
Por los pasillos la bola se corría a velocidad de la luz. La banda sorpresa encargada de cerrar el festival era nada menos que Divididos. Minutos antes de que empezara el show, un malón de personas que se querían sumar a las 130 mil personas que pasaron por el Ciudad Emergente abarrotó las puertas del Centro Cultural Recoleta buscando que la aplanadora les pase por arriba para terminar el fin de semana de trajín cultural que se vivió en la ciudad gracias a las 5 fechas y más de 30 bandas que se presentaron.
El triángulo de poder que conforman Mollo, Arnedo y Ciavarella una vez más demostró que cuando se calzan los instrumentos no es joda. "Es que a nosotros nos gusta tocar en vivo" explicaba Mollo haciendo referencia a que la semana pasada habían presentado su demorado nuevo disco, Amapola del 66, en el Luna Park (próxima fecha el 3 de julio). Con la puntualidad rigurosa de todos los shows, se subieron para desenfundar una caravana de canciones de su nuevo disco y temas que ya forman parte del cancionero popular. "Salir a asustar", "Hombre en U", "El perro funk", "Mantecoso", "El 38" y "Aladelta" mantuvieron la tensión al límite, mientras que una hermosa versión de "Par mil" dio descanso al pogo. Y, en caso de que sus propios temas no bastaran para agitar el suelo hicieron "Sucio y desprolijo" (Pappo’s Blues) y "Nextweek" (Sumo) mirando al cielo, dedicándoselo a sus amigos que de arriba los miraban.
Antes de que baje el sol, el día comenzó bien temprano con Monstruito, Los Reyes del Falsete que siguen presentando su disco Festival de la Forma -un must dentro de cualquier discoteca indie local- y Festival de los viajes para dejar a El Chavez, la banda de Matías Mendez (uno de los productores más prolíficos de acá), que destape su power cumbia dub ("Monterrey", "San Genaro", "Desterrado") encerrada en su disco de reciente edición Morón City Groove. Ya caída la noche, y sin el frío de las primeras dos jornadas, Lucas Marti y su particular histrionismo puso la sala Villa Villa en pose pop para que Viajante le siguiera el ritmo sumándole un poco de folk y los Iluminate cerraran el espacio con rap. Del otro lado, y al aire libre, la programación estuvo atinada para que los presentes vayan entrando en calor para el sprint rockero final, con Ojas que agitaron con un show potente y prolijo y los brasileros Superguidis que fueron una de las sorpresas del ciclo y se llevaron el pulgar arriba gracias a su indie rock grungero y su agradecimiento sentido en un español precario.
Así concluyó la tercera edición del Ciudad Emergente, dejando varias perlas en el collar y constatando con récord de convocatoria en el impecable show de dub de los locales Nairobi junto a Mad Professor el buen momento local de los ritmos afines a Jamaica. Pero también dio lugar a la reflexión. Ya lo decía Rubín en el show de los Campos Magnéticos: "no nos olvidemos de dónde salen todas estas bandas". Y sí, es gratificante ver un festival gubernamental con tanto contenido artístico local y plagado de bandas nuevas en un marco de prolijidad y excelencia técnica. Pero es más importante fomentar la existencia y creación de las mismas, buscar el camino para que haya más lugares donde tocar, y apoyar durante todo el año (no sólo 5 días) a la cultura que brota desde abajo.
Por Gonzalo Chaves
Ciudad Emergente Día 1: calentando motores
Ciudad Emergente Día 2: encuentros cercanos
Ciudad Emergente Día 3: reclamo justo
Ciudad Emergente Día 4: pura variedad

