

"¡El Diablo está entre nosotros!", vociferó hace tiempo una autoridad eclesiástica en pleno sermón a sus feligreses. Y tal como sucedió en aquel episodio, hoy no debemos buscar a Belcebú con barbas y cuernos: su aspecto es mucho más atractivo a la vista que el que dicta la imaginería cristiana, y sus métodos son sutiles pero igualmente abrasivos, como la parte amarilla de la esponjita Mortimer.
Muchas veces caemos en el error de tildar de "inofensivos" a ciertos artistas de índole popular y juvenil por el sólo hecho de ser un hatajo de boluditos pusilánimes. No obstante, estamos descuidando el hecho de que bajo su aparente inocuidad subyazca una peligrosidad latente, espuria y zarpada en gata (?). Tal es el caso de los Jonas Brothers, un trío de hermanitos que, con la calidad de sus canciones, hacen que los Backstreet Boys parezcan Bach, Beethoven, Mozart, Chopin y Ricky Martin. No obstante, este grupete cándido a simple vista es, en realidad, una bomba de tiempo. Evitando caer en exageraciones y tremendismos, podemos decir que los Jonas son la peor amenaza a la que se enfrenta a la humanidad en este momento, esa misma amenaza que tranquilamente puede llevarnos en cuestión de pocos años a una gran tumba colectiva. Sin saber exactamente a que nos enfrentamos... ¿es momento de entrar en pánico y estrellarnos las cabezas unos a otros? Yo diría que sí.
Son innumerables los peligros a los que nos enfrentamos ante la proliferación de esta banda claramente identificada con las huestes de Satán. Pensemos primero en lo más obvio: lo artístico. Al bajar tanto los estándares para las nuevas generaciones, de ahora en más todo grupo que use más de cuatro acordes será considerada "de culto", con lo cual quedará confinado a sótanos clandestinos con matafuegos descargados en los que tarde o temprano se producirán centenares de muertes, ya sea por embole profundo o por el certero aterrizaje de pirotecnia en mediasombras estratégicamente ubicadas para hacer volar todo al carajo. De los Jonas a la gente muriendo horriblemente, un solo paso.
Pero no queda allí la cosa: pensemos en cómo las hordas de adolescentes gastan su dinero. Todo ese efectivo que hoy utilizan para comprar llaveritos con la cara de Nick, pomadas antohemorroidales con el rostro de Joe o botellas de salsa barbacoa con el muslo derecho de Kevin impreso en la etiqueta, antes se empleaba -por ejemplo- en comer chatarra en McDonald´s. ¿Qué sucederá, entonces? Los empleados de la M perderán su puesto, el desempleo se multiplicará y todos moriremos horriblemente. Pero además bajará el consumo de carne de lombriz y queso de leche de rata, gracias a lo cual el sector ganadero perderá productividad y las tierras se utilizarán para sembrar soja que será vendida a los grandes holdings multinacionales por chaucha y palito, mientras el suelo se erosiona y todos morimos horriblemente. Y todos sabemos qué sucede en un país sin empleo, sin comercio y sin campo: guerras civiles, saqueos, cumbia y más muertes horribles.
Detengámonos un segundo en los aspectos estéticos, que quizás aparezcan como secundarios pero no lo son. Con sus caritas angelicales y sus permanentes manierismos de yerno que recién cae en la casa de sus suegros, los hermanitos establecen parámetros irreales de belleza y perfección que no podrán ser alcanzados por la mayor parte de la juventud mundial, generando agujeros gigantescos en la autoestima de toda una generación. Estos llevarán a muchos al nihilismo y a otros al materialismo salvaje, dejando desierto el campo de las ideas y la participación política. Los pocos que se ocupen de esos menesteres no lo harán por su interés en el prójimo sino para canalizar sus frustraciones y darle una salida socialmente aceptada a la misantropía que estos tres pelotudos les generaron de pequeños, con lo cual estaremos ante un floreciente número de dictadores sangrientos y políticos corruptos que nos llevarán a todos a una muerte horrible.
¿Más? Por imitarlos, los niños se quedarán en sus casas practicando karaoke y pasos de baile y los potreros se vaciarán, con lo cual cada vez habrá menos futbolistas y Racing se irá indefectiblemente a la B. Claro que cuando noten que en el mundo de la música las chances son ínfimas por lo que decíamos tres párrafos más arriba, estos artistas malogrados se dedicarán a las drogas, el alcohol, la venta ambulante y demás flagelos continuamente denunciados por America Noticias. Y por ende habrá más muertes horribles.
Y ni que hablar del tema de la virginidad, su caballito de batalla: quienes crezcan y no puedan conseguir una novia o un novio estable seguirán célibes hasta los 40 años o más, y toda esa energía sexual no canalizada provocará que una generación entera oscile entre la violencia contenida y la búsqueda de maneras alternativas de derramar su libido, derivando en perversiones inenarrables que convertirán cualquier ciudad en una Sodoma o una Gomorra cualquiera. Pero además se da una paradoja: con su belleza y su sex appeal el trío no deja de incitar a las adolescentes a la lujuria, con lo cual los pibes la van a querer poner tupido y nos llevarán a una ola de sexo adolescente que redundará en la sobrepoblación del mundo y la dispersión de enfermedades muy poco cool. Los países musulmanes culparán a Occidente de la corrupción de sus niñas, otrora castas y puras, y se desatará una espantosa Jihad que mermará la civilización con su reguero de muertes horribles.
Las pruebas son claras y contundentes. Y agregamos un dato fundamental: este flagelo para la humanidad traducido en trío de hermanitos santurrones volverá a Buenos Aires en algún momento de este año. Oportunidad que los argentinos podemos aprovechar para salvar a la raza con una simple ejecución pública. No perdamos el tren de la historia, compatriotas: los Jonas Brothers están llevando al mundo a su destrucción, y está en nosotros erradicar esta amenaza y vivir por siempre jamás escuchando a Pappo y comiendo papitas tranquilos. Hagámoslo, o resignémonos a ver bocha de muertes horribles.

Autor: Diego Mancusi

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