
James Murphy, el autor disco-punk que graba con el nombre LCD Soundsystem, se volvió una estrella cuando hizo algo que parecía imposible: convertir su crisis de mediana edad en algo bailable. Al principio de This Is Happening, el tercer disco de LCD, Murphy se lamenta diciendo que "cada noche una historia distinta / Con vos es como una montaña de treinta autos / todos están cada vez más jóvenes / Es el fin de una era, de verdad". Esa canción, "Dance Yrself Clean", es un Murphy resumido: funk para neuróticos, una letanía para angustiados con mucho ritmo. Murphy se reveló a fines de la última década como el productor de joyas underground como "House of Jealous Lovers", el hit de The Rapture que sacudió las pistas y convirtió al disco punk en el nuevo sonido de la bohemia urbana.
Como frontman, Murphy logró transformar sus desventajas en inspiración: escribir sobre la edad, la ansiedad y la dejadez treintañera en medio de la nube narcótica en un loft de Brooklyn a las 4 de la mañana. Su excelente single debut, "Losing My Edge" (2002) lo tuvo despotricando de forma desopilante acerca de ser superado por una nueva generación de chicos cool. El disco revelación de Murphy, Sound of Silver (2007), expresó las quejas sobre envejecer, el aburguesamiento y la soledad al ritmo de una música que fue de lo más pegadizo y electrizante de los 2000.
En This Is Happening, Murphy, que ya tiene más de 40, sigue siendo un hipster, que suele expresar sus emociones con ocurrencias, apartes y alusiones. Murphy definió su single "Drunk Girls" como "tonto" y lo toca como una parodia de rock de fraternidad, aullando aforismos en joda como "las chicas borrachas saben que el amor es un astronauta / vuelve, pero nunca es igual", en medio de un masivo estribillo copeteado con percusión ruidosa.
Pero Happening también incluye algunas de las canciones más serias y enamoradas que Murphy haya hecho jamás. En "I Can Change", declara: "Puedo cambiar, si eso ayuda a que te enamores". La pieza central del disco, "All I Want", es una autopsia romántica con ecos de "Heroes" de Bowie y una letra de verdad angustiada.
Murphy mezcla lo orgánico con lo sintético, el rock y lo electro, las guitarras fuertes y los ritmos más fuertes todavía. Las canciones se desenvuelven gradualmente, sumando capas y matices; en promedio, los nueve tracks del disco duran más de siete minutos cada uno. Las canciones largas revelan el objetivo final de Murphy: en el fondo de su corazón sigue siendo un tipo dance y sabe que su trabajo es hacer arrancar las fiestas y los boliches. Sin embargo, se acerca a la música dance desde un lugar más de cantautor folk que de DJ. En el mundo de Murphy, bailar no tiene que ver con la trascendencia, o con dejarse llevar: las crisis, las de mediana edad y las otras, te siguen hasta la pista. Así que mejor subir el volumen, y llevar tu cuerpo hacia lo tristemente desconocido, a unos 120 latidos por minuto.
Por Jody Rosen

