
Timbaland, el Dios de la producción hip-hop, supervisó el tercer disco solista de Chris Cornell, que plantea una pregunta: ¿pueden los ritmos de la era digital hacer una fiesta con los aullidos de un Dios del rock? La respuesta: sólo si los invitados son buenos temas. Scream se mueve entre lo lacio sin gracia y una cosa de rockero conmovedor y los aullidos de Cornell nunca suenan cómodos. Timbo mete unas gruesas capas de guitarra, sintetizadores dramáticos y una percusión que a lo sumo logran una densidad meticulosa. Salvo por la tensa "Ground Zero", Scream parece destinado a una cápsula del tiempo, una rara mutación que sólo podría haber nacido en esta década.
Por Christian Hoard

