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U2 - No Line On The Horizon

"Nací para cantarles / No tuve otra alternativa que elevarlos", declara Bono cerca del comienzo de este álbum, en una canción llamada "Magnificent". Lo hace en un raro registro bajo, un susurro cálido por sobre el resplandor de la guitarra de The Edge y el galope de hierro del bajista Adam Clayton y el baterista Larry Mullen Jr. Rápidamente Bono está en el aire con esos familiares gritos de rodeo camino al estribillo, que termina con él cantando sólo la palabra "magnífico", repitiéndola con gusto, estirando las sílabas.

Pero no lo hace auto-felicitándose, sino más como con asombro y respeto, como si ya adulto, y en el onceavo disco de estudio de su banda, todavía no pudiese creer que tiene el don - y la suerte - que tiene. Bono sabe que nació con el arma adecuada para armar un buen lío: el limpio destello y el enorme arco de su voz. "Era una mañana aburrida / cuando desperté al mundo chillando", largaba en "Out of Control", escrita por Bono en su cumpleaños numero 18 y editada en el EP debut de U2 en Irlanda.

Sigue cantando sobre cantar a lo largo de todo No Line on the Horizon, el primer disco de U2 en casi cinco años y el mejor -en su exploración de texturas y tenaz manejo melódico- desde Achtung Baby de 1991. "Gritá de alegría si tenés la chance", aulla en "Unknown Caller". Él mismo da el ejemplo en el pop simple de "I'll Go Crazy If I Don't Go Crazy Tonight" -"Escuchenme / Estaré gritando / Gritandole a la oscuridad"- y luego pide por su parte del barullo en el festejo glam de "Get on Your Boots": "¡Déjenme entrar en el sonido! ¡Encontrémonos en el sonido!". Dios, la culpa, el amor, el pecado, el terrorismo y la trascendencia: acá Bono hace malabares con todo eso, con la habitual joda a su propio endiosamiento. "Pónganse de pie frente a los rock stars", advierte en "Stand Up Comedy", "Cuídense de los pequeños hombres con grandes ideas".

Bono también sigue volviendo al crudo poder y placer de una larga nota alta y la salvación que podés sentir al ser escuchado. "Estoy corriendo por el camino como electricidad suelta", farfulla con algo de esa acidez nasal del Dylan del 66, en el repiqueteo hard-rock de "Breathe", "mientras la banda que suena en mi cabeza hace un striptease".

Es una cosa rara cantar en un disco que muchas veces se revela en gestos tibios, y a paso medido (la gran excepción, la directa frivolidad de "Get on Your Boots,", aparece justo en el medio, como si la banda hubiese pensado que necesitaba algún tipo de entretiempo estrafalario). La mayoría de los mejores -y más vendidos- discos de U2 han sido exitosas confrontaciones: la dramática entrada de Boy de 1980; el alcance peregrino-espiritual de The Joshua Tree en 1987; el remolino electro-Weimar de Achtung Baby; la vuelta a lo básico con How to Dismantle an Atomic Bomb en 2004. Producido por el ya establecido trío formado por Brian Eno, Daniel Lanois y Steve Lillywhite, No Line on the Horizon está más cerca de los riesgos transicionales -el hechizo irlandés-gótico de The Unforgettable Fire de 1984, el jet lag techno-rock de Zooropa de 1993- pero con una consistente persuasión en las líneas de guitarra, los ritmos y las melodías de voz.

En No Line on the Horizon es la combinación del zumbido de órgano de garage, la gruesa distorsión de guitarra, y la batería militar de Mullen, esta última siempre tan afilada y dura que se hace difícil cuánto de eso es de él y cuanto un loop (lo cual es un elogio). The Edge saca uno de sus escasos solos de guitarra largos en el final de "Unknown Caller", un muy directo y elegíaco cambio de tono con un gastado y marcado filo en los agudos. "White as Snow" tiene mucho de quietud alpina -guitarras, teclados, Bono y sus coros-, como "The Crystal Ship" de los Doors mezclado con una balada de los Apalaches. "Cedars of Lebanon" termina el disco de la misma manera que "The Wanderer" lo hacía en Zooropa, un logro de usos mínimos (esta vez es Bono yendo en círculos alrededor de las ruinas, en vez de Johhny Cash, que cantaba en "The Wanderer") con guitarras limpias y una electrónica que parece una canción de amor de Jimi Hendrix, si hubiera vivido durante la era digital.

"Fez-Being Born" es la canción menos lineal de este disco (lo cual no es poco), un paseo por una autopista de imágenes en flashback marcado por los aullidos sin palabras de Bono y la guitarra de Edge en espiral descendente. Las ultimas líneas de hecho dicen mucho sobre las prioridades de U2 en cuanto a componer: "Primero la cabeza, luego los pies / Y luego el corazón zarpa". La gran ironía: su cantante es uno de los frontman más inseguros de la industria. Bono sabe exactamente lo que muchos de ustedes piensan acerca de su activismo político y su vistosa diplomacia freelance. Pero la otra cara de la moneda de ese bravuconería, en "I'll Go Crazy." -"El derecho a parecer ridículo es algo que aprecio mucho"- es una duda constante en las letras de Bono, de que siempre se le va la mano ("Stand Up Comedy") y que nunca será tan bueno como sus ideales. El efecto subida-bajada de los coros de voz que rodean a Bono en la larga caminata espacial "Moment of Surrender" es una imagen perfecta de a dónde él quiere estar realmente, cuando llega al verso sobre "visión en vez de visibilidad".

Y está seguro de que nunca va a llegar por ahí por sí solo. "Somos gente nacida del sonido / Las canciones están en nuestros ojos / Voy a ponérmelas como una corona" alardea Bono, junto al febril staccato de guitarra de The Edge, cerca del final de "Breathe" -una grandilocuente descripción de cómo es estar en una gran banda de rock & roll, en particular en esta. Bono sabe que nació con una voz. También sabe que sin Mullen, Clayton y The Edge, sólo sería otro bocón más.

Por David Fricke
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