rollingstone.com.ar

Jane´s Addiction en Buenos Aires: aquí vamos

La banda liderada por Perry Farrell se presentó por primera vez en nuestro país en el marco del festival Movistar Free Music en Puerto Madero; crónica y fotos

Por Yamila Trautman

Esperar es tedioso. Esperar 20 (veinte, vein-te) años es insoportable. Pero Perry Farrell sabe que está en falta: desde que esa pieza fundamental del rock californiano llamada Jane´s Addiction se disolvió por primera vez en 1991, durante esas dos largas décadas, quizás tuvo la oportunidad de ponerle fin a esta (nuestra) tortura. Pero no lo hizo, no trajo a su banda hasta el culo del mundo ni cuando la recauchutaron en el medio ni cuando editaron su disco post-ruptura (Strays, de 2003) ni tampoco cuando volvieron a reunirse con el bajista Eric Avery después de que incontables sucesores ocuparan su puesto, incluidos Flea y Duff McKagan. No. Tampoco lo hizo cuando vino a tocar a Pachá, solo y bajo el alias de DJ Peretz, en diciembre de 2001, un día después de aquella triste debacle. Perry Farrell trajo a Jane´s Addiction a Buenos Aires veinte años después de su disolución original, y veinte años después de dar nacimiento a su mejor vástago, el festival Lollapalooza que ahora, por primera vez, se celebra en una ciudad latinoamericana, la vecina Santiago de Chile. A pesar de su conciencia ("Juana´s viajó por todos lados pero nunca vino a la Argentina", dijo), esa es la verdadera razón (a dos horas de vuelo, si no venían ahora...) por la cual el Movistar Free Music los tuvo como figuras principales durante esta noche del 31 de marzo. La noche anhelada en la que la espera, por fin, se acaba. Y cómo.

La espera, encima, resultó positiva. Porque veinte años después del principio de ese final inconcluso y cíclico -vaya a saber uno cuánto durará la actual unidad, si es que dura-, y un uno más de la edición de su inigualable masterpiece Ritual de lo Habitual, Jane´s Addiction prepara nuevo material de estudio. Y un día después de la presentación radial de la primera muestra, el tema "End to the Lies", a través de una emisora chilena, la presentación en vivo nos toca a nosotros. Y funciona como caricia perfecta para nuestros egos afectados por la envidia festivalera (igual, seamos sinceros, el mapa local de sedes rockeras como está, no podría haber resistido un Lollapalooza Argentina jamás). La grabación del disco nuevo, junto con el bajista de TV On The Radio, Dave Sitek, define la formación actual: Sitek sólo toca en el estudio pero no gira con Jane´s Addiction. La posición problemática es nuevamente ocupada por Chris Chaney (Slash, Alanis Morissette y presente en Strays). Y el trío restante ya lo conocemos: Farrell, el percusionista Stephen Perkins y el rock-star en eterna pose, conductor de realities y mediático come-estrellas porno, director triple X, el único e inigualable, el guitar hero, Dave Navarro. Y a esta altura, ya ni hace falta comentar su estética: su nombre es una marca de imagen registrada.

Así las cosas, después de las presentaciones de Bicicletas y Edward Sharpe and The Magnetic Zeros (colectivo indie folk-rock y pseudo-hippie oriundo también de Los Angeles que arengó con sus himnos alegres), el comienzo con la necesariamente violenta "Whores". Perry Farrell, de estricto negro pero con pañuelo al cuello, aparece para demostrar que él no sólo es el responsable de que todo esto esté sucediendo sino que es un verdadero dios pagano del rock (un "Godlike Genius", como supieron llamarlo). Esa voz no puede ser de esta tierra, claro está. Aguda, penetrante, infantil, poderosa. Y a los 52 años recién cumplidos (hubo "Happy Birthday, dear Perry" entonado de nuestra parte) esos movimientos exagerados, esas corridas a través del escenario lo postulan como uno de los mejores alumnos del viejo Iggy. Farrell es un entretenedor elocuente y un predicador del pecado, un líder carismático de morisqueta fácil.

"Whores" marca el inicio perfecto para lo que será una ceremonia sexual que llegará a su punto álgido con el imaginario porno-herético que define el ritual de lo habitual (el de todos, ese en el que no hay mal ni bien, sólo hay dolor y placer): dos chicas colgadas haciendo piruetas aéreas, look sadomaso. El mismo look que Etty Lau Farrell, mujer y bailarina, co-equiper del proyecto Satellite Party (a propósito: ¿en qué quedó eso?) usará para actuar y frotarse junto a otro bombón voluptuoso durante algunos temas. "Three Days", cortando al medio perfecto el setlist de sólo trece temas, resume todo con sus diez minutos épicos: la puesta alusiva a la anécdota del trío lisérgico con Xiola Bleu, las sensaciones extremas provocadas por los alti-bajos de un track grandioso, capaz de elevar, poseer, violentar e hipnotizar al mismo tiempo. La demostración plena de cuatro virtuosismos distintos; la línea de bajo del inicio, la cabalgata central de Perkins, los solos grandilocuentes de Navarro y la espectacularidad lírica de Farrell, Jesús erótico, que terminó durmiendo con sus marías sobre un colchón vertical de símbolos sacrílegos.

¿Qué más podíamos pedir? Y... que a la oscuridad más post-punk alternativo que rige temas como "Mountain Song" o "Ocean Size" y a la sensualidad mórbida de "Ted, Just Admit It..." (las tres del disco debut Nothing´s Shocking) se le sumara la algarabía pop de "Been Caught Stealing" (It´s mine, mine all mine!) y un final con la explosiva "Stop!", decorada con millones de papelitos cayendo en forma de lluvia plateada. No hizo falta. El único bis, "Jane Says", con Perkins en calzones al frente para tocar bongó y redoblante y Navarro pasando por primera y única vez a la acústica, expresó el pensamiento de Juana. Y si en ese mismo momento el nuestro tuviera que estar representado por un único tema, sin dudas sería "Thank You Boys".

COMPARTILO
 Notas mas leidas
PUBLICIDAD
Revista Rollingstone