
La historia de la chica detrás de Best Coast ejemplifica el viraje hacia el Oeste que ha venido dando en los últimos años el indie norteamericano. Nacida y criada en Los Angeles, y luego de algún experimento noise con el que había conseguido telonear a Sonic Youth, Bethany Cosentino se mudó a la otra costa (Brooklyn, Nueva York) y se anotó en una universidad con onda (la New School) para estudiar escritura creativa. No duró ni un año: antes de que concluyera su primer invierno verdadero, la chica no aguantó más y decidió volver a la "mejor costa", California, donde, dice, sin darse cuenta, apenas llegó ya estaba haciendo música de nuevo. "Los Angeles me inspira: me gusta que haya sol, me inspiran las canciones playeras y los estereotipos californianos, sobre los que escribo." Esto la llevó a confrontar a Katy Perry ("vos no representás a la California girl") desde su Twitter y, a su regreso, entonces, se reencontró con un antiguo amigo de la escena noise de Los Angeles llamado Bobb Bruno, un metalero que podía tocar casi cualquier instrumento; y en su casa empezaron a grabar las canciones que Cosentino iba escribiendo una tras otra. Al año, Crazy for You, el disco producto de este encuentro, empezó a poblar los rankings de lo mejor de 2010 y Bethany se coló cuarta en la caprichosa lista de las personas más cool del mundo de la música según la New Musical Express.
ESTILO Sus detractores le imputan exagerada simpleza y superficialidad en las letras (hay incontables versos que riman con las dos palabras del título: "crazy" y "you"), pero Cosentino se defiende: "Podría hacer algo más complejo, pero me gusta escribir de una manera simple y directa. Es deprimente cuando escuchás una banda y las letras tienen millones de metáforas o palabras que no entendés". Su economía de recursos en la lírica, además, va en consonancia con el sonido en general de Best Coast: una versión noventera del pop de los 60; pocos acordes, mucho reverb, y una melodía empalagosa. Crazy for You tiene cosas del punk-pop de los 90 (en eso se emparientan con No Age), como también una serie de trucos sesentosos onda Phil Spector. Cosentino también admite esta nostalgia sonora, y la justifica biográficamente: "Quise que el disco tuviera ese sonido porque cuando vivía en Nueva York y extrañaba mi casa, escuchaba todo el tiempo discos de los 60, porque me recordaban a California. El pop de esa época tiene un espíritu alegre e inocente que me hace sentir bien".
EN VIVO Cosentino confiesa que no logran -ni ya intentan- sonar igual que en el disco, y se aferran a su costado más ramonero. Después de todo, los Ramones también estaban obsesionados con los 60 y la playa. "En vivo somos más punk, más garageros, más despojados", dice ella. "Eso me gusta. Si no, ¿qué sentido tiene ir a ver un grupo que suena igual que en los discos? Para eso te quedás en tu casa."
Por Patricio Orellana

