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El cantante se presentó en el Samsung Studio

Otra noche con Mark Lanegan

El cantante se presentó en el Samsung Studio; crónica y fotos.

Por Yamila Trautman

Tratar de buscar, intentando no caer en términos despectivos, la palabra que define la suma en proporciones iguales de oscuridad, profunda densidad, oniria y melancolía. Tratar pero fracasar en el repaso diccionario mental. Aquella definición, acaso inexistente, correspondería al efecto que produce verlo en vivo, al efecto -envolvente, sombrío- que produce la gravedad de su voz, al efecto producido por una (nueva) noche junto a Mark Lanegan. La imagen asociada sería la de un viaje impensado a través de mundos subterráneos, no infernales, sólo subterráneos o introspectivos, cargados de una atmósfera contradictoriamente espesa y volátil. Porque esa voz no es cualquier voz. Quizás sea la voz más cercana a la de Tom Waits que haya penetrado nuestros tímpanos en los últimos tiempos: un barítono singular, rasposo, tan capaz de sosegarnos con su susurro como de alterarnos con sus roncos alaridos. Una voz con doble filo. Y también, quizás, Mark Lanegan sea lo más parecido al Tom Waits joven que hayamos visto en los últimos tiempos: la semblanza física es insoslayable, y ese aire de imponencia que transmite su presencia, un indiscutible homenaje al viejo. Las marcas más personales tal vez: su actitud taciturna, su seriedad (o timidez) y su posición erguida inalterable frente al micrófono.

Con entradas agotadas y más de una hora después de la señalada para la cita, el Samsung Studio fue esta vez la sede del encuentro. Hace menos de un año, junto con Greg Dulli, su dúo The Gutter Twins se había presentado en la Trastienda, también en plan acústico absoluto. Su regreso, además de provocar ese transe mediante su setlist (poco sorpresivo para los fanáticos que se armaron del disco

Live At Leeds Brudenell Social Club, filtrado hace poco en la red y a la venta en el lugar), puso nuevamente en evidencia el desequilibrio existente entre la obra y la repercusión; la extensa, diversa, prolífica, obra (desde sus comienzos con Screaming Trees hasta el dúo con Isobel Campell y su vasto currículum de colaboraciones, en el que Queens of The Stone Age es sólo uno de los nombres) en contraste con su escasa divulgación. Quizás el tiempo se encargue de corregir las injusticias. O quizás no.

Las lágrimas, la sed, la confusión, corazones rotos, calles desoladas, ríos internos que trazan surcos insondables, la soledad, la redención. Los elementos que componen esos mundos Lanegan, fueron caracterizando el viaje a medida que avanzó la noche y el set fue tomando forma. Acompañado, como con los Gutter Twins, por el guitarrista Dave Rosser, se encargó de abarcar ampliamente su carrera y su capacidad vocal. Y el recorrido fue introspectivo pero también retrospectivo, con altibajos emocionales. Hubo muchas de sus canciones solistas y mucho folk-blusero; el repertorio comenzó con la densa "When Your Number Isn´t Up" (y: "What ya got comin´ is hard to swallow") de su aclamado último disco, Bubblegum, del que también tocó las festejadas "One Hundred Days" (y: "There is no morphine, I´m only sleeping. There is no crime to dreams like this") y "Like Little Willie John" y una versión de "Bombed", sin la contaparte femenina (su ex, Wendy Rae Flower) pero con la colaboración vocal de Rosser.

Y aunque no faltaron la nostalgia ("Resurrection Song"), la crudeza ("One Way Street" y: "I drink so much sour whiskey I can hardly see"), ni las declaraciones de amor desinteresado ("Don´t Forget Me" y: "I know that you got somebody new, much better than me"), hubo más. El cover de Tim Hardin, "Siloh Town", que se tradujo en el momento más country, más Cash de la noche; el de Pink Floyd, "Julia´s Dream" y la certeza de que sus canciones de cuna, efectivamente, paralizan; el que grabó junto a Soulsavers, "Can´t Catch The Train" para su álbum Broken y el de Dave Berry, "This Strange Effect", tema escrito por Ray Davies.

Y, después, los momentos más festejados por quienes asistieron en plan Grunge Revival: el homenaje a los difuntos Screaming Trees con "Where The Twain Shall Meet" y "Traveler". Un coqueteo con el pasado noventoso y el gran cierre con "Hangin´ Tree", tema que grabó para el disco Songs for the Deaf de Queens of The Stone Age: mientras Rosser alcanzaba el máximo de velocidad con sus cuerdas, Lanegan conjugaba toda la oscuridad y una profundidad de ultratumba en aquellos alaridos roncos, en esos susurros graves. Un breve saludo y el déjà vu de la partida. Y la sensación no de quedarse sin palabras sino de que quizás, para definir el efecto de esa voz que parece provenir de algún sitio desconocido, sin tiempo, debería inventarse una nueva.

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