasta que en 1975 papá espichó y ellas dijeron basta.
El rescate de las Wiggin comenzó en 1980, impulsado por un artículo del enorme Lester Bangs llamado "Better than The Beatles", en el cual hablaba sobre la música outsider y decía: "Debe dársele el crédito a las pioneras, las Shaggs. En 1972 [sic] grabaron un disco en Nueva Inglaterra que tranquilamente se puede ubicar entre los Beatles del 65, Life with the Lions, Blonde on Blonde y Teenage Jesus and the Jerks como uno de los hitos de la historia del rock n´ roll". Alguien se avispó y lanzó el compilado Shaggs´ Own Thing en 1982. Frank Zappa dijo que el grupo era el eslabón perdido entre las Fanny (grupo de chicas de los 60) y Captain Beefheart. Y Rolling Stone comparó su música con las primeras aventuras atonales de Ornette Coleman y, en 1996, eligió su disco como uno de los 100 lanzamientos más influyentes de todos los tiempos.
El 20 y 21 de noviembre de 1999 se les hizo un homenaje por los 30 años de la salida de Philosophy of the World. Allí, dos de las hermanas Wiggin volvieron a tocar en vivo (la baterista, Helen, estaba deprimida y no fue), y nada había cambiado: seguían tan horribles como antes, sólo que más viejas. Para completar el tributo, dos años después se grabó un disco con versiones de sus temas llamado, como no, Better than the Beatles, en el que trece bandas indie norteamericanas les rendían pleitesía.
La muerte de Helen en 2006 echó por tierra toda posibilidad de reunión. De modo que, imposibilitados de verlas en vivo, y con Philosophy of the World inconseguible por estos rincones de la Tierra, no queda más que rastrear algo de ellas en Internet o ¿disfrutarlas? en YouTube. Aquí, un video hecho por un fan para su tema más emblemático: el hiperdeforme "My pal foot foot", que ya tiene casi 50 mil visitas. Lástima que el maniático de Austin no haya vivido para ver que la adivina, en el fondo, estaba en lo cierto.

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