
Decíamos en el primerísimo post de Pop Life que todos tenemos algún que otro gusto agazapado en lo más recóndito de nuestro ser al que quisiéramos sacarle la roja para no lastimar al personaje que nos supimos construir. Algunos los llaman "placeres culpables", aunque expresar culpa pública por algo que uno disfruta en privado es pura hipocresía: por eso prefiero hablar de "gustos a contramano", o sea, cosas que nos interesan pese a nosotros mismos, pasándole por encima a nuestras convicciones y sacándole la lengua a nuestro intelecto.
El problema, más que la culpa, es el pudor. Reconocer que se nos hace imposible no tararear "Dancing Queen" de ABBA al escucharla nos da vergüenza porque tememos que se nos identifique con un fan del pop livianito y, de esa forma, toda esa imagen "dura" por la que se nos conoce a los seguidores de la cultura rock se vaya al demonio. Sin embargo, es muy tranquilizante entender que no hay quien se escape de bailar un tema ochentoso horrible, seguir la carrera literaria de uno de esos escritores de best sellers con tapas de muchos colores, perder horas de su valioso tiempo pululando por los blogs de chusmerío o reírse con una sitcom de Francella. En mayor o menor medida nos pasa a todos, y el que se niegue a reconocerlo le miente a los demás o -peor aún- se miente a sí mismo.
Hay otros factores que intervienen en esto de agarrarse a piñas con uno mismo: la memoria emotiva y la fantasía. Pasa cada tanto que analizamos fríamente una canción y nos damos cuenta de que cada uno de sus componentes es preocupantemente mersa: la letra apesta, la melodía es cuadrada, el guitarrista parece parapléjico, el cantante desafina y todo confluye en el vasto mar de la grasada. Sin embargo, resulta que el tema es una power ballad de esas bien épicas que nos recuerdan a algún momento grato o nos remontan a una época que nos hubiera gustado vivir. Y ahí zas, al tacho con todo el desmenuce. Pero ojo, la escuchamos bien bajito porque no da, te juro que no da.
Todo esto, a modo de apertura de paragüas para decirle que desde hoy a la mañana no puedo parar de escuchar "If You Leave Me Now" de Chicago, con el falsete y los arreglitos de cuerdas y el chaleco verde y el lémur muerto que tiene Peter Cetera en la cabeza y todo. Sí, tengo la discografía completa de Tom Waits y cuento los días para que salga el nuevo de AC/DC, pero hoy... qué temazo este, por Dios, ¡que temazo!
Vamos, ahora gástenme a discreción, tienen permiso.

Rolling Stone Rock & Roll Daily

La verdad sobre el fin de Pop Life

Alguien debía decir "basta" (420)
Aerosmith en Argentina... otra vez (326)

