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06.07.2010 | 12:09

Todo Roskilde 2010

Prince, Muse, Gorillaz y Them Crooked Vultures fueron algunos de los nombres que tocaron en el festival danés, que tuvo entradas agotadas y más de 100 bandas durante cuatro días.

Patti Smith. Foto de Juan Hein.

Este año fue la 40° edición del festival más grande de la Europa nórdica. Pero también se cumplen 10 años de la tragedia ocurrida durante el show de Pearl Jam. Ahí murieron 9 personas asfixiadas por la multitud que los presionaba contra las vallas de contención. Después de ese hecho la seguridad es una de las cosas que más se destaca en este evento que tiene 5 escenarios, más de 100 bandas y cerca de 80 mil personas acampando. En el stage principal, Orange, que estuvo iluminado por un sol y calor poco habituales durante los cuatro días, lo que más llama la atención es un corralito con capacidad para 12 mil personas. Todo vallado estratégicamente, con personal que cuida rigurosamente la entrada, la salida y de repartir agua a todos los presentes. Ahí mismo, para empezar el festival, Patti Smith junto a Lenny Kaye fueron los encargados de conmemorar la tragedia lanzando al público 9 rosas nombrando a las víctimas y cantando dos canciones. Ahora sí, después del trago amargo de los labios de Patti salía la largada oficial: "¡Roskilde ha empezado!".

DIA 1: El show principal del día se lo llevó nada menos Gorillaz que asaltaron el Orange. Murdoc y su pandilla dejaron a sus alter egos de lado y salieron con trajes de Damon Albarn que sumó a Paul Simonon y Mick Jones (de The Clash) como backing band. Plastic Beach fue su pie de apoyo en el tracklist y contó con Little Dragon y Bootie Brown como invitados. De los otros feats (Snoop Dog, Lou Reed, Mos Def, por nombrar algunos) sólo se tuvo noticias a través de las pantallas que acompañaron todo el show con videos oficiales y clips especiales. "Nos trajeron a la vida" dijo Albarn que transpiró la camiseta yendo del teclado a los mics en los urgentes "Kids with guns", "Dare", "Clint Eastwood" y "Feel Good Inc" que no pudieron faltar en la lista. A Albarn se lo veía como maestro de ceremonia que cortejaba a cada uno de sus invitados y dirigía a la big band (cuerdas y vientos incluidos) que lo secundaba para completar un show esquizofrénico de dub, rap y pop de sangre azul. En el mismo escenario, mientras todavía un sol casi imprevisto (es tradición la lluvia en este festival) partía al medio a la más de 90 mil personas, los novatos locales When Saints Go Machine salieron a abrir el escenario subidos a los tracks de su álbum debut Ten Makes a Face. Mientras en la primer parte del show se perdieron en un pretendido excentricismo oscuro, promediando el final se encargaron de andar por caminos más fáciles: bombo/tacho a 120 bpm y sintetizadores con melodías simples para llegar a un indie rock pistero y naive. Un rato después, desde el escenario Cosmopol, venía LCD Soundsystem, para dar cátedra gracias a un sonido tan característico y ruptural que marcaron a fuego toda esta década. Ahí estaba James Murphy que salió vestido de blanco para sacudir el piso con una sobredosis de sonidos electrónicos y rockeros y convertir a la carpa en una pista gigante de baile. "El gordo la tiene atada" fue lo único que pude escribir en mi anotador durante todo el show que se encargó de disparar a quemarropa con "Us vs them", "Daft Punk is playing in my house", "Drunk Girls", "Pow Pow", "Someone great" y "Tribulations", entre otros. Un mix perfecto y mántrico 2.0 de This is happening, Sound of Silver y LCD Soundsystem: tres discos indispensables para entender el sonido del presente. También se vio un show semi orquestral y de primera clase de los locales Efterklang (NdeR: no dejen de chequearlos), Céu y Sick of it all en los otros escenarios colmados de gente. Así terminó el primer día que tuvo la mitad de programación que el resto de las jornadas pero que ya mostraba la hilacha del gigante del norte.

DIA 2: Si el primer día el escenario principal, Orange, quedó calentito por el cierre de Gorillaz, en la segunda jornada una seguidilla de bandas llevó esa locación a latir pulso rockero hasta la frontera de la taquicardia. El maratón empezó con dos de las bandas que volvieron: los locales Dizzy Miss Lizzy y Alice in Chains que desplegó su potencia bien noventosa a toda máquina en una presentación que incluyó temas clásicos como "Angry Chair" y "Down in a hole". Pero el plato fuerte sin duda fue el súper grupo de Dave Grohl, John Paul Jones y Josh Homme, Them Crooked Voltures, que suman a Alain Johannes para las presentaciones en vivo. Ver la potencia que destila este combinado resitúa el sentido de la palabra rock un paso más allá. Los solos y las zapadas fueron tan protagonistas como los temas "Caligulove", "New Fang" y "Dead end friends", "Mind eraser, no cheaser" de su único disco homónimo. Y se sumaban los momentos más sobresalientes cuando cada uno chapeaba con su virtuosismo y cargaban el show hacia una progresión de hard rock que parecía no tener fin. En la otra punta del festival, Florence and the Machine, fue uno de los mejores shows de la fecha. Su líder y cantante, la peliroja Florence Welsh, se tomó en serio el papel de anfitriona y comandó al público (siempre muy receptivo acá en Roskilde) de una manera ejemplar con un histrionismo que rozaba lo teatral. "Creo que hacemos un buen equipo" le comentó al público y encaró "Kiss with a fist" y "Rabbit Heart (Raise it up)" entre otros temas de su único disco. Además dejó ver nuevo material con el track "Strangers in shock" que combina como siempre un caudal de voz que deja bien atrás a cualquier banda que le haga el aguante. Parecía ya suficiente para sólo dos jornadas de festival, pero la cruzada geográfica musical que se vivió en ese predio también hizo escala en Noruega con el synth pop de Casio Kids, fue para California con el skate punk de NOFX y hacia Nueva York con los Dirty Projectors: El grupo de indie rock / pop alternativo liderado por Dave Longstreth dio uno de los shows más excitantes de todo el festival. Sin duda fue una de las gemas encontradas gracias a una simbiosis grupal fantástica que tiene bien en claro dos cosas: 1) Que las estructuras están para romperlas. 2) Que el silencio también es música. Si sus discos en los auriculares te llevan de paseo sin que te muevas, los punteos de guitarras a toda velocidad (por momentos muy cercanos a Vampire Weekend) junto a arreglos corales impecables y bases que se daban vuelta y vuelta otra vez, hicieron que se colaran entre las bandas que no hay que dejar de ver en vivo (sobre todo en "Stillness is the move", "Fucked for life" y "Rise Above"). El cierre del escenario principal estuvo a cargo de Nephew (banda danesa que es difícil entrarle) que mostró muy buena química con los que estaban presentes. Y si ya muchos querían irse para el campamento, el escenario Cosmopol no los dejó por la gira que empezó con la banda congolesa signada por la poliomielitis, Staff Benda y Bilili, con su toque que va de la rumba al reggae con influencias africanas ineludibles. Ellos pusieron a todos a bailar para que le sigan la línea Analog Africa Soundsystem y Orchestre Poly-rythmo de Cotonou, el alemán bizarro Bonaparte y los experimentales Japandroids entre otros.

DIA 3: La cuenta regresiva para que termine el festival empezó a correr pero todavía quedaban muchos platos fuertes, tal vez los más esperados todavía estaban en la lista de espera. Bien temprano, cuando el calor había subido lo suficiente como para asfixiar a cualquier ser vivo dentro de una carpa, los mimados locales The rumour said fire fueron los encargados de abrir el escenario Odeon. Pero el primer hit del día se lo llevó Kings of Convenience que cautivaron al público que se acerco al Arena. "¿Alguna vez vieron una banda mas chica?" bromeaba el histriónico Erlend Øye, una de las mitades del grupo noruego. Ya desde sus discos el estilo musical está marcado a fuego: folk / pop. No fueron pretenciosos, se centraron en una cosa y le sacaron el jugo hasta a la cascara. Las voces de Øye y Eirik Gamblek Boe sumadas a 12 cuerdas de nylon eran suficientes para cotejar al escucha con suaves melodías y susurros hecho canción. Intimo e interactivo, el show no decayó y fue in crecendo a medida que pasaban temas como "Mrs. Cold" y tuvo su punto más alto cuando sumaron un violín y un bajo ("Boat Behind") para ir terminando con un Erlend bailarin y arengador que le puso pimienta a la presentación. Unos minutos más tarde, el día iba levantando la tensión gracias a Vampire Weekend que salió a la cancha con los tapones de punta cargado de un repertorio variado de sus dos discos que puso a todos a bailar ("A-punk", "Orchata", "I stand corrected") y puso la firma que están muy lejos de ser sólo un hype. Casi al mismo horario estaba Patti Smith en el main stage. Mención aparte para la poeta. No sólo el escenario se inclina por el peso de la historia que acarrea, sino que también dio un show digno del salón de las estrellas. Y no solo la música da confort en un show, el buen humor característico en las dos presentaciones que tuvo dibuja una vez más la figura de una estrella que lleva consigo.
Aunque no estuvieron convocados, los Radiohead estuvo presentes de alguna manera gracias a la influencia musical innegable que ejerció en los dos grupos que pasaron por el Orange: los locales Kashmir que sacaron a flote sus mejores canciones ("Lampshade", "Miss you") y demostraron por qué son tan grandes en esta parte del mundo; y Muse que dio un show sin fisuras. "Uprising" daría el grito de largada para que los británicos sonaran mejor que nadie en el escenario principal gracias una performance tan compacta como envidiable. No hay que ser fan de la banda para sacarse el sombrero ante semejante rockeada y entender el estatus que se ganaron. "Hysteria", "New born" y "Knights of Cydonia" también estuvieron entre algunas zapadas haciendo alarde de lo bien que toca este power trío, que fueron acompañados por imágenes en las pantallas que tenían edición en vivo y show de lasers. Para el cierre de la jornada la cosa se puso electrónica con The Prodigy, el embajador chileno Matias Aguayo y el super grupo alemán de techno (formado por Apparat y Modeselektor) Moderat asegurando baile non-stop.

DIA 4: Hay que decirlo, por más que haya tantas cosas buenas por ver, llega un momento en que el agotamiento de estar 12 horas diarias de shows, rodeado constantemente por miles de personas, dormir poco y comer mal (¡el menú promedio $50!) se vuelve extenuante. Por eso, Motorhead para empezar la última gran jornada del festival fue tal vez demasiado duro. "Nosotros somos Motorhead y tocamos rock & roll", dijo la leyenda Lemmy Kilminster antes de subirse a una caravana de canciones que sonaron más fuerte que ninguna otra banda. "Si quieren que toquemos más, levanten las manos" decían antes de seguir poniendo en claro que son una leyenda del heavy metal, no sólo porque el ritmo de vida de Lemmy es digno de un rock star, sino porque tienen la potencia de 3 pibes de veinte años. Después de semejante desayuno musical, los Local Natives, en el escenario Pavilion, se robaron la primer parte del día armados de hermosas canciones mid tempo caratuladas como indie rock alternativo. Con cuatro voces al frente formaban un arreglo vocal semi coral seguidos de cerca por una instrumentación nada fuera de lo convencional. Así, los californianos dieron un show sobresaliente entonando la nostálgica y hermosa "Airplanes" junto a "Wilde eyes" y "Stranger Things" al mismo tiempo que en el escenario de al lado, el Cosmopol, el festival se vio asaltado por el baile de la mano de los afro colombianos Choc Quib Town que subieron la temperatura a través de su hip hop relacionado con ritmos jamaiquinos manejando al público de manera audaz. Últimas horas del festival: Si el cansancio ya se convertía en tristeza de que todo llegaba a su fin, la programación de la última parte dejo a todos con ganas de volver el año que viene. El escenario más alejado, el Arena, tuvo un cierre de lujo con los resucitados Pavement. No son los más virtuosos ni los más prolijos (el lo-fi es una de sus armas de seducción) pero para el puñado que estaba ahí, el hiato de 10 años que tuvieron parecería no haber existido cuando le sacaron el polvo a sus clásicos (de culto) "Gold Soundz", "Shady Lane" o "Frontwardz". Un rato antes, en ese mismo lugar The National demostró su poderío con un Matt Berninger prendido fuego con su vocalización baritona y la dupla de hermanos Devendorf y Dessner afiladísimos para transpirar sus trajes en un tracklist que conformó temas de su último disco High Violet, Boxer y Alligator entre otros.
A unos 500 metros de ahí Jack Johnson pareció haber planeado todo: era un día nublado pero cuando se subió al escenario el sol salió y era digno de su California natal. Siempre relajado, y con algunas imágenes de olas en las pantallas (¿qué más podría haber puesto el surfer?) trastabilló con algunas de las letras, pero le dio al escenario principal una presentación ATP con versiones muy próximas a las de sus discos. Él en ojotas acompañado de una pequeña banda (bajo, teclados y batería) sacó unos cuantos coros del público en casi todas sus canciones ("Banana pancakes", "Better together" y "Upside down") y estuvo a la altura de lo que se esperaba. En la otra vereda, Kasabian, dio un show tibio donde sólo parecían funcionar los temas de su primer disco homónimo. Miike Snow, que se coló en el escenario Odeon antes del cierre le recordó al público: "No somos sólo un tipo, somos una banda. Pasen la bola, avísenle a sus amigos" antes de cerrar con una coreada "Animal".
Ahora sí, después de cuatro días de música, Prince tuvo el honor de cerrar esta decimocuarta edición. Con 15 minutos de demora, el príncipe salió al escenario enfundado en pantalones Oxford y una camisa blanca estampada con la promoción de su nuevo disco "20Ten". Siempre en pose sexy y con mirada de lince, se le escapaban contadas sonrisas. La más notoria fue cuando la percusionista le pidió al público que gritaran el nombre Prince dos veces. "Ahhh, me encanta eso" dijo el ex "The Artist" y prosiguió con varios de sus hits (la esperada Cream nunca apareció). "Let´s go crazy" fue el inicio de las casi dos horas de show que tuvo una performance impecable de todos los músicos. "Música real hecha por músicos de verdad" aclaró Prince entre larguísimas versiones de sus temas ("Delirious") e idas y venidas al escenario que enfriaban un poco el show pero que no lo opacaron. La voz y sus dotes con la guitarra no dejaron ninguna duda, ningún rótulo halagador le queda chico. Promediando el show, se dio el lujo de hacer el cover de The Jackson 5 "Shake your body (down to the ground)" y hacer una exquisita versión de "Nothing compares 2 U" de Sinead O´Connor a dueto con una de sus coristas. "¿Quieren algo movido o algo tranquilo?" dijo y sin escuchar respuesta continuó en el clima intimista con una de las más esperadas, "Purple Rain", que se vio acompañada de luces a tono que redecoraron el escenario y al público en el mismo color de la canción. El funk, soul y algo de música disco estuvieron ahí para que Prince mostrara sus pasos de baile y cerrara la noche con un broche de oro "Kiss". Ese fue el gran cierre que, sin dudas, dan ganas de volver una y otra vez a Roskilde Festival.

Por Gonzalo Chaves - Fotos de Juan Hein (Desde Roskilde, Dinamarca)

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