

"Podés tomar todas las novelas del mundo y ninguna te va a hacer sentir tan bien, tan rápidamente como ´I´ve got sunshine on a cloudy day. When it´s cold outside, I´ve got the month of May´. Esa es la verdadera poesía. Esos son los poetas auténticos: Smokey Robinson, Stevie Wonder, Bob Dylan, los Beatles" (Hugh Grant a Drew Barrymore en Letra y música, una de esas películas ñoñas y medio maricotas que tanto me gustan).
Ya sé que aquí la encargada de enlistar pistas calientes y hablar con sabiduría y seriedad sobre ellas es la Trautman y que mi papel es el del bufón psicoactivo que no quiere a nadie pero, demonios, ya lo he hecho y lo volveré a hacer, así que si no hay oposición (y aunque la haya) hoy hablaremos de música en su expresión más básica: una canción, así, solita y sola, y todo lo que ella encierra.
No es que me suba a un unicornio alado con una lanza que dispara muchos rayolásers emprendiendo una cruzada por la canción, pero sí está la idea de derruir otra idea: la de que lo bueno es lo vanguardista, porque el pop es un género menor o está agotado. Nadie la plantea tan explícitamente, pero la sensación flota: en el rock no pasa nada porque no hay otro Radiohead u otro Mars Volta, mientras miles de cantautores con sus acústicas, o bandas con eléctricas y batería, se desgañitan en sótanos (llenos de matafuegos) floreando sus infravalorados milagros melódicos. Lo que sucede es que la canción pop es engañosa: parece mucho más fácil escribir dos estrofas y un estribillo redondo que mandarse una sinfonía de media hora que mezcla chillidos de delfines, chelos sampleados y pasados a través de vocoders enchufados a chelos, cantos guturales de la última tribu de Tombuctú en descubrir la Prestobarba y demás. Y nadie le resta mérito a la experimentación, que sin duda es un logro, pero... ¿seguro de que es tan sencillo componer tres minutos de pop perfecto?
Todo viene a cuento de muchas cosas, pero puntualmente de "I Love You, You Imbecile", tema del disco In a Nutshell del sueco Pelle Carlberg. Como si hiciera fuerza para prestarse de ejemplo, el track en cuestión dura tres minutitos y un par de segundos, nada más. La formación es clásica, sin cosas raras: una guitarra acústica, una eléctrica, un bajo, una batería, una voz masculina y una femenina. Los acordes son cuatro, y de los más usados en la historia de la música: Sol, Do, Re y Mi Menor. Y dentro de este marco tan elemental, el mundo de sensaciones del que tanto nos hablaba el difunto Roberto Sánchez.
Empecemos con lo superficial. Lo primero que vas a sentir al darle play es un subidón de ánimo acompañado de ganas irrefrenables de mover la patita al compás y/o hacer air drums. Acto seguido te vas a encontrar cantando el estribillo aunque no lo conozcas, porque ese "all I want, all I need" te prepara y el "...is you" te acomoda con la contundencia de una trompada y la ternura de un buen beso en el moflete.
Y esta evocación a afectos anhelados abre la puerta para lo filosófico, porque... ¿no es algo que cualquiera querría escuchar alguna vez? Que todo lo que esa persona (esa que vos sabés) quiere y necesita es a vos. Es universal e infalible, y sin embargo funciona porque no es un cliché meloso sino una frase deliciosamente humana. Y si de humanidades hablamos podemos ir aún más adentro y deleitarnos con la simpática manera que tiene esta canción de tratar un tema tan profundo como esos rasgos de tu medio cítrico que no te cierran al cien por ciento, esos que le agregan una sublime (y necesaria) cuota de imperfección a las relaciones. Porque inspirarse en sus ojos verdes, sus cabellos rubios al viento o -incluso- sus tetotas no parece gran desafío (hasta Arjona mete de esas, vamos), pero es esa capacidad para hablar con humor de algo tan cotidiano y a la vez tan enorme (y tan reconocible) como los mil llamados que te hace al celular por día para saber dónde estás, el mal humor de la mañana, la vanidad y "todas las cosas estúpidas que hacés" lo que le da un plus. Y, de nuevo, ¿quién no quiere que le digan que lo aman también por sus idioteces (¡y encima sin usar frases hechas, con mensaje personalizado!)? Universalidad y gracia, capítulo dos.
Resumiendo: identificación, alegría súbita, un análisis certero del amor y las relaciones humanas, estribillo pegadizo y algunas cosas más, embutido en tres minutos y expresado con algunos de los recursos más elementales del arte. Por eso Pelle Carlberg y su "I Love You, You Imbecile" vuelve, vuelve y sigue volviendo: porque es una obra maestra sin estridencias que nos habla a todos, esquivando lo trillado y haciendo un culto de la simpleza. ¿Por qué razón esto no habría de ser genial?
Como sea: es una canción, y necesita que la escuches.

Autor: Diego Mancusi

Rolling Stone Rock & Roll Daily

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