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Conocé a Los Hermanos McKenzie

Cinco veinteañeros improvisan en un viaje al límite entre lo naif y lo perturbador

El apellido ficticio surgió deuna broma interna, fraternal: "Desmitifiquemos la relación con el Father McKenzie de «Eleonor Rigby»", ordena Cecilia, cantante y cara -diáfana, bonita- de la banda, mientras su hermano menor, Nacho, intenta explicar el origen del chiste, pero no puede. El es el gestor del proyecto. Al principio, cuando eran sólo dos y hacían standards de jazz y luego covers "muy desvirtuados" de PJ Harvey, Neil Young o Beck, tocaba la guitarra; hasta que se compró un saxo y decidió encabezar lo que hoy es la sección de vientos. Los Hermanos McKenzie se completan con Marina, Juampi y Matías, una formación de cinco veinteañeros a los que las cosas de la vida, las conexiones, los fueron ubicando dentro de un círculo curiosamente endogámico que define la escena indie actual: Pablo De Caro de Mataplantas este año les produjo su primer EP, homónimo, en el que también se sumó Germán Cohen de Onda Vaga en trombón y, desde el año pasado, Nacho y Marina participan en Les Mentettes Orchestra. El corte, el circense "Vals granjero", y su video (stop-motion con dibujos de Roberta Di Paolo) refuerzan la idea: "Eso que se ve y se escucha ahí es el espíritu que nos nuclea: el de hacer las cosas desde un punto sincero e inocente".

INFLUENCIAS "Está bueno que seamos difíciles de catalogar, porque las etiquetas nunca ayudan", dice Cecilia, que defiende la mixtura. Todos comparten la pasión por los Beatles, pero las influencias son tan variadas (desde Pink Floyd hasta Fun People) que es complejo precisar el sonido de la banda, regido por los vientos -trompeta, saxo, clarinete, flauta- y la dulce e histriónica voz de Cecilia, que es actriz y que en vivo se presta a los cuelgues y la improvisación.

EN VIVO Un tipo con cabeza de conejo los presenta sin hablar cada vez que suben al escenario. Los Hermanos McKenzie son una banda que se define principalmente por su estética, ubicada en el límite que une lo naif con lo macabro y lo perturbador. La sensación que queda al leer Alicia en el país de las maravillas quizá sea la más cercana: desde las letras, desde el arte gráfico, desde su historia y su puesta en escena, los animales humanizados o los humanos animalizados son los protagonistas que deambulan envueltos en una música de circo de fenómenos. La imagen del conejo (también presente en los temas) penetró el inconsciente de los Hermanos desde que Nacho, a los 10 años, armó su propio emprendimiento: "Tenía dos conejos enanos que empezaron a tener hijos y salí a venderlos a diez pesos. Terminé teniendo una página web y trabajando como proveedor de la veterinaria del barrio". Como todo lo que los toca: tenebroso pero atrayente.

Por Yamila Trautman

Mirá el video de "Vals Granjero"

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