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Una crónica de la Gran Manzana el día del deceso del artista

Nueva York, el día de la muerte de Michael Jackson

Rob Sheffield, crítico de Rolling Stone, y su visión de la ciudad el día del deceso del Rey del Pop.

La noche en que murió Michael Jackson: una esquina en Brooklyn, avenida Bedford y North 5th, 1 de la mañana, un auto con las ventanillas bajas, poniendo "Wanna Be Starting Something" a todo lo que da. Otro auto aparece en la bocacalle, la misma canción, pero adelantada un minuto más o menos. Por un momento, se enganchaban en los "mama-say mama-sah ma-ma koo-sahs." Era un momento que resumía todo lo que amábamos de Michael Jackson, con todos los autos, los bares, las ventanas abiertas, que parecían vibrar con el mismo ritmo, como si Jackson hubiese sincopado el mundo entero siguiendo sus íntimos, exhalantes e insistentes tics rítmicos.

De las muchas cosas raras que había sobre Michael Jackson, la más rara siempre será la música. Historias trágicas sobre los costos de la fama se consiguen en cualquier lado, pero nunca hubo nadie que componga o cante como este hombre. Durante unos años, entre 1969 y 1973 más o menos, fue el niño estrella cantante de los Jackson 5, y ya tenía esa voz, elevándose sobre las canciones rápidas ("I Want You Back," "The Love You Save") y penetrando en las baladas ("I´ll Be There," "Got To Be There") Si él no hubiera hecho nada más después de eso - si se hubiera conformado con la rutina de de una respetable carrera como la de Gladys Knight, por ejemplo - igual su muerte hubiera sido lamentada y hoy sería recordado, ya que estas canciones nunca dejaron de sonar en la radio. Uno podría armar una flor de playlist usando sólo a los hip-hoperos que samplearon los hits de J5, desde "OPP" de Naughty By Nature y "Jump" de Kris Kross hasta "Izzo (H.O.V.A.)" de Jay-Z y "All That I Got Is You" de Ghostface Killah.

Pero en 1979, con Off The Wall, él inventó el pop moderno tal como lo conocemos. Había estado ahí dando vueltas durante años, haciendo algún que otro disco solista, pero para literalmente millones de nosotros, fue el disco debut de facto de un chico - ¡un chico! ¡Como nosotros! - lo que estábamos escuchando por primera vez. Era un álbum disco desenfadado, con un himno llamado "Burn This Disco Out", en una época en la que "disco" era la palabra más polarizadora de la música pop. Pero era un álbum disco que imaginaba la totalidad del pop en términos disco, y sonaba universal a un nivel que nadie hubiera imaginado posible hasta entonces - hasta Bad Girls de Donna Summer, que había dominado las radios en 1979, sonaba un poco estrecha en comparación. Off The Wall tenía más hits de los que la radio tenía tiempo para pasar: Cuando "Rock With You" estrelló las radios, era hora de que "Don´t Stop Till You Get Enough" se fuera a su casa, pero la radio siguió pasándola - porque ninguno de nosotros había tenido suficiente. Su voz tenía ese giro triste, solitario, vulnerable, así como sus canciones parecían atormentadas por algo hermoso de otro mundo. Era tan personal y excéntrico como cualquier cantante y compositor chiflado podía serlo - y sin embargo era también el tipo más famoso del mundo.

La única razón por la que Off The Wall no es recordado como el mejor disco pop que jamás se haya grabado es porque Thriller era aún más grande y mejor. A la gente le encanta discutir sobre Off The Wall vs. Thriller, pero esa pelea nunca va a tener un perdedor. Todo el que haya escuchado Thriller quería agarrarse un pedazo de él, y todos los músicos pop que estaban dando vueltas se pasaron los años siguientes tratando de alcanzarlo - incluso Michael, que no llegó ni cerca con Bad. El plan evidente era que "Beat It" se meta en las radios rockeras, pero eso falló, sólo porque las radios rockeras ya habían dejado entrar y hecho sonar hasta el infinito a "Billie Jean". Y a "Human Nature". Y a "P.Y.T.", y a "Somebody´s Watching Me", y a "State of Shock", y a "Farewell My Summer Love". Uno podría armar otra gran playlist con todos los brillantes robos a "Billie Jean" que hubo a mediados de los ochenta: "Girls Just Want To Have Fun," de Cyndi Lauper, "Like A Virgin," de Madonna, "Missing You," de John Waite, "All Night Long.", de Lionel Richie.

Incluso entonces, cualquiera podía percibir cuán raro y herido sonaba, y sin embargo había algo heroico en la manera en que él transformaba sus agonías psicosexuales en una música tan intensamente emocional e imposiblemente exuberante. No importaba si eras un chico metalero, un chico disco, o un chico synth-pop new wave, tenías ganas de Thriller. Según reportes de la época, vendió incluso más copias en los primeros seis meses de 1984 que en los primeros meses de 1983. Era la estrella más famosa y mimada del mundo, y sin embargo igual hinchabas por él, porque venía como un menospreciado, un niño muy normal oprimido por unos dones extraordinarios, que renunciaba a los privilegios del machismo, un chico tímido que soñaba con la calle. Cómo el mismo lo expresaba memorablemente en el video de Thriller, "No soy como los demás"

Eso era una manera leve de decirlo, y lo podías sentir en los irreproducibles gritos, hipos, y deslices de su voz, y lo podías ver en los irreproducibles pasos de danza (como si todos no hubiésemos tratado de reproducirlos) Ese video de "Beat It" - él es un chico solo en su habitación con esa remera espacial azul pastel, luego se pone una chaqueta roja brillante (¿tenía una ahí dando vueltas?) y sale bailando de su departamento raído y solitario (una visión tan inolvidablemente dolorosa como la del piso de soltero de Ducky en La chica de rosa) para ir a parar la pelea. Me acuerdo de la noche en que MTV dio el estreno mundial del video, en marzo de 1983. Estaba programado para las 22 en punto un viernes a la noche. Fui a un baile de la secundaria, volví en auto a casa para ver el estreno de "Beat It", y después volví al baile para poder contarle a todos lo genial que era y hacer mis primeros intentos de copiar ese baile del final. Él era tan frágil y atormentado en esa canción, en ese video, en toda su música. Como si fuese a salir flotando.

Al final no salió flotando - a medida que creció, su música se volvió pesada y común, y su voz perdió ese cotoneo y ese repique, aunque hizo lo mejor que pudo para adaptarse con el tono R&B adulto-y-sexy del delirantemente subvalorado Dangerous. Pero para la época en la que empezó a llamarse a sí mismo el Rey del Pop en 1991, se trataba de un reino que ya no existía, y él parecía ser el único que no se había dado cuenta. Sin embargo, y más allá de cuán deprimente se había vuelto todo el espectáculo de su fama, aquellos discos viejos suyos siguen llenos de vida, y es a Michael Jackson el músico a quien hoy estoy recordando y llorando.

No podía quedarme en casa y escuchar sus discos - tenía que estar con gente, caminar por las calles de la ciudad, escuchar las canciones sonando a todo lo que da. Me sentí como el chico sobre el cual Michael cantaba en "Human Nature" ("¿Cuatro paredes no van a poder contenerme esta noche?") Había un viejo en musculosa sentado solo bajo un árbol en el parque McCarren, hablando fuerte consigo mismo: "Fueron las drogas, Michael. Fueron las drogas" Escuché las mismas canciones sonando en todos los lugares por los que pasé, como supe que iba a suceder, y terminé en una mesa llena de amigos en un bar en Grand Street. La gente pedía Michael, así que el mesero requisó el iPod de un chico indie tristón de remera verde que estaba bebiendo solo en la barra. La primera fue "Don´t Stop Till You Get Enough"(era quizás la quinta vez en la noche que la escuchaba), después "Wanna Be Starting Something", después "Billie Jean." Pero me largué antes que llegue "Human Nature". El dolor solitario de esa canción era más de lo que podía soportar en ese momento, y además estaba soñando con la calle.

Por Rob Sheffield

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