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31.08.2010 | 16:58

Cerró El Taller: el fin de una época

El bar de Plaza Serrano que fue epicentro de la bohemia rockera de Palermo Viejo en el último cuarto de siglo acaba de bajar la persiana. Síntoma de la mutación cultural de un barrio.

Walter Sidotti y Oscar Moro, dos de los rockeros habitués de El Taller. Foto de Fabián Marelli.

El día 30 de agosto a las 19 horas el bar El Taller, en la esquina de Borges y Honduras, bajó las cortinas para siempre. Fundado en 1985, cuando la ciudad (el país) estaba en plena ebullición democrática, este espacio fue el responsable de la refundación de Palermo Viejo, con la plaza Serrano (hoy Cortázar) como centro neurálgico de una movida que comenzó artística, bohemia y barrial y que derivó en el Soho, ese gran shopping a cielo abierto, con bandas de turistas y franquicias al por mayor.

A pesar de la alta densidad de bares por metro cuadrado en la zona, El Taller se convirtió en un clásico y subsistió el embate fashionista como una isla, como un espacio de resistencia, como una burbuja en el tiempo. Las mismas mesas de madera, esas paredes con colores tan Costa Atlántica y las caras de sus habitués, figuritas repetidas, que lo sienten como un refugio. Son miles las anécdotas, las historias de amor, las borracheras y los momentos inolvidables que albergó este bar en el último cuarto de siglo.

"Es el lugar donde más notas hice, donde más cafés me tomé y donde conocí a un montón de gente. Era una extensión del living de mi casa, o como yo le decía, mi oficina. El cierre de El Taller es otro signo del cambio de los tiempos, un bar pionero que se retira", cuenta Hilda Lizarazu, una de las parroquianas más emblemáticas del lugar.

Fundado por el arquitecto Eugenio Ramírez (un activista barrial, el responsable del recorrido 3 -cartel rojo- de la línea 39, el impulsor de las fogatas de San Juan los 24 de junio), el bar nunca fue atendido por mozos profesionales, y fue ganando en mística rockera. Gustavo, alias Jover, es el mozo histórico de El Taller: acusa 42 años y está ahí desde que tenía 19. Su primo, Rodrigo Rojas, también trabajó en el bar en el tiempo que tocaba el bajo en bandas del under palermitano, como Las Hermanas Vidal. "Esther, una de las novias de Luca, trabajaba de moza, y cuando el Pelado caía a buscarla se tomaba su ginebra en la barra y charlaba con nosotros", recuerdan. Y hacen un inventario de los músicos que pararon en el bar. En esos tiempos, por el barrio vivía Miguel Abuelo. Y muchos años después de su muerte, en 1988, su hijo Gato Azul también se volvió habitué. Oscar Moro fue, casi, parte de la escenografía. Fue el hospedaje de Willy Crook, Daniel Melingo y Guillermo Piccolini cuando volvieron de España. Charly tuvo una racha de tocar el piano todas las noches, hasta la mañana siguiente, y se hizo fanático del "toc-toc". Gamexane y Richard Coleman le alquilaban una pieza a Ramírez, y allí cranearon Los Siete Delfines. El Cuino y Tito Losavio, próceres de la canción rockera... Diego Capusotto animó muchas trasnoches de los 90. "Los músicos a veces pasan por malas rachas, y acá sabían que comían y tomaban algo", explica Rojas.

¿Más mística? El Taller fue, durante buena parte de los 90, el centro de operaciones de los Redondos. De hecho, El hombre ilustrado, la biografía del Indio Solari escrita por Gloria Guerrero, incluye una foto de ambos en una de las mesas de El Taller, de 1994. "Empezaron a venir Poli y Skay. Cenaban acá todos los días. Pero también les habilitábamos un espacio en el primer piso y hacían reuniones interminables. El Indio tenía muy bajo perfil. Walter Sidotti y El Soldado se hicieron muy amigos nuestros. Y la que más hablaba era Poli", recuerda Rojas.

Estas paredes cobijaron una muestra conjunta del fotógrafo y parroquiano Mariano Larralde y Rocambole, que incluía parte del arte de tapa de Lobo suelto, cordero atado. "Nos cruzábamos siempre en el bar, y me invitaron a ver el show. Antes de entrar, me rodearon cinco pibes y me robaron la cartera con toda mi plata y las llaves de mi casa. Y se largó a llover a cántaros. Me fui a la casa de una amiga que vivía por Parque Patricios. Cuando logré volver al barrio, llegué empapada al Taller y ahí estaban los Redondos, que fueron para allá después del show. Ese reencuentro fue un tanto accidentado", recrea Hilda.

Calamaro fue otro habitué, a fines de los 80. Su recuerdo, sin embargo, no es del todo grato: "Corrían malos tiempos para la lírica. Las hiperinflaciones nos tenían acorralados y sin trabajo. Es cierto que en El Taller servían buenas hamburguesas, pero una tarde fui a organizar un show de rock poético y eléctrico ¡y me pidieron un demo! Fue una situación tan incómoda como graciosa... No les llevé el demo: ahora me voy de gira por Londontown y España, y El Taller cierra. Supongo que habrán vendido la propiedad en millones".

Por Humphrey Inzillo

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comentarios: 26
 
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3 comentarios Destacados y 0 respuestas
 
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    01.09.10
    13:55
  • ale_gonzalez10calamaro debe ser uno de los tipos que mas involuciono dentro de los de su generacion, musicalmente ya dejo de ser lo que era hace rato y a la hora de hablar nos da muestras de su deterioro con declaraciones como estas.
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    01.09.10
    14:02
  • ale_gonzalez10Esa zona hace rato dejo de ser algo porteño, dento de poco nos van a pedir el pasaporte, de todas formas las dinamicas cambiaron. Lamentablemente, cada vez hay mas gastos para mantener a la gente ocupada adentro del sistema y menos tiempo y recursos para la cultura. Internet y las nuevas tecnologias tuvieron muchisimo que ver.
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19 comentarios Recientes y 7 respuestas
 
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    23.09.10
    19:53
  • astragaloSi a Calamaro le hubiesen pedido más demos a lo largo de su carrera, nos hubiésemos librado de buena parte de la fealdad sonora envasada que puebla este mundo. Entrego de yapa un hermoso anagrama con las letras de Andrés Calamaro: CARNE MALA SORDA.
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    03.09.10
    11:14
  • ManuboliTmb cerro Scannapieco... la heladeria mas historica del barrio en Av. Cordoba y Armenia...Como dijo uno abajo... los lugares de mi juventud van quedando solo en mi memoria...Lugares tradicionales que se fueron para dejar locales que venden velas, alguna remerita copiada de otro y queriendo pasar por moda...en fin... salvameee jebuss!!
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    01.09.10
    14:02
  • ale_gonzalez10Esa zona hace rato dejo de ser algo porteño, dento de poco nos van a pedir el pasaporte, de todas formas las dinamicas cambiaron. Lamentablemente, cada vez hay mas gastos para mantener a la gente ocupada adentro del sistema y menos tiempo y recursos para la cultura. Internet y las nuevas tecnologias tuvieron muchisimo que ver.
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    01.09.10
    13:55
  • ale_gonzalez10calamaro debe ser uno de los tipos que mas involuciono dentro de los de su generacion, musicalmente ya dejo de ser lo que era hace rato y a la hora de hablar nos da muestras de su deterioro con declaraciones como estas.
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    01.09.10
    13:48
  • LugaLuzla historia, el rock, lo que quieran, pero el gancia lo servian frio y las papas fritas muyyy feas!
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    01.09.10
    13:02
  • paxtu76Una pena aunque ademas de que la zona cambio (Hoy en dia mas que Plaza Serrano es Plaza Once, lleno de oulets de ropa cual La Salada) el Taller venia en caida hace mucho tiempo, de los 3 bares pioneros en la zona (Bizarro, Santa Colomba y el Taller) solo sobrevive el Bizarro que fue mudado y que perdio bastante de su escencia original.Calamaro sin palabras, un pobre tipo que fue repatriado con la mayor maquinaria de marketing que vi en la vida, se ve que las discograficas lo necesitan para sobrevivir.
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    01.09.10
    10:55
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    01rufo tiene Medalla Bronce
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    01rufoEsto no significa casi nada. Cuando era superadolescente, iba al bar Ramos, a La Paz, y después a un montón de otros, el Argos, también al Taller. En Los Inmortales la pizza era buena y el Cuartito ni les cuento. Se comía fideos en Pippo por el precio de un café con leche. Todo cambia. Así que mejor para mí es poca nostalgia, mucha memoria y saber que los buenos recuerdos son los de mañana.
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