

La culpa es mía: el fin de semana me la pasé ponderando las bondades de mi proveedor de Internet, jurándole a mis amigos que no había tenido cortes en el servicio de más de media hora en los últimos seis meses, y hasta perdonándoles el haberme llamado el sábado a las 10 de la madrugada para preguntarme no sé qué cosa que no supe responderles porque -obviamente- a esa hora todavía nadaba en el océano de la lagaña. Dos días después, las cosas están así: el querido S. me dejó de garpe, lo cual me acarrea los problemas que sufre cualquier ser humano ante estas situaciones (desinformación sobre el estado de los subtes, insoportable enajenación de la actividad en Facebook, desorientación de la libido ante la no exposición al porno) sino también los que vienen aparejados con mi profesión de blogger (porque parece que la Internet es bastante necesaria a la hora de hacer un blog, dicen). Por eso aquí me ven, imposibilitado de hacer la recorrida diaria por los sitios de noticias para ver qué pasa en el mundo, pero obligado a escribir de todos modos para que no me rajen, cierren Pop Life y lo conviertan en otro de esos blogs de minitas que quieren ser Carrie Bradshaw (los links se los debo porque… no tengo Internet). De modo que, preguntándome si después de todo esto voy a tener que mandar el post a la redacción por telégrafo, en un remis, por ondas cerebrales o desde el ciber roñoso de Rodríguez Peña y Sarmiento, me dispongo a referirme más o menos a los mismos temas de siempre (la actualidad de la música, el cine, la televisión y el chusmerío en general) solo que en modo desenchufado.
¿Cuál sería la primera vía de contacto con el mundo exterior tras la caída de la Internet? La tele, claro. Son las nueve y media de la mañana, también conocida como "la hora del informercial". Y dicho y hecho: tras pulsar el botón rojo de power, me recibe un aviso de una especie de sopapa que elimina la celulitis, conducido por María Sandoval, especialista (sic). En The Film Zone, en cambio, está Emilio Estévez haciendo un drama, con cara circunspecta, pero para mí será siempre el policía trastornado de Arma Cargada, así que me río de todos modos. Un señor con una gorra de baño se hace un licuado de carne en I-Sat y pone cara de boludo. La Pantera Rosa (la muda, obvio) me demora unos diez minutos en Magazine, pero cambio inmediatamente al darme cuenta de que en cualquier momento pueden caer Lucho Avilés o el chimentero ese que se parece al cantante de Miranda! y generarme un trauma irreparable.
¿Seguía Mañanas Informales? Ah, no, es un grandes éxitos remixado con el que vienen robando desde diciembre. Intento pasarme a Mañaneras, alto bodrio de la televisión matutina, pero el 2 me hace rayas como en la época en la que transmitían desde La Plata. Los canales de aire no ofrecen demasiado, y en TN está Catalina hablando de Bolt, así que seguimos de largo.
¡Los canales de música! En CM me espera Alejandro Fernández con un video en el que sale un señor gordo bailando en calzones. En Much está Leona Lewis y me genera escozor, pero luego veo que apretando Mute todo mejora muchísimo. "So This is Love" de Van Halen me arranca una sonrisa en VH1, que se va inmediatamente al carajo ante la aparición de "Bella" de Ricky Martin en Quiero Música en Mi Idioma. De MTV no hay mucho para decir: una gordita rubia parecida a Britney Spears se besuquea con un salame rubiecito delante de su novio. Eso es rocanrol.
Más infomerciales: una coso de lata para guardar zapatos, el Twister (para adelgazar sin esfuerzo), el Air Climber (para adelgazar con esfuerzo… ¡16 kilos en dos meses!), una juguera (para adelgazar tomando pulpa de naranja). Me quedaría a ver Crudo y sin censura en Discovery ("un hombre es atrapado por las mandíbulas de un cocodrilo asesino", es lo primero que escucho… gracias Dios), pero no me da el tiempo. Bueno, un ratito nomás: a un tipo lo ataca un ganso en un bote. Doy saltitos de felicidad. OK, basta, sigamos.
Cosmo TV me habla (en español neutro) sobre las 15 celebridades más camaleónicas (Jennifer Aniston, Thalía, Lenny Kravitzzz-zz-zzz). Un pelado cocina choclo en el Gourmet, en compañía de Mónica pero no de César. Me quedo en TyC viendo qué pasa con Santoro en el Rojo (el sábado, cueste lo que cueste…) y, para los que me tildan de frívolo, estaciono un rato en el programa de filosofía del Feinmann bueno en Encuentro. Al rato me aburro y pongo He-Man.
Viendo que la caja boba no aporta gran cosa, cargo el libro que estoy leyendo ( Big Sur de Kerouac, recomendado) y algunos discos nuevos en el engendro que mi hermano llama MP6 ( Desayuno de campeones de Rubin, Mondo Cane en Amsterdam, recomendados bis) en el morral y marcho a tomar un café a La Opera. Pero antes no me aguanto: llamo al 0-800 y un muchacho que repite la palabra "perfecto" muchas veces me dice que se pinchó el modem y que me visitará un técnico en un plazo máximo de siete días, que "pueden ser menos o pueden ser más" (sic). Así que ya saben: se viene la semana unplugged en Pop Life.

Autor: Diego Mancusi

Rolling Stone Rock & Roll Daily

Test: ¿Cuán fan de Pop Life sos?

Alguien debía decir "basta" (417)
Aerosmith en Argentina... otra vez (326)


