
La ciudad de Bogotá nos sorprende con una agitada actividad cultural que excede la agenda jazzística que nos ocupa. En paralelo a los festivales Jazz en Bogotá y Jazz al Parque, se celebra un homenaje a la gran cineasta Agnés Varda (no dejen de ver su flamante documental autobiográfico Las playas de Agnés), el Museo Botero atrae por su precioso jardín y por una colección que incluye pinturas de Picasso, Leger, Bonnard, Vuillard y Grosz, entre otros y en el Museo de Arte del Banco de la República está colgada la muestra Sensacional de Diseño Mexicano en Bogotá, una feria itinerante que registra el arte y el diseño gráfico en las calles de México, y que también es un libro, con prólogo del gran David Byrne.
En paralelo a la programación musical, el Festival de Jazz de Bogotá ofrece, en el Auditorio Aurelio Arturo de la Biblioteca Nacional, una serie de charlas académicas coordinadas por el especialista Juan Carlos Garay. Los mediodías musicales incluyen una conversación entre el periodista Miguel Camacho y el pianista cubano Ramón Valle sobre el jazz en Cuba y la experiencia del músico con referentes musicales de la isla como Chucho Valdés, Santiago Feliú, Silvio Rodríguez y Emiliano Salvador; una reunión melómana con Eduardo Arias y una selección de sus vinilos de jazz, con joyitas eclécticas de su colección como Jazz Sébastien Bach de los Swingle SIngers y Heavy Weather de Weather Report; e, incluso, una conferencia de este cronista junto a su padre, Carlos Inzillo, sobre las relaciones entre el jazz, el tango y el folclore en la Argentina, y la experiencia del ciclo Jazzología.
La vigésima segunda edición del festival Internacional de Jazz de Bogotá incluyó también presentaciones del Habana Ensable (Cuba), los Blind Boys of Alabama (Estados Unidos) y el Ialsax Quartet (Italia), además de una extensa jornada en la Terraza Gran Estación, con la presencia de carios de los exponentes más notables de la escena local. Entre ellos, el Teto Ocampo Trío, Colina Trío, Asdrúbal,Meridian Brothers y Azul Trabuco.
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El Teatro Libre Chapinero recuerda, por su marquesina a Le Gammar Theater, el cine que Quentin Tarantino imaginó para la venganza final de Inglorious Bastards. Es la noche del miércoles 8 de septiembre y el trío del guitarrista Jaime Andrés Castillo hace las veces de anfitrión de Monty Alexander, plato fuerte de la velada y de todo el festival.
Junto al prolífico baterista Jorge Sepúlveda y el contrabajista Juan Manuel Toro, Castillo explora las músicas colombianas desde una mirada jazzística y sorprende, también, cantando "Alma", una composición suya en formato canción, con guiños spinetteanos y en plan jazzístico, bien distinta a la su versión popularizada por Andrés Cepeda. ("Necesitaba reivindicar esa canción", explicaría mas tarde).
El gran baterista Winard Harper irrumpió con su ritmo mágico en el escenario y pronto se le sumó el contrabajista Lorin Cohen para una base rítmica incendiaria, que dio inicio a un show memorable de Monty Alexander. El pianista jamaiquino, testigo y partícipe de los inicios del reggae el la isla caribeña a principios de los 60, desarrolló una formidable carrera como pianista de jazz, que incluye colaboraciones con grandes como Dizzy Gillespie, Milt Jackson, Othello Molineaux, Shelly Manne, Ray Brown y Natalie Cole entre muchísimos talentos.
Sentado al Steinway, Monty utiliza al swing como eje de su lenguaje jazzísitico, y su despliegue técnico redunda en emoción sublime cuando aborda temas propios como "Trust" (una melodía ascendente, en espiral, cautivante) y versiones de Bob Marley ("No Woman No Cry", "Get Up, Stand Up"), Stevie Wonder ("Isn`t She Lovely"), Dizzy Gillespie ("Manteca") y Duke Ellington ("Take The A Train", "Things Ain’t What They Used To Be"). Para el final, se despide tocando la melódica, en otro despliegue de swing, conectado con sus raíces caribeñas, y emoción.
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Al día siguiente, en el Auditorio León de Grieff de la Universidad Nacional de Colombia, emplazado frente a la Biblioteca Camilo Torres Restrepo, Green Monkey, uno de los grupos más destacados de la escena colombiana (llegado desde Medellín) abrió el concierto más esperado de la serie: el debut en tierras colombianas de Medeski, Martin & Wood. Entre el público pululaban, entre otros músicos locales, los hermanos Mejía, de la excelente agrupación de salsa La 33, con muchas expectativas por el show del trío de groove de vanguardia.
La sinergia entre las teclas de John Medeski (que toca piano de cola, pero principalmente un arsenal de teclados vintage), los tambores de Billy Martin (baterista enérgico, percusionista sutil) y el bajo preciso de Chris Wood, es la clave del éxito de este trío que se volvió un número casi habitual para la cartelera porteña. El impacto de esta primera visita a Colombia acaso sea comparable al del primer show que dieron en La Trastienda de Buenos Aires, una década atrás. Sin embargo, y a diferencia de aquella oportunidad, el eje musical del grupo no es el baile (algo que bien pueden lograr a la perfección), sino una búsqueda basada en el diálogo y la improvisación libre, que puede extenderse a lo largo de casi una hora, logrando el éxtasis de muchos y cierta disconformidad de otros tantos. Sin embargo, el saldo es positivo porque la calidad es sobresaliente y sobre el final, cada vez más relajados, exploran la dimensión que mejor les cabe: la del groove infinito. El broche de esa velada es en el Anónimo, y allí el guitarrista Sebastián Cruz mezcla jazz con champeta, en una extensa jam session de jazz cafetero.
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La gala inicial del Jazz al Parque, otro de los festivales que por unos días transformaban a Bogotá en la capital latinoamericana del jazz, se celebró en el imponente teatro Jorge Eliécer. El quinteto del contrabajista y compositor Juan Manuel Toro, integrado por Jacobo Vélez M. y Plutarco Guío en saxos, Juan Andrés Castillo en guitarra y Jorge Sepúlveda abrió la velada con las canciones del flamante Pentajuma. Cerca de las expresiones de vanguardia, pero conectada con las músicas de raíz, la propuesta fue bien recibida por un público atento y entusiasta.
Lo que vino después fue sencillamente inolvidable. Una Big Band de ¡34! músicos, formada especialmente para celebrar los tres primeros lustros del festival, unió sonidos regionales con la imponencia instrumental de ajustados arreglos jazzísticos, aplicados a composiciones del pianista Juan Diego Valencia (de ese gran grupo que es Puerto Candelaria), del bajista Juan Sebastián Monsalve, del saxofonista Antonio Arnedo, del pianista Héctor Martignon, de la cantante Lucía Pulido y del notable arpista Edgar Castañeda. Una celebración notable, llena de swing y color local, con músicos colombianos de primer nivel internacional (muchos de ellos llegaron de Nueva York, donde están radicados y tocando en el centro de la escena del jazz mundial). Latin jazz para "Celebración", de Valencia; Aires flamencos para "Colibrí", con un sorprendente solo de ¡maracas! De Fernando Torres; melancolía de raíz con "Ver llover", de Lucía Pulido, y un solo imponente del saxofonista César Medina; y el final a puro latin, con gozadera general, para "Maestra", del gran Héctor Martignon. El debut de esta Big Band fue un evento que trasciende a la gala y se convierte, en sí, en un evento central para el jazz latinoamericano, que a pesar de algunos problemas de sonido, ameritaría una edición en DVD.
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Como en aquel capítulo de Los Años Maravillosos donde corría el rumor de una visita de los Rolling Stones en "un lugar llamado Joe en la carretera estatal", entre los melómanos de Bogotá hacía días que circulaba la versión que aseguraba que el mismísimo John Medeski concurriría a zapar al Anónimo (epicentro de la movida jazzística y alternativa de la ciudad). Los Piraña, el grupo de Mario Galeano Toro, del Frente Cumbiero, animó una velada que se extendió en una jam session psicodélica y memorable, con la gran fotógrafa Nora Lezano entre el público. Pero, como era de esperar, Medeski no apareció.
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Al día siguiente, con los montes que rodean a Bogotá como imponente escenografía natural, comenzó el Jazz al Parque propiamente dicho. Asdrúbal demostro sobre el escenario lo que el periodista especializado Juan Carlos Garay aseguraba desde el catálogo del festival "Asdrúbal es un homenaje a la euforia y la espontaneidad que tanta falta hacen en un mundo de producciones súper calculadas. Allí donde amenace el tedio de la rutina, basta con escuchar la música de Asdrúbal para que todo se agite en el aire".
Ante más de diez mil personas, que además del espectáculo musical disfrutaban de puestos de comida (desde pizzas hasta el característico mango biche, con sal y limón), de tiendas de discos y merchandising, como el notable puesto de ¡Bulla! Y de la dinámica de los encuentros con amigos propia de los festivales, el pianista Nicolás Ospina, radicado en Buenos Aires y discípulo de Ernesto Jodos, se presentó al frente de su trío, integrado por el contrabajista Ezequiel Dutil y el baterista Alejandro Lopez. Ospina tocó su hit "Hay café café" y entregó una hermosa versión de la "Tonada de luna llena", de Simón Díaz.
Sebastián Cruz and the Cheap Landskape despertaba muchas expectativas. Se trata del proyecto neworquino del guitarrista colombiano, con la presencia del bajista Tsutomo Takeishi y el baterista Theodore Poor. Una visión universal y vanguardista del jazz, pero con la incorporación de elementos de los ritmos locales.
Dirigida por el baterista de Chicago radicado en Barcelona Joe Smith, A.L.O. (Asociación Libre Orkesta) es un proyecto de improvisación libre por señas, que recuerda las experiencias locales de Santiago Vazquez (Colectivo Eterofónico de Improvisación, La Bomba de Tiempo y La Grande). Algunos de los músicos más destacados de la escena bogotana lograron una auspiciosa relación con el público, que arengó y participó de la propuesta, que también incluía visuales, y de la dinámica del call & response.
Zaperoco volvió a las formas del jazz más clásico, aunque en combinación de porro con swing, cumbia con R&B, bambuco con blues y guabina con funk. El sexteto dirigido por el saxofonista César Medina tiene en William Maestre en los teclados, a un referente histórico y vigente de la escena vernácula. Y fue de los más aplaudidos por el público.
Ya con miles de lucecitas formando una constelación en los cerros bogotanos, en una postal romántica y melancólica, el grupo mexicano Trocker le puso energía rockera a su intenso set, que incluye la presencia del DJ Israel Gómez.
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Después de esa tremenda maratón musical que fue la primera jornada de Jazz al Parque, Medeski, Martin & Wood cerraban el Festival Internacional de Jazz de Bogotá, con una rumba en el teatro Metropol. Con una propuesta similar a la del concierto del jueves, provocaron el baile hacia el final, con picos de groove intenso. Troker, un rato después del show al aire libre, cerró la velada con psicodelia mexicana e improvisación jazzísitica. El Jazz al Parque continúa al día siguiente con highlights como Mike Stern y Hermeto Pascoal, pero nos espera el vuelo de regreso. Hay tiempo de una escapada a un picadero gourmet: una reconfortante sopa de res con cilantro, y la versión bogotana de nuestra parrillada en una despedida gastronómica de una ciudad que alcanzó una entrañable cumbre jazzística.
Por Humphrey Inzillo (desde Bogotá, Colombia)

