

Terminemos con las injusticias: basta ya de decir que el programa de Marcelito Tinelli es la ruina cultural de este país, cuando en realidad lo que está haciendo este noble señor es educar. Sí, educar... desde la contra: "¿ven esto, pibes? Bueno, por acá no va la cosa". Es como cuando mi viejo me convidó uno de sus L&M a los 11 años, yo le metí una pitada, por poco no escupo los bronquios y, a partir de ahí, no fumé nunca más. ¿Se entiende?
Ejemplo: gracias a que hacer zapping te lleva necesariamente a toparte con alguna cuestión tinellesca de insoslayable importancia (sé que Alfano renunció a algo, por ejemplo, y yo ni quería saberlo), uno se entera de que existe gente como La Niña Loly, a quién no conozco ni sé bien qué sabe hacer, pero algo me hace sospechar que porta generosas glándulas mamarias y/o un portentoso y resistente cuadril (sep, Google acá me confirma ambas teorías). Acto seguido compruebo que tiene Twitter, en el cual escribe cosas como "cuando tenga tiempo les voy a enseñar como hacer para que un yogur tenga gusto a tortas fritas en nuestra cabeza :) ejercicio de teatro" (sic) y "Susana no puede ser mas genia!!!. Ni loca me le animo al invatible, se imaginan??? jejeje" (recontra sic). Y ante tamaño display de omisión encefálica, ¿qué voy a sentir más que unas ganas locas de leerme las obras completas de Sartre para tratar de no parecérmele en nada? Así es la cosa, muchachos: todo eso que a primera vista parece puterío sin sentido, tiene en realidad un destacable fin educacional.
¿Y a qué viene todo esto? A que, según La Nación, el 25% de la televisión argentina se arma en base a Showmatch. Es decir: está el programa en sí, y después los cientos de miles de esbirros penosos que repiten y repiten y repiten las mismas imágenes, y amplifican las múltiples peleas entre el hambre y las ganas de comer que nos abruman todos los días, lo cual, ya dijimos, terminará siendo positivo para la sociedad de una forma un poco retorcida. Sin embargo, desde este humilde espacio nos sentimos en condiciones de proponer diez ideas (¡ideas!) para que el programa de Tinelli sea aún más entretenido de lo que ya es, teniendo en cuenta que lo miran unos cuantos millones cada noche, y otros tantos todos los días en las repeticiones, aunque no quieran. A saber.
1) Poner a Guido Kaczka a bailar el meneaíto con un tutú contra una pared mientras la hinchada de Tigre le revolea naranjas.
2) Darle a Rocío Marengo un cubo rubik y tomar apuestas telefónicas para ver quién adivina a qué hora exacta le estalla una vena en la frente.
3) Un mano a mano entre Flavio Mendoza y Torricellinet, con los debidos recaudos para la integridad física del segundo.
4) Después del Chupetómetro de Carlitos Balá llega el Petómetro de Tinelli, para que las chicas que bailan también puedan dejar su vicio.
5) Cambiarle las naranjas por cascotes a la hinchada de Tigre sin avisarle a Guido Kaczka.
6) Duelo entre Karina Jelinek y Stephen Hawking, primer bailando un tema de Derek López y después jugando a la Carrera de Mente. Si hay empate gana el que aguanta más tiempo abajo del agua.
7) Darle un libro a Belén Francese y ver qué hace con él.
8) Invitar al piso a un nene de siete años con leucemia y decirle al aire que como Luciana Salazar pifió un paso de la coreografía de un tema de Don Omar, lamentablemente se va a quedar sin trasplante de médula.
9) Cambiar las naranjas por enanos. Pico de rating.
10) Convocar para que bailen a un ciego y a una señora de 80 años (un momento...).

Autor: Diego Mancusi

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