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La banda se presentó ayer en La Trastienda

The Kooks: arrogantes fluorescentes

El grupo de Luke Pritchard dio el primero de sus dos shows porteños, que están completamente agotados. Crónica y fotos del recital.

Por Milagros Amondaray

La astucia de los ingleses de The Kooks - y especialmente de su líder, Luke Pritchard - reside en la manera en la que revierten un hecho irrebatible: sus canciones, si bien enérgicas y contundentes, no parecen encontrar la identidad necesaria en un ámbito musical superpoblado (The Wombats, The Fratellis, The Pigeon Detectives, etcétera) y magnetizado por una fuerza intempestiva (los Arctic Monkeys). ¿Qué hacer, entonces, para encontrar autonomía? Pritchard dio con el antídoto para la clonación del indie rock: la arrogancia. El frontman de los Kooks es insolente en el mejor sentido del término. En una hora y media de show apeló a movimientos espasmódicos y arengó continuamente al repasar, casi en su totalidad, Inside In / Inside Out (2006) y Konk (2008) con un eficaz grado de inconciencia.

Así, Pritchard logró que el primero de sus dos shows en La Trastienda fluya con la velocidad, la irreverencia y la diversión que "Always Where I Need To Be", "Ooh La" y "Shine On" necesitan. Pero lejos de quedarse cómodo en esa conducta displicente con la que se entregó a sus temas más intensos, también supo cuándo demostrar que sus letras más simples son las que mejor se ajustan a una voz áspera que pocas veces sonó mejor que en las konkeanas "Sway" y "See the Sun", donde Pritchard se lamenta: "I need your soul because you´re always soulful and I need that heart, because you´re always in the right places" ("Necesito tu alma porque siempre la tenés y necesito tu corazón porque estás siempre en los lugares adecuados") y "Now she is there on someone else´s arms" ("Ahora ella está allí en los brazos de otro"). Pritchard carecerá del valor agregado de Alex Turner, ese que lo lleva a escribir (en su caso, sobre Sheffield) con el mismo nivel de precisión, conocimiento y sorna que Jarvis Cocker, pero sabe que tiene en su haber un puñado de canciones que, cortitas y al pie ("She Moves in Her Own Way", "Seaside", "Sofa Song" y "Eddie's Gun", otro ejemplo sintomático de esa arrogancia), desafían a quienes infructuosamente deciden permanecer desatentos.

El líder de los Kooks, desde que pisó al escenario hasta que se bajó de él, cantó, bailó y nos miró como repitiendo en loop esa línea de "Matchbox" que tan bien define a su banda: "Los Kooks están en las calles y vamos a robarte tus cielos". Así, ¿a quién podrían resultarles indiferentes? La respuesta, tamizada por la fugacidad de una noche, parece ser una: a nadie. Esperemos, ahora, que esa arrogancia se transforme en astucia para escurrirse por debajo de la mesa y evitar ser aspirados, en esa jungla del indie noise inglés, por cuatro inquietos monitos del Artico.

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