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22.01.2010 | 02:08

Metallica en River: y se hizo justicia para todos

Ante 60 mil personas, la banda regresó a la Argentina y tocó el primero de sus tres conciertos prometidos. Crónica y fotos.

Fotos de José Luis García

Y finalmente llegó el día. Metallica regresó a River y superó las expectativas de ese público ansioso que quiso volver a verlos después de la decepcionante cancelación de su show en 2003. Sold out, más de 60 mil personas vivieron esta parada del tramo latinoamericano del World Magnetic Tour que, en realidad, significó mucho más que la mera presentación de su último disco, Death Magnetic. Casi treinta años después de su fundación, los cuatro jinetes del thrash metal hicieron honor a su nombre y saciaron la sed heavy de los headbangers argentos. Aquí, un recorrido de diez paradas a través del show.

1- La explosión inicial: River era todo ansiedad. Después de más de diez años de espera y un amague en el medio, la nueva salida de Metallica al escenario del estadio de Nuñez estuvo cargada de muchos significados pero atravesada por la sensación de revancha. El imbatible comienzo con la dupla de Ride the Lightning "Creeping Death" más "For Whom the Bell Tolls", voló más de 60 mil pelucas.

2- La cara de la bestia: James Hetfield es una suerte de monstruo que se come absolutamente todo lo que encuentra en su camino, sin piedad. El tipo, ya lo sabíamos, es un guerrero vikingo: gigantesco, imponente y un verdadero guitar hero. Un gran frontman que sabe moverse, conquistar (véase punto 8) y, sobre todo, adecuar sus cuerdas vocales que siguen en forma a pesar de sus tres décadas de uso.

3- Master of Puppets: que Lars Ulrich es a un tiempo titiritero y columna vertebral queda muy claro en las presentaciones en vivo. Desde su Tama, el danés dirigió esas cabalgatas eternas, uptempo, base necesaria para lograr esa interpenetración de los cuatro instrumentos en un sonido superior (el final de "That Was Just Your Life" tradujo esta idea a un acto, cuando todos terminaron tocando alrededor del batero). Por otro lado, sus aires de frontman-que-no-fue se notan pero son bien canalizados: en "Harvester of Sorrow", por ejemplo, terminó haciendo su habitual arengue, parado sobre la banqueta.

4- La bestia de cuatro cabezas (o de una más tres, que siempre dan cuatro: leáse apartado). La condensación de cuatro virtuosos del metal da como resultado ese sonido único, compacto, imbatible, denso. Robert Trujillo es un ser misterioso y pelilargo que deambula poseído por el escenario mientras hace milagros con su bajo de cinco cuerdas y agrega gravedad a las letras con sus coros deathmetaleros. Kirk Hammett, por su lado, es el verdadero guitar hero del combo: con sus solos la rompió en "Master of Puppets" y con esa intro de "Nothing Else Matters" y fue el único miembro de la banda presentado por Hetfield y aplaudido por todos.

5- El final de la línea: la presentación de Death Magnetic no se tradujo mucho en la lista de temas que recorrió toda la discografía saltando, como ya lo venían haciendo, el período Load-Reload-St.Anger. "That Was Just Your Life", "The End of The Line", "Cyanide" y "All Nightmare Long" fueron los únicos del último trabajo. Pero, claro, se complementaron con clásicos como "Master of Puppets", "Sad But True" y "

6- "One": el pilar de …And Justice For All representó el momento más esperado de la noche. Todo River coreó "Hold my breath as I wish for death" después de que varias explosiones y fuegos artificiales anunciaran la llegada de uno de los himnos metaleros y anti guerra por excelencia.

7- "Enter Sandman": antes de los bises, el gran hit crossover, el que conocen hasta los no seguidores del grupo. Impresionaba ver a todo el campo de juego saltar como si la masa fuera sólo una persona que ocupaba el Monumental de arco a arco. Inolvidables la intro guitarrera de Hetfield mostrando su púa a la cámara para así aparecer en la pantalla, haciendo cuernitos con su mano izquierda, y las tremendas explosiones pirotécnicas.

8- James, el sensible. Cada vez que se dirigió al público, Hetfield demostró su humanidad en cada palabra. "Nuestra misión es hacerlos sentir mejor" o "Queremos curar su corazón"-haciendo referencia al concierto fallido de 2003- o "Estamos muy contentos de estar en Buenos Aires esta noche; estamos haciendo historia", fueron algunas de sus intervenciones. Aunque, claro, su verdadera naturaleza triunfó por momentos: "¿Quieren infierno?", preguntó, "¡Metallica les da infierno!".

9- Directo al crematorium. Aunque la puesta no se correspondió con los visto en otros puntos del World Magnetic Tour (no hubo ataúdes, por ejemplo), los efectos completaron la rudimentaria puesta en escena. A los juegos de luces se les sumaron los fuegos artificiales, las explosiones y las llamaradas que adornaron varios tramos del setlist. Nos conformamos con poco.

10- El futuro. "Últimamente estamos algo nostálgicos", confesó Hetfield en la conferencia de prensa, haciendo referencia a cómo el hecho de haber entrado en el Rock and Roll Hall of Fame durante el año pasado, los hizo pensar en el paso del tiempo y en la situación actual de lo que fue la escena metalera de los ochenta. Por eso, justificó la gira europea que llevarán a cabo en junio de este año junto a Megadeth (sí, y bromeó haciéndose el desentendido cuando le preguntaron por Dave Mustaine), Slayer y Anthrax. Y, yendo al futuro más cercano, Hammett comentó cómo les atraía la idea de tocar en lugares chicos, cerrados. Veremos cómo será la experiencia en el Orfeo de Córdoba. Diferente, sin dudas, pero igual de demoledora.

Por Yamila Trautman

Mirá la lista de temas completa acá.

La importancia de llamarse James Hetfield (y tocar en una banda llamada Metallica)

Ante 60 mil personas, la banda regresó a la Argentina y tocó el primero de sus tres conciertos prometidos. Crónica y fotos.

El tipo es el prototipo del yankee: blanquito, medio conservador en su posición política, miembro de la Asociación del Rifle y cazador, ex pelilargo y ahora un casi cincuentón prolijo y millonario, en el pasado mucho más afecto al alcohol que a las drogas (y en la actualidad limpio de todo vicio), padre de familia, amante del hard rock y del rock sureño, y él mismo líder de una banda metalera. Cuando sale a escena, es imposible no caer hipnotizado en su embrujo, de la mano de su guitarra, que emite sonidos marciales similares a los de una jauría de serruchos (un equivalente en este aspecto puede ser Lemmy Kilminster con su sempiterno bajo Rickenbaker al comando de Motörhead), y su voz visceral, profunda, de varón con mil y una experiencias. Y eso que a su lado tiene a un baterista petiso y cirquero, que busca robarle el protagonismo todo el tiempo de la mano de su artillería heredera de aquellas grandes gestas de los 70 y los tempranos 80; otro guitarrista, muy efectivo en su papel de lead pero a veces afecto a tocar de más (y así, que su talento pase a ser en esos casos más gimnástico que sonoro) y el nuevo, un bajista de aspecto simiesco, hardcore, skater y surfero, que logró lo que hasta hace unos años parecía imposible: revitalizar al combo (Do you remember St. Anger?). Está claro, el personaje central es James Hetfield, y los secundarios Lars Ulrich, Kirk Hammett y Robert Trujillo. Y así como el cabecilla es Mr. James, es imposible imaginárselo como solista, o tocando con otros tipos que no sean sus compañeros, y viceversa. Ese himno antibélico llamado "One" así lo demuestra, y es el más puro ejemplo de lo que es Metallica: un grupo con las cinco letras de su denominación mejor puestas que ningún otro de su especie, y de otras de esa gran entelequia llamada rock and roll.

Por Pablo Strozza

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