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17.05.2011 | 15:35

Especial comedia: el nuevo de CQC

Andrés Kilstein, el sociólogo que entró a Caiga Quien Caiga, le canta a Bono en idish y se expone a los patovas de Fort

Foto de Catalina Bartolomé

El 2010 estaba buscando su recta final cuando Andrés Kilstein, 29 años, sociólogo de la UBA naturalizado comediante, esperaba que el destino le mostrara por cuál de los dos caminos que se le abrían ahí adelante debía encaminar los pasos: si la beca del Conicet, a la que se presentó para poder estudiar el campo de la discriminación y los nacionalismos argentinos durante la década del 60, o un lugar como notero rutilante en la grilla de largada del nuevo Caiga quien caiga. Para la beca del Conicet sacó una puntuación alta justo en el año en que el resto de las puntuaciones fueron muy altas, así que lo que escuchó fue la voz de su propia suerte cuando la producción de Cuatro Cabezas, en final abierto, le confirmó que sí, que sería él, que 2011 lo encontraría con el traje negro y el fierrito en la mano resolviendo abordajes varios: a Rodríguez Larreta, a Ricardo Fort, al que hubiera que abordar. CQC le abría las puertas que el Conicet le cerraba y entonces acá lo tenemos, siguiendo la huella que abrieron Andy, Tognetti, Malnatti, Clemente. Y a ver hasta dónde Andrés la hace llegar.

Andrés viene de una familia progre judía con papás profesionales que, mientras pudieron, le pagaron una educación en el Jean Piaget y que nunca lo llevaron a Hebraica ni le enseñaron el idish, es decir: tuvo que descubrirlo solito y encontrar en esos sonidos profundos, entre las asperezas de esa lengua santa, las posibilidades del humor. Así fue desarrollando sus líneas malditas en idish, que llevó al programa de radio de su primo, Gerardo Rozín, donde Andrés agarraba el micrófono y, por ejemplo, bramaba: Alestein zoln fun im aroisfalen nor einer zol im balibn oif tsein veitog. Que, traducido, significa: ojalá se te caigan todos los dientes y el que te quede, te duela. El texto breve, esa pequeña arquitectura del humor que es el aforismo, fue dándole buenos resultados y así llegó su primera oportunidad en la televisión de aire. Fue en Sin codificar, el caótico y entretenidísimo programa de Diego Korol. Se presentó al casting de freakies y, delante de un jurado compuesto por el enorme Yayo Guridi, además de dos luminarias del trash criollo como Alejandra Pradón y Cae, dijo: "Desde que voy al psicoanalista ya no me importa lo que piensa la gente; ahora me importa lo que piensa el psicoanalista".

La reacción, dice Andrés, no fue ni la carcajada ni la desaprobación. La reacción fue el silencio, es decir, la perplejidad. "Nadie entendía si eso era un chiste, una joda para la producción o simplemente un error. Se quedaron todos mirándome un rato. Después pasó el siguiente participante."

Y ganaste otro casting, el de Caiga...
Sí, era el programa que yo esperaba siendo adolescente. Y ahora me toca una parte de hacerlo, es extraño.

¿Cuáles son las principales diferencias?
El laburo es mucho más difícil de lo que se ve desde afuera. Además de las corridas, las guardias y los tiempos muertos, resulta que después lo tenés al personaje treinta segundos, si es que aparece. Y ahí no tenés mucho margen de error.

Arrancó cantándole a Bono covers de U2, pero en idish. Y siguió haciéndose amenazar de muerte por la seguridad de Ricardo Fort. Y esto es, apenas, su tibio comienzo.

Por Alejandro Seselovsky

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