
19.30 - Backstage de Terminal 5.
James Murphy está sentado en un sofá de cuero negro, concentrado, como suele estarlo, en la logística. Su cabeza, llena de canas en corte punk, está inclinada hacia abajo, con las cejas formando una pirámide fúnebre, y sus ojos azules escanean mensajes de texto en un pequeñísimo celular Ericsson mientras trata de hacer lo imposible: poner a sus amigos en la lista de invitados sin exceder el límite del lugar. "No me gusta prometer algo y después no cumplir", dice Murphy, un tipo de 40 años cuyo rostro pálido y dejado luce de algún modo más viejo y más joven de lo que es. En una hora y media, su banda, LCD Soundsystem, va a tocar en la primera de cinco fechas agotadas en Nueva York, una ciudad donde Murphy conoce a mucha gente.
La tecladista de LCD, Nancy Whang, está parada al lado de él, maquillándose frente al espejo de este camarín ubicado en el segundo piso de Terminal 5, un edificio de muchos pisos en Manhattan. Hay una bola de espejos en el techo, botellas de vodka y whisky disponibles en un estante, y un memo pinchado en la pared muestra la contraseña de hoy para el wi-fi: "davidbowie". Murphy está vestido para salir a tocar: un saco YSL negro de principio de los 80 ("10 dólares en eBay", declara), pantalones YSL negros ("gratis", por hacer música en vivo para el desfile de la línea en París), remera YSL blanca (XXL) y zapatillas de kung fu Feiyue made in China (otros "10 dólares en Chinatown"). Esta moda "DIY" actualiza los blancos trajes de lino de la gira pasada, esos que Murphy compró de a cinco en España por sólo 60 dólares cada uno y que luego usó a lo largo de un agotador circuito de festivales de verano. Cuando terminó, quedaron roñosos. "Estaba horrible cuando me subí al avión", dice Murphy, recordando la reacción generalizada de los pasajeros de ese vuelo, y separándola en dos etapas: "Primero decían: «¡Uh, un flaco con traje blanco!». Y después: «¡Ah, pero es un... vagabundo con traje blanco!»".
La pandilla de amigos de LCD empieza a caer. "¡Eeeyy, Babaganoush!", dice Murphy mientras envuelve a su amigo Justin Chearno con un abrazo de oso. "¡Ahora sí se armó la fiesta!" El cuarentón Chearno, un guitarrista que tocó en Sound of Silver, es uno de los administradores de Uva Wines en Brooklyn y era parte del grupo que se juntó en el departamento de Murphy anoche para lo de siempre: escuchar discos viejos y probar varietales. Esta vez fue un Massa Vecchia Vermentino y un vino orgánico chileno que "estaba bien", según Murphy, pero era "como un equipo de las ligas menores jugando contra los Yankees".
Murphy escucha un tecno agresivo que rebota en los parlantes del club y manda un asistente a cambiar la música antes del show. "Algo más alegre", dice. "Más Sauvignon Blanc, no tanto Chardonnay". Murphy está tomando Veuve Clicquot en un vaso de plástico rojo, pero dice que no toma mucho antes de los conciertos. En comparación, al menos. Hace unas semanas, LCD dio su primer concierto en dos años, y Murphy "no recuerda nada". El año pasado fue todo llevar en avión equipos y amigos a una mansión de Los Angeles, instalar él mismo un estudio de última tecnología, decretar un dress-code de riguroso blanco y grabar This Is Happening, lo nuevo de LCD, rodeado de amigos, DJs, artistas y chefs, en el que él toca casi todos los instrumentos. "Estaba en su propio mundo dentro de Los Angeles", dice Pat Mahoney, baterista de LCD y el principal colaborador de Murphy. "El mundo que él mismo necesitaba armarse."
20.30 - Justo antes del show.
Las luces del camarín son tenues y la bola de espejos gira despacio. Mahoney se deja caer en un sillón mientras respira agitado luego del estrés de un tortuoso viaje en subte desde Brooklyn. "Ya estaba llegando a Manhattan cuando me di cuenta de que me había olvidado la ropa para el show y tuve que volver", afirma. Ante la pregunta de dónde está su ropa ahora, dice "ahí", y señala un traje de baño. Mahoney se sienta un minuto con los ojos cerrados, respirando el ambiente de la habitación. "Es increíble", dice. "Qué tranquilo que se está acá." Whang le responde: "Sí, bueno, es que el jefe no está".
23.15 - Minutos antes del show, también en el backstage.
La familia de amigos de LCD arma una versión 2010 de la estrambótica y abarrotada fiesta de Desayuno en Tiffany’s. Skaters latinos, ravers galeses, gorditos barbudos de onda cool, gente que parece modelo de American Apparel, Katy Perry, la sobrina adolescente de Murphy, y toda clase de humanos que fluyen desde los camarines hasta el salón mientras Murphy sostiene un vaso de plástico rojo que la multitud le empuja de un lado a otro. Poco después está charlando a todo volumen con un flaco negro con cresta llamado Ahmad, a quien Murphy divisó hace años en medio del público en un show. "Era muy gordo en esa época, y fue hasta la valla y se puso a bailar como loco; y nosotros decíamos: «A la mierda, este flaco la rompe»", relata Murphy. "Lo invitamos al backstage, nos enamoramos, y desde entonces está con nosotros."
23.30 - Backstage.
Murphy camina por un pasillo silencioso. No se está sintiendo muy bien, dice. Tenía una mala mezcla de monitor, por lo que no se escuchaba a sí mismo; de modo que cantó hasta quedarse ronco y se está por enfermar. Un amigo trata de convencerlo para que vaya a la afterparty en el West Village. "De ninguna manera", responde Murphy. "Tengo que recuperar la voz."
23.45 - En un taxi.
"West Street y Jane", dice Murphy mientras Mahoney y él se acomodan en el asiento trasero y enfilan para el downtown. A las diez cuadras, el chofer rumano tiene una pregunta para hacerle a Murphy. "¿Me podría explicar por favor el significado de la expresión «¡A la mierda!»." A los gritos, desde el ventoso asiento trasero, Murphy arranca con una larga etimología improvisada que termina en... "pero todas nuestras puteadas las robamos de otros idiomas, así que realmente no significa nada". Le pregunta al rumano por su versión: "Por ejemplo, ¿qué dirías si se te cae algo en el pie?". El taxista responde: "¡Satán, comé mierda!". Y Murphy grita: "¡«Satán, comé mierda» no tiene sentido, flaco! Cuando nos sorprende algo, decimos «a la mierda», pero cuando se te cae algo en el pie, tenés que decir «¡puta madre!». Es la expresión perfecta, porque termina en eeeeeee".
Una voz femenina hace girar las cabezas con un simple "hola". Es una rubia ágil, parecida a Virginia Madsen cuando era joven, que está en la ventanilla abierta de un taxi que pasa al lado. "¿A dónde van, chicos?", pregunta, reconociendo a Murphy del show.
Murphy piensa mientras el otro taxi se aleja.
"¡Jane!", dice al fin. "¡Hotel Jane!"
"¿Hotel Jane?", dice la chica. "¡Fuck yeah!"
"Fuck yeah", repite Murphy mientras el otro taxi se adelanta, como si estuviera analizando la típica expresión estadounidense. Cuando tenía 21 años, a Murphy, que por ese entonces era un escritor obsesionado con Pynchon, le propusieron escribir para una sitcom nueva llamada Seinfeld. "En vez de eso me quedé fumando porro", recuerda. Diez años después, la primera canción de Murphy con LCD era un largo monólogo cómico llamado "Losing My Edge". Un despotrique paranoico a cargo de un hipster escandalosamente bien conectado que estaba presente en todo evento fundamental de la música, desde el primer ensayo de Captain Beefheart hasta la apertura del legendario boliche gay Paradise Garage en Nueva York.
Maneja muchas palabras", analiza Mahoney, pensando en Murphy. "Una de las razones por las cuales trabajamos bien juntos es que yo sé qué quiere decir cuando dice «inestable», «recio» o «ascot»".
"Ascot", para Mahoney, significa "un sonido con sustain onda amo y señor", como el que uno asociaría con el Robert Fripp de finales de los 70. "Inestable" significa una forma de ritmo poderoso pero simple, tocado por un baterista capaz de tocar por debajo de su capacidad técnica. ¿Y "recio"? Ese, dice Mahoney, es "el sonido disco más gay del mundo. Un sonido que es tan gay y exagerado que es recio. Como «Over and Over» de Hot Chip. Está cantado en falsete y es bien duro. O Soft Cell, cualquier cosa de Non-Stop Erotic Cabaret".
Hay otros códigos también. "Después está «bueno-malo-bueno»", agrega Murphy. "Esa es importante. Es una forma compleja de que te guste algo que es realmente malo. Para nosotros, que somos pelotudos e hiperacartonados pero habilidosos con la tecnología, tenemos siempre que hacerle caso a nuestro instinto inicial."
Ese era el lema de Murphy hace doce años. Había trabajado como ingeniero de sonido, sobre todo en discos de indie-rock, pero luego tuvo una revelación: hacer discos oscuros de bandas guitarreras no era una buena manera de ir por la vida. "Yo sentía que el indie-rock se había vuelto el Ford Taurus de la música", reflexiona. "Todos curtían una onda «no vamos a asomar la cabeza, vamos a ser sólidos y reales y tener una banda de mierda»." Karen O, cantante de Yeah Yeah Yeahs, está parada a un metro, asintiendo y riéndose. En 2001, luego de unas trasnochadas experiencias con éxtasis, Murphy cofundó el sello disco-punk de Nueva York DFA, y editó discos de The Rapture, Hot Chip y otros líderes del movimiento electro de los 2000. Pero Murphy mismo no se convertiría en artista hasta después de cumplir 30, como una versión musical del crítico devenido en director Jean-Luc Godard. A diferencia de Godard, Murphy dio el salto exactamente el mismo año que sus dos padres murieron, el año en que su ciudad vivió un evento que hizo insostenible el nombre inicial de su sello, Death from Above [muerte desde arriba]. "El 9/11 fue justo después la muerte de mi papá", rememora. "Y me acuerdo de que pensé [se encoge de hombros y levanta las manos]: «Claro, todo esto es obvio»."
Entre los eventos más felices de ese período, estaba el primer recital de Yeah Yeah Yeahs al que fue Murphy. "Tenían sólo cinco canciones", afirma. "Y yo excitado, gritaba: «¡Loco, esto la rompe!»." Luego de un par más de elogios exuberantes, la mira a Karen O más serio. "Pero la primera vez que los escuché tocar sus canciones más tristes… ése fue un verdadero punto de quiebre para mí", afirma Murphy. "Era como…" Busca la palabra correcta y, casi sorprendido, dice: "¡Era hermoso! Y era una época en la que el público no quería algo hermoso. El público quería la próxima gran cosa. Era como que podías elegir ser víctima de tu propia onda cool. O podías elegir ser una cosa así de hermosa".
1 .30 - Salón VIP.
Uno de los miembros del círculo íntimo de Murphy se para frente a la barra. "El disco nuevo de LCD es sobre recuperarse después de un año terrible", asegura Jayson Green, cantante de los Panthers, una banda de Brooklyn. Y menciona letras como la de "Home", que añoran "cerrar la puerta en momentos terribles". El año pasado, uno de los amigos de Murphy, el baterista Jerry Fuchs, murió al caer por el hueco de un ascensor mientras Murphy estaba grabando This Is Happening, que está dedicado a él.
2.00 - Salón VIP.
La rubia del taxi llegó y acorraló a Murphy, enganchando con los dedos la tira de su bolso. A lo largo de su carrera, Murphy compuso canciones profundamente ambivalentes sobre el amor, la vida, la amistad, la música y la naturaleza del estrellato hipster de Nueva York, que inspiró su trascendental lamento "New York, I Love You (But You’re Bringing Me Down)". Hace un mes, Murphy tocó para 70 mil personas en Coachella justo antes de Jay-Z, que después pasó a darle su apoyo en una conversación que Murphy no recuerda bien. Pero esta noche, cuando la banda terminaba de tocar este antihimno a Nueva York, la ambivalencia típica de Murphy dispara el estribillo de "Empire State of Mind" de Jay-Z, que Murphy y compañía cantan mientras las luces se prenden y apagan, cae el papel picado y miles de globos blancos en absoluto irónicos rondan sobre el público. Ahora, Murphy logró soltarse de la sentida conversación con la rubia y vuelve con su grupo de amigos. Mahoney y Whang arman un pacífico círculo bailando "This Must Be the Place (Naive Melody)" de los Talking Heads. Murphy, rodeado de su pandilla en este banquete, sonríe. "Nueva York es mejor que Francia y Londres. Lo es, ¿no?", dice, mirando de a uno a sus amigos, como si al fin cayera en la cuenta. "Sí, es mejor."
Por Chris Norris
Mirá el clip de "New York, I Love You (But You´re Bringing Me Down)" de LCD Soundsystem
Hot Tracks | LCD Soundsystem - "Drunk Girls"

