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30 años de metal en la Argentina

Sergio Ch de Los Natas: el comandante

El guitarrista y cantante agrupa a la patria metalera del futuro. Y propone dejar atrás el cuelgue para afrontar la lucha.

Por Yamila Trautman

Lunes, 22 horas. Un bar oscuro, chicos malos sin rutina, tipos pesados con camperas de cuero, borceguíes, barbas y bigotes, nenas voluptuosas en calzas ajustadas. Y música del infierno. El encapuchado genera la atmósfera de las tinieblas mediante una estricta selección sonora: suenan Slayer, Mastodon, Danzig, Pantera y los presentes entran en trance. El encapuchado es Sergio Chotsourian o Sergio Ch. (léase Sergio Che, como él quiere que se lea, en deliberada asociación con el guerrillero), cantante y violero de Los Natas, DJ residente del ciclo Motoclub Bar. La escena no tiene nada de violenta. Sergio puede parecer un Obi-Wan Kenobi detrás de la consola, pero su personalidad no es en absoluto hermética. Desde su posición elevada, Sergio Ch. materializa la metáfora del guía, del propulsor de un movimiento musical integrador con grandes aspiraciones internacionales. Y acá pone en juego todos los principios que conforman su decálogo, su compromiso con la escena stoner, el movimiento que denominó South American Sludge y para el que el Motoclub Bar, todos los lunes, funciona como búnker necesario.

El lugar es The Roxy Live, en Niceto Vega al 5500. Se espera la aparición de la primera banda de la noche: Narcoiris. Sergio (rapado, siempre encapuchado, jeans negros, campera negra, All Star negras), ese frontman, casi mudo sobre el escenario, es de cerca un tipo accesible y elocuente, un militante espiritual de eso que él llama "la lucha". El rockero fumado que te pone en viaje hipnótico con sus cuelgues interminables es también el pibe de zona norte que a los 20 tuvo que abrirse camino en un mercado que no terminaba de entender su música y que ahora está en plan de regreso al hogar, a sus hijos, de devolución cósmica y agradecimiento a todos aquellos que lo ayudaron a transitar.

Durante el año pasado y lo que va de éste, editó -local e internacionalmente- El nuevo orden de la libertad, el último disco de Los Natas (con giras nacional y europea incluidas), grabó el primer disco de Ararat, el proyecto que conformó junto a su hermano Santiago Chotsourian, "el Maestro" (reconocido director de orquesta), inició la grabación del volumen II, movió hilos para que se editara Los Natas / Solodolor (un compilado que incluye la histórica participación de Ricardo Iorio y Gustavo Rowek: ¡dos V8 en un mismo disco!), arregló las condiciones para que el Motoclub Bar tuviera su espacio todas las semanas, produjo tres bandas (Gripe, Guachass, Colored Mystical Expressions) e ideó South American Sludge. Uf.

Empecemos por Ararat. ¿Cómo fue trabajar fuera de Natas?
Ararat surge ante la necesidad de que todas las cosas que hice más allá de Los Natas no quedaran en un cajón. Sacar a la luz las cosas que se ubican en un ángulo más tranquilo, más experimental. Cuando terminé el estudio en casa fui recopilando temas que ya tenía grabados, armando un rompecabezas. Y cuando hice una segunda lectura, me empezó a cerrar de dónde me venía esa necesidad; todo tenía que ver con el pasado de mi familia del lado de mi viejo: Siria, Armenia, los inmigrantes, el sufrimiento, escapar, el dolor. Parte de mi familia estuvo oculta en Grecia antes de venir y encontré el paralelo conmigo: refugiado de la artillería de Los Natas en mi estudio, tratando de expresar lo mismo que mis ancestros, la lucha contra la opresión.

¿Pero Toba Trance I y II de Los Natas no tenían un poco de eso ya?
Sí, los discos de Natas siempre intentaron canalizar esa relación con mi sangre y Toba Trance I y II fue un primer acercamiento. Expresar el hecho de pertenecer a culturas que han sido exterminadas, perseguidas, metidas en cárceles de la mente y el cuerpo, y encontrar así su venganza. Ararat es eso pero reforzado.

¿Y por eso incluye "Dos horses", el tema de El nuevo orden...?
"Dos horses" es la conexión, es un tema que hice con mi hermano. Dentro de Natas es donde pude poner todo lo armenio y es el caballito de batalla de Ararat. "Dos horses" somos mi hermano y yo. El Maestro Santiago Ch. [pone voz solemne, marca las eses] me lleva diez años y fue quien me acercó a la música: yo iba a su habitación, leíamos cuentos de terror y los musicalizábamos, él con el piano y yo con un toc toc o una melódica. Es un maestro para mí. Me enseñó el otro lado de la música, el no académico, el del amor y la fraternidad.

Tras ese primer acercamiento, el Sergio adolescente se alejó de la música para dedicarse al skate y la bici. O no tanto, porque seguía escuchando los vinilos que coleccionaban sus hermanos mayores: en su casona de Beccar había LPs de Yes, Emerson, Lake & Palmer, ZZ Top, The Police, los Beatles ("los escuché de los 10 a los 12, hasta que los empecé a aborrecer: tenían tanta buena onda y yo tanto odio"). El skate rock, el punk, el primer hip-hop llegaron por contacto. A sus 20, un accidente que le dejó enyesada una pierna lo distanció de los campeonatos bikers; en ese momento fue cuando, como al pequeño Jack Black en Tenacious D, la Voz del Metal encarnada en el difunto Ronnie James Dio, le habló y le tiró la posta: "Estás hambriento de rock". Y lo mandó a comprarse su primera guitarra.

¿Cómo fue tu regreso a la música?
No podía seguir con mi carrera porque tenía la pierna rota, y sentía frustración porque mi viejo se estaba muriendo. Ya escuchaba Melvins, Pantera, Danzig, Kyuss. Bandas con un sonido imposible de imitar. Pero no necesitaba hacer covers: el ruido que sacaba me hacía sentir que había garchado, a pesar de que eran dos notas. A los meses murió mi papá y yo encontré en la música mi refugio.

Sólo dos años antes de Delmar [el primer disco de Los Natas, editado en 1996 en Estados Unidos por el sello Man's Ruin]... ¿Cómo pasó tan rápido?
Conocí a Walter Broide [batero de Natas] en una escuela de jazz a la que asistí para que mi viejo sintiera que me estaba dedicando a algo en serio. Con él llegaron las primeras zapadas y la configuración de lo que fue Delmar. Mandé veinte casetes por correo a todas las discográficas extranjeras que vi en la revista Spin y la respuesta de Man's Ruin llegó por teléfono. Me tuve que crear una casilla de mail con un módem 16 kbps para confirmar no sé qué mierda. El mítico sello californiano de Frank Kozik, que editaría Nebula, Kyuss, Queens of the Stone Age, nos estaba sacando nuestro primer disco.

A partir de ese momento, quince años de ediciones internacionales y nacionales, giras por Estados Unidos y Europa, ubicaron a Los Natas en el epicentro de la movida stoner, la de ese metal psicodélico imposible de definir sin recurrir a dos imágenes: la del desierto implacable y la de la marihuana. Casi en paralelo a que bandas como Kyuss se hartaban de no encajar con el grunge ni con el metal, a Los Natas les pasaba lo mismo: muy pesados para el nuevo rock nacional, demasiado sofisticados para el metal argento.

¿Cómo ven la escena stoner, quince años después? Tras haber ido siete años a Europa y juntarnos con bandas del estilo, empezamos a notar su crecimiento. Ya no implica sólo stoner: la tendencia del rock crudo con equipos valvulares se mezcló con la experimentación, el drone, el doom, el rocanrol sucio y rápido. El término le quedó chico y era necesario alejarse de la referencia al faso y otros íconos que hoy resultan pelotudos. No te podés definir como stoner y poner un cactus y una mina en culo con una llamarada de fuego.

Un cactus, ¡como el arte de Delmar!
[Risas.] Claro, pero Delmar fue en el 96. Era el primero que salía con un cactus.

¿Y a partir de ese cambio en la forma de verse a sí mismos y a la escena fue que surgió South American Sludge?
Es que empecé a notar una clara diferencia entre los gringos y nosotros, los latinos. El estilo creció, surgieron bandas que me sonaron muy fuerte en la cabeza: de Chile, Hielo Negro; de Venezuela, Cultura Tres; de Uruguay, las Guachass; de acá, Humo del Cairo, Banda de la Muerte, Cobra Sarli... La última gira europea nos hizo preguntarnos: "¿Cuál es el orgullo?". El orgullo es nuestra música y ser de Sudamérica. Y si el espíritu de los sudamericanos es, como diría Ricardo Iorio, el de tragar leche, que te metan el palo en el orto y que al otro día tengas que seguir luchando, hay que parar y ver cómo cambiar el futuro.

Citás a Iorio. V8 y Hermética formaron parte de tu infancia musical. ¿Cómo fue grabar "Ace of Spades" de Motörhead con Ricardo?
Fue gracias a la amistad que tiene con la familia de Gonzalo Villagra [bajista de Natas; su hermano, Alvaro, grabó a V8 y Riff]. Ricardo estaba una tarde en su estudio payando chacareras cuando empezaron a tocar las bases del tema. Gonza me llamó para que fuera a grabar la versión, pero yo no tenía nada armado. Entonces, bajé la letra por Internet y me pareció que en castellano no decía nada. No quise traducir palabras textuales; empecé a unir las cosas en común que tenemos con Iorio, el tema de lo local, de plantarse contra Inglaterra, lo campestre, lo gauchesco, el indio. Y la escribí en dos minutos tratando de hacerlo como si fuera él: "Nací para perder, morí al amanecer, no soy cacique o rey, así es como me gusta... ser!".

¿Y cómo reaccionó?
La leyó; con Gonzalo nos mirábamos a ver si nos cagaba a trompadas o qué, y enseguida dijo [imita a Iorio]: "¡Amigo, esto es formidable!". En dos tomas lo sacamos. Pensá que yo crecí escuchando V8 y Hermética, y flasheaba con "El pibe tigre"...

Y el tema se filtró en la web... Está en YouTube.
Sí, pero este año empecé a arengar la segunda parte del disco Solodolor, con temas que grabamos con Billy Anderson en bajo [productor yanqui de los Melvins] y Gustavo Rowek de V8, al que yo conocía de compartir shows, en batería. El Topo Armetta, ex Massacre Palestina, hizo las letras de tres temas y puso la voz. Boom Boom Kid grabó el cover de T.S.O.L., "No Time".

Tremenda superbanda. ¿Solodolor implica la concreción de una etapa de devolución?
Y... a quince años del comienzo es una suerte de "Los Natas y amigos". Es histórico unir en el mismo disco a Iorio y a Rowek; al Topo, al gringo Billy, padre de todo el sonido. Gente que me enseñó el oficio y me dio el lugar. Junto con South American Sludge y el Motoclub, es la forma de demostrar que no somos los únicos en la lucha, que somos muchos los que sabemos que la pastillita azul te divierte ocho horas en Pachá, no más. La joda tiene pelo corto. Ya no estoy re fumado y te cuento cómo en Estados Unidos tocamos con tal y tal. Te miro a los ojos y te digo: "Loca, me explota la cabeza, me explota el corazón; necesito hacer esto o se me parte el alma". Y tenemos ese lugar que nos brinda la posibilidad de comunicación. ¿Qué tienen para decir Los Natas? ¿"Fumen porro y salgan a la ruta"? No. Como digo en el tema "Sigue, sigue...": "Dejar atrás para vivir mejor". Eso.

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