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09.11.2010 | 10:45

Norah Jones: el desdén de la sabia

La cantante se sumergió en un pasado perfecto hecho a su medida; crónica y fotos de su show en el Luna Park

Norah Jones. Foto de Tadeo Jones.

El íntimo living infinito

ESCENARIO-GENTE-MATIZACIÓN CON LA ENTRADA. Cuando todos los relojes de los celulares daban un promedio de dos minutos antes de las 20.30, el Luna Park del 8 de noviembre estaba listo para recibir a Norah Jones. Es decir que este recital, cuyo antecedente era el de hace 6 años, parecía volver a cumplir con lo esperado: una voz suave, áspera si se la requiere, algunas líneas orientales (mántricas) y un cuerpo pequeño con mucha proyección.

La marca fuera de ese universo tímido eran las 36 millones de copias vendidas desde 2002, año de su debut con el disco Come Away With Me. La idea –el prejuicio- entonces, era encontrarse con mínimos gestos para muchas cosas, con una cara simétrica y sencilla que ejecutara desde jazz hasta country o blues, con una personalidad exhibida en su timidez y su nostalgia. El quiebre de su último disco, más rockero y oscuro, The Fall, editado en 2009 quizás insinuaba que podría suceder lo contrario. No se sintió así. Y sin embargo, bastó.

Dentro y fuera de la lista

En el escenario de pocas luces azules turquesas, cuatro cortinitas blancas y dos lámparas con tulipas de tela-vodeville, apareció un guitarrista y su percusionista. Sin anuncios disparó ocho temas, algunos ambientales, otros más rítmicos. Sería eso un intento de apaciguamiento para un público que, se le debe haber dicho a Norah, es fervoroso. Lindo, medido. Muy bien ejecutado. Un hermoso cuarto tema.

Después sí, Norah de vestidito con ovejitas. Norah de pelo carré, timidez al poner reiterativamente el mechón detrás de la oreja y Norah, al presentar a su guitarrista Jesse Harris. Toca con ella en Nueva York y está presentando nuevos temas. Ahí se resignificó una actitud de generosidad y la aparición de un músico muy preparado que cuando se investiga se sabe que es guitarrista de muchos discos, letrista de varios y, eventualmente, actor.

Enseguida Norah comenzó su recital con "What am I to You", de su segundo disco Feels Like Home. De una manera ingeniosa fue presentando a la banda a medida que pasaban los temas y donde los instrumentos cobraban relevancia: el percusionista Joey Waronker, James Gadson, el tecladista James Poyser, el guitarrista Marc Ribot y Smokey Hormel.

"Muchas gracias", y el incio de otro hermoso tema, más bluseado (deslizado) "Tell Yer Mama". Enseguida un quiebre con juego de luces para despertarnos con "Light as a Feather"; ahora sí, una estridencia y el cambio a la guitarra.

Aunque, en el pensamiento, la hipótesis: Norah Jones no se sentía bien. Tal vez tuviera algún desacuerdo de show-business imposible de descifrar, o una leve migraña al saber que tenía por delante las butacas llenas de nuestro Luna Park. "Muchas gracias, buenas noches", para ponerse al teclado y ser lo que se veía en los primeros discos, y después "Young Blood". Más arriba, más ¿neoyorkino? Lo cual, creó enseguida la distancia con la herencia: su padre es Ravi Shankar, el virtuoso.

Acá hizo el corte: "Voy a tocar viejos temas para ustedes", es decir, esos que se podían escuchar en el 2004 en alguna reunión, o en algún bar, siempre una canción que viene como de lejos, pero que exige parar la oreja, detener todo ("¿Y esto de quién es?"). Pero no. Surgió una interpretación, de un tema de Johnny Cash y, en el momento de la digestión, anunció que iba a hacer un tema que ama: "Won´t You Ever Take Away". Parecía más animada, o superando la distancia de lo cool.

Después,"Waiting for You to Come", volvió un poco el frío de la distancia, pero enseguida un cálido "Back to Manhattan", al piano con la lamparita de tulipa; un cuadro perfecto.

En dos temas, ya estábamos en "Don´t Know Why", aquel tan escuchado y ahora ovacionado en vivo. Mesura, distancia otra vez: está bien, a ella no le va a gustar cualquiera.

Un tema más para agradecer que hayamos venido, y se va. Podría haberse ido, alcanzaba. Por suerte dio dos temás más. Armados, con orquesta country, suficientemente festivos. El último, "Cause I´m Moving in Your Eyes".

Tal vez después de un par de presentaciones, se vuelva a la calidez que se extraña.

Por Lorena Tcach



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