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Todo menos calma, pueblo

Publicado: 19.08.2010 | 15:34 en PoplifeEventosInternacionales

Pop Life vs. las letras demagógicas

Pop Life vs. las letras demagógicas

Seré un rebelde sin causa (?), pero siempre reaccioné mal ante la autoridad autopostulada, ante los que quieren imponerse como mandamases resaltando sus cualidades a grito pelado. Toda esa pomposidad siempre me sonó a inseguridad remendada (el "vos no tenés abuela", aplicado a la vida adulta). Los jefes que me dieron órdenes ufanándose de su posición de privilegio siempre obtuvieron menos de mí que los que me convencieron de que los siga con acciones dignas, justamente, de ser seguidas. Al que llega y pide la cinta de capitán antes de jugar sólo por antecedentes, sí o sí lo miro de reojo; el que pela, manda, pone la pierna y se parla al referí para que no echen a un compañero que casi le parte el fémur a un contrario: ese es mi referente, tenga o no tenga el brazalete. A lo que voy es: el capo más capo es que se gana el puesto poniendo el lomo y jugándola callado, al menos en mi universo.

Todo esto viene a que ahora, parece, el cantante de Calle 13 es como yo, y yo soy como él, y él dice lo que yo no digo y -más aún- me tengo que quedar en el molde porque gracias a Jebús existe él. Y yo no sé qué pensar, porque "Calma pueblo", el tema que están regalando desde hace un tiempo en su web, me parece de lo más firme que hicieron en el aspecto musical en toda su carrera: la guitarra invitada de Omar Rodríguez López lo convierte en el mejor tema que Santana no supo componer del 75 para acá porque la limó y prefirió grabar con Lerner. Pero la letra...

Yo sé que en la lucha es mejor decir algo, lo que sea, que no decir nada. Sin embargo, si uno quiere que una protesta llegue a buen puerto nunca hay que perder de vista el contexto en el que uno se encuentra. Estas son épocas en las que la rebeldía discursiva es la moda más de moda, años en los que blandiendo "la bandera que diga Che Guevara" algunos dan por cumplida su tarea militante, instancias históricas en las que nos quejamos cambiando avatares de Facebook mientras la vida pasa sacándonos la lengua por el costadito, momentos en los que más de uno se siente revolucionario por putear por Twitter a Mauricio Macri o Aníbal Fernández. Por eso me genera incomodidad Calle 13 y su panfleto explícito que termina mordiéndose la cola, al usar el arma de marketing preferida de los popes de la industria musical para criticar a esa misma industria musical a la que, sin querer, termina alimentando.

Más allá de eso, lo más desafortunado es llamar al pueblo a la calma porque aquí está un grupo de rap latino que putea: la mismísima anti-arenga que aplaca en lugar de movilizar y llama a "la gente común" a quedarse piola porque con esta diatriba contra Sony (single de difusión de Detonación C-13, álbum a editarse próximamente por... Sony, quien ya está enviando gacetillas destacando la forma en la que "desatan una canción controversial que reta a compañeros musicales, la disquera, patrocinios corporativos, autoridad gubernamental y hasta el Vaticano") basta y sobra. Será cuestión, entonces, de preguntarse qué onda con este líder autoimpuesto que vocifera pero ya de movida sugiere pasividad, creyendo que su rap es suficiente para reemplazar el clamor de los desprotegidos.

Llama la atención la forma en la que el grupo abaraja las críticas que se le vienen a su canción y las convierte en virtudes: que "me infiltro en el sistema y exploto desde adentro", que "todo lo que digo es como el aikido: uso a mi favor la fuerza del enemigo", que "le tiro duro a los gringos y me auspicia Coca-Cola", que "Adidas no me usa: yo estoy usando Adidas". Y la pregunta es: ¿por qué debemos aceptar que se declaren superficial y unilateralmente esas cuestiones como puntos a favor, y no entenderlas como contradicciones? Claro, tampoco es que le estemos exigiendo a Calle 13 ser impolutos y enemigos del sistema para poder salir a hablar: celebro que estando adentro al menos tiren unos tiros, pero uno en la vida toma decisiones, y la suya fue ser una banda que firmó con una multinacional, para en buenos hoteles y, como ellos dicen, se deja auspiciar por Coca-Cola y Adidas. Lo cual, insisto, no tiene nada de malo (yo lo haría si pudiera, cómo que no): uno puede ser Charles Bukowski o puede ser Sidney Sheldon y ninguna de las dos alternativas es negativa; lo que sí es un error es que seas Sheldon y trates de disimular los rasgos de la vida que elegiste para decir que sos, en realidad, igualito a Bukowski (quien, por si no lo sabían, pasó sus últimos años como millonario... y escribió un libro sobre ello).

Toda el componente de "denuncia" de la canción consiste en amplificar rumores que la gente ya conoce de memoria, algunos de los cuales tienen una veracidad, cuanto menos, dudosa (¿quién se compra sus propios discos en estos momentos en los que la venta de discos les importa poco y nada a los músicos? Realmente me gustaría saber si alguien lo hace, aunque más no sea para preguntarle qué gana con ello). Y en cuanto a que "la mitad de los artistas deberían estar presos"... bueno, es una afirmación un tanto tajante como para dispararla sin explicación y sin nombres propios, y el hecho de que se haga de esta manera abona a la teoría de la rebeldía discursiva y vacía de la que hablábamos más arriba.

No es esta una acusación a Calle 13: cada uno vomita su bronca como puede. No creo que tengan malos designios, ni que estén contribuyendo intencionalmente con lo que ellos mismos critican, en un juego perverso voluntario. Sí, en cambio, pienso que en 2010, con tanta agua rockera pasada bajo el puente, es tiempo de buscarle la vuelta a las canciones de protesta si realmente queremos protestar. El "sistema" (y que las comillas sirvan para apaciguar un poco la ingenuidad inherente a la palabra) tiene muy agarrada de las pelotas a la queja explícita (el "para el pueblo lo que es del pueblo" de Piero hoy sirve para un pasaje divertido del programa de Capusotto y nada más), y termina aprovechando todas esas buenas intenciones para esos fines aciagos que queremos condenar, dejándonos en claro orsai. Es tiempo de encontrar otro camino para entrar en la consciencia de esa gente que tanto -decimos- nos importa. Así sí seremos líderes, con sustancia y sin necesidad de andar gritándolo a los cuatro vientos.

Diego Mancusi

Autor: Diego Mancusi


 

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