
Jean Lorrain (1855-1906) fue poeta, cuentista, novelista, homosexual declarado (afecto al maquillaje, las joyas y los perfumes) y, principalmente, toxicómano. Su desmedida y duradera pasión por el éter, que como el láudano, la morfina o el opio circulaba cuantiosamente por los cenáculos literarios decadentistas del fin de siglo XIX, le valió nueve úlceras en el intestino que acabaron por matarlo. Estos breves relatos sobre eteromanía, en cuyo título resuenan las Confesiones de un opiómano inglés de Thomas de Quincey, retratan sutilmente las sombrías alucinaciones provocadas por el abuso de esa droga y por la excesiva exposición a otros "tóxicos" complementarios: el alcohol, la literatura y el arte.

