
En esta última mitad del año, se da en Buenos Aires una suerte de revival de la cultura alternativa de los '90. Primero Pixies y Rage Against The Machine, luego Yo La Tengo y Smashing Pumpkins, y hacia fin de año, Stone Temple Pilots. En el interín, Pavement saldó con el público porteño una deuda pendiente desde varios años, en un marco que dejó a varios fans al mismo tiempo conformes y con un sabor agrio en su paladar.
La jornada tiene doble simbología. Por un lado, es el cierre formal del Hot Festival, que inició en el Luna Park con los ya mencionados Smashing Pumpkins y continuó en Costanera Sur con Massive Attack, Phoenix y Scissor Sisters, entre varios otros. Pero además, este tándem de shows en La Trastienda significa el fin de otro ciclo: el del regreso de Pavement. Después de una gira de tres meses, el grupo californiano volverá a llamarse a silencio hasta nuevo aviso. O sea, este doblete de shows significa al mismo tiempo su debut y despedida de estas costas.
Con solo ver la distribución de la banda en el escenario, queda claro que en esta vuelta no hay lugar para las guerras de egos. Lejos de querer acaparar toda la atención, Malkmus ocupó el lateral izquierdo del escenario, quedando detrás del telón cada vez que retrocedía un par de pasos. En el otro extremo, Scott "Spiral Stairs" Kannberg y Bob Nastanovich se sacan chispas mutuamente, uno provisto de una guitarra y unos pocos pedales; el otro, armado con un set de percusión, un micrófono y un sintetizador. En el medio, Mark Ibold y Steve West se encargan de armar con oficio una base firme que les permita a sus compañeros de banda perderse libremente entre el ruido y la disonancia.
La lista de temas de Pavement sigue el mismo criterio que su archi recomendable compilado Quarantine the Past. De un lado, los temas más difundidos de su obra ("Stereo", "Cut Your Hair"), los himnos propios ("Gold Soundz", "Date with Ikea"), y un cúmulo de canciones que esquiva las obviedades y va al núcleo más duro de su discografía ("AT&T", "Father To A Sister of Thought", "Shady Lane"). Con la misma vitalidad que hace casi veinte años, son capaces de pasar del minimalismo desprolijo de "Spit On A Stranger" a esa bola de ruido amorfa que es el final de "Fight This Generation". El ambiente del lugar parece un viaje en el tiempo a alguna noche perdida en Cemento; desde el primer acorde de "Silence Kid", La Trastienda se volvió una nueva sucursal para el pogo y el mosh.
Manteniendo intacto el desaliño calculado (su marca de fábrica), Pavement planteó un viaje al pasado que durante hora y cuarto llevó al público de vuelta a su adolescencia. En definitiva, fue un acto de justicia tardío: finalmente pudo saldarse una cuenta pendiente, por más que no fuera minutos antes de volver a separarse.
Por Joaquín Vismara

