
Horacio tiene 17 años y un sueño: ser un rockstar, de esos que viajan en limusina, paran en los mejores hoteles, usan y tiran a sus groupies como si fueran pañuelos descartables y cada tanto graban algún que otro disco. Pero la cosa no le resulta sencilla. En primer lugar, tiene la mala suerte de ser extremadamente feo, pero no "feo pintoresco" como Adrián Dárgelos o la gorda de The Gossip, sino "feo feo"... "feo impresentable", podríamos decir. Segundo, carece de todo tipo de talento. Y por último, no creció en una familia con formación artística ni intereses musicales: sus padres, Hilda y Héctor, no son capaces de distinguir a Perales de Manowar, y cuando Horacio les comentó que quería un ukelele, le compraron a Joseph Ukelele, marcador de punta de origen nigeriano que Ferro dejó libre tras una paupérrima performance en el Apertura. Todavía lo tiene tirado en algún rincón de su habitación.
De todos modos, Horacio suple sus deficiencias con obstinación. Decidido a triunfar en el mundo del rock, consideró que el primer paso en su carrera al estrellato debía ser aprender a tocar un instrumento. Así, pasó por decenas de profesores de todos los renombres y aranceles, los cuales indefectiblemente chocaban contra su total falta de pericia. Desahuciado por docentes tan disímiles como Leo Masliah, Leo García y Leo Mattioli, el muchacho decide valerse de su último recurso: un enigmático aviso en Segundamano con la foto de un anciano de largos cabellos blancos que prometía enseñanzas musicales diversas en las lejanas e inexploradas tierras de Quilmes.
Tras dos largas horas sobre el 159, Horacio se apresta a tocar timbre en aquel caserón cubierto por la bruma anunciado en la revista, pero justo antes de que su dedo índice haga contacto con la perilla, el anciano de largos cabellos blancos abre la puerta súbitamente y le dice "te estaba esperando". "Mi nombre es Willie Quiroga", dice, "y tú serás mi nuevo aprendiz".
Anonadado, el joven se arrodilla a los pies de su maestro, mientras estalla en llanto y le hace reverencias. Willie, en tanto, le dice que deje de hacer pelotudeces y le pide 150 mangos por adelantado. Horacio acepta y se sienta en un cajón de soda en el patio, mientras el sensei le imparte su primera lección: "Joven Padawan, para llegar al éxito tienes dos alternativas: puedes elegir el Modelo Rocanrol que ha llevado a la cima a bandas como La 25, Hijos del Oeste y demás, o puedes elegir el Modelo Spinettiano, concebido personalmente por el Flaco. Tú dirás qué te dicta el corazón".
Si querés que Horacio elija el Modelo Rocanrol, dejalo en un comentario.
Si querés que Horacio elija el Modelo Spinettiano... lo mismo.

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