rollingstone.com.ar

Bernasconi: dibujos en dos dimensiones

Entrevista con el ilustrador Pablo Bernasconi, a propósito de su flamante libro Bifocal

Un libro, dos mundos. De un lado, Bifocal (Edhasa) plantea un viaje oscuro. Del otro, invita a una travesía radiante. Pablo Bernasconi www.pbernasconi.com.ar, su autor, es uno de los ilustradores más creativos de la escena local. Ha colaborado con Rolling Stone, entre muchísimas otras publicaciones, y sus trabajos también su publican en medios del exterior como The New York Times, The Wall Street Journal y el Daily Telegraph, entre muchos otros.

Bifocal es una aproximación gráfica a dos estados de ánimo distintos, opuestos y complementarios. Bernasconi explora su creatividad, desde su estilo reconocible e inesperado. Una diversidad de técnicas y objetos puestos al servicio de la imaginación, relacionados con frases de artistas en un abanico que va de Atahualpa Yupanki a Jerry Seinfeld y de Groucho Marx a José Hernández.

A modo de introducción del "viaje radiante", Bernasconi sugiere acompañar la contemplación de estas páginas "con una copa de Malbec y discos de Belle and Sebastián, Chopin, Piazzolla, The Beatles, Django Reinhardt, Velvet Underground, Ella Fitgerald y Jorge Drexler.

Para el lado opuesto, el "viaje oscuro", la sugerencia es "un buen Merlot y música de Leonard Cohen, Nick Cave, Charlie Parker, Tom Waits, John Coltrane, Pixies, Anibal Troilo y Radiohead. "Son bandas y discos que me inducen a algunos estados, o que me sacan de otros si las invierto, supongo que como a todo el mundo. Lo cierto es que es posible canalizar ese efecto como catalizador de ideas", explica Bernasconi.

Además de compañía, ¿La música funciona como una fuente de inspiración para tu obra?
Es difícil relacionarla directamente como fuente de inspiración porque en general los caminos son más intrincados o erráticos. Lo que si sucede con la música es que me sostiene los humores, me prolonga los momentos creativos que quiero contener por diferentes motivos. Pero a la hora de pensar o desarrollar cada tema, tengo algunas reglas. Por ejemplo no puedo escuchar música en castellano porque las letras interrumpen continuamente las ideas, diría que las atropellan... Para esos estados es mejor el jazz por ejemplo. Luego, a la hora de la realización, de convocar las herramientas plásticas, puedo escuchar cualquier cosa, incluso tararear melodías mientras trabajo.

¿Cómo surgió la idea de darle dos dimensiones distintas al libro? ¿Dirías que parte más de un aspecto lúdico o con un aspecto bipolar de tu vida y obra?
El libro propone básicamente un experimento. Y es el de editar conceptualmente las ideas desde el humor de turno. Como autores tenemos días buenos y días malos, pero eso no implica que unos sean más creativos que otros o que la calidad de las ideas se resienta, sino que varía diametralmente la óptica, la manera en que devolvemos el significado. Me pareció oportuno comprobar esta teoría y obligarme a sacar ideas optimistas de temas que no lo son, como la muerte o la política, e ideas pesimistas de temas que naturalmente se relacionan con lo opuesto, como el amor o el éxito. Todo esto siendo lo más franco y honesto posible con mis propias observaciones, conservando la sensibilidad por sobre el encasillamiento.

Cada obra de Bifocal está inspirada en una frase de algún personaje célebre, ¿Cómo compilaste esas frases?
En realidad fue al revés, las frases fueron elegidas, en todos los casos, después de generar la obra, luego de pensar y analizar lo que quería decir. Lo propuse de antemano de esa manera para no depender o ser redundante ante el texto. Y fue muy importante como premisa ya que así construyo un libro que se potencia mediante dos caminos que están de acuerdo en lo que cuentan, pero con herramientas diferentes. La fusión del texto y la imagen en todas las piezas, en todos los temas, fue cuidadosamente equilibrada para que en ningún momento sea decorativa.

La elección de cada cita, a veces en forma de frase, a veces como párrafos de canciones o poesías, venía desde libros que tenía subrayados, a autores que sabía de antemano que me podían prestar, como explico en el prólogo, condensadas muestras de lucidez. Tuve que investigar y releer, prestar mayor atención a líricas de canciones que siempre me gustaron, etc. Fue de lo más errático y placentero, porque el libro propone abordar estas temáticas justamente desde lo instintivo. Me gusta usar el olfato, pararme frente a mi biblioteca un rato largo e ir sacando libros que ya leí, recordando historias y conceptos que me atraparon en diferentes etapas de mi vida.

¿Cómo definirías el proceso creativo por detrás de cada ilustración?
Las imágenes que persigo son construcciones de significados, son exponentes de metáforas diseñadas para compartir ideas. Y justamente así lo definiría, como una construcción. Como si usara elementos en lugar de ladrillos, que dan forma a una habitación llena de mensajes. El proceso creativo es largo, y la mayor parte del tiempo la dedico a luchar con un lápiz contra una página en blanco. La ideas en mi caso se forman por perseverancia y no por espontaneidad. Me es imprescindible definir una dirección, un vector, para luego dirigirme a fuerza de mamarrachos.

El collage es una de tus técnicas predilectas, pero en este libro indagás en otras. ¿Dirías que es una búsqueda para evitar cierto encasillamiento?
No me preocupa el encasillamiento, lo que me preocupa es la comodidad que implica la seguridad estética. Es cierto que el collage me brinda soluciones a acertijos que yo mismo me propongo, pero la mayor herramienta que manejo es la conceptual, y me es primordial no depender de una técnica sintáctica para responder a diferentes desafíos semánticos. Es decir, nunca me rindo a utilizar una técnica antes de saber qué quiero contar. Y las formas que elijo en Bifocal, igual que en mi anterior libro, Retratos, persiguen ese objetivo asumiendo obviamente un riesgo. Soy conciente que mi pericia no es la misma ante cada estética, pero resulta casi indiferente si uno le hace justicia al significado. La extensión del sentido amortiza la desprolijidad plástica.

Sacapuntas, matafuegos, piedras de la Patagonia, ventiladores, ojos, serruchos, bolas de pool. Detrás de cada objeto hay una elección ligada a la belleza. ¿Cómo los elegís?
A esta altura casi diría que ya no elijo, sino que veo las cosas así transformadas. Un serrucho es una escalera y un sacapuntas mi cabeza, los objetos naturalmente me prestan significados que aprovecho desde múltiples posibilidades. Considero que la belleza está en el significado y no tanto en la forma, y lo compruebo cada vez que miro algo.

Por Humphrey Inzillo

COMPARTILO
 Notas mas leidas
PUBLICIDAD
Revista Rollingstone