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27.05.2011 | 18:22

Más memorias de Hugo Fattoruso (parte 1)

Los bonus tracks de la entrevista retrospectiva al gran tecladista y compositor uruguayo Hugo Fattoruso; hoy: Eduardo Mateo y Jaime Roos

En la edición de este mes, Rolling Stone publicó una extensa entrevista al genio uruguayo Hugo Fattoruso, recordando sus años como artista cachorro en el Hot Club de Montevideo, la explosión beat en el Río de la Plata que provocaron Los Shakers y el candombe sideral que proyectó, desde los Estados Unidos, el Opa Trío. Este viernes, 27 de mayo, Hugo se presenta en el teatro Sha, recientemente recuperado, junto a Rey Tambor, el grupo de piano y tambores integrado por Diego Paredes en tambor piano; Fernando Núñez en tambor chico; y Noé Núñez en tambor repique. La cita es en Sarmiento 2255, a las 21.30.

A modo de bonus tracks, estos fragmentos de la histórica entrevista repasan la relación del talentoso tecladista, compositor y cantante con algunos de los artistas más importantes del Uruguay: Eduardo Mateo y Jaime Roos.

Eduardo Mateo y El Kinto

Rada contó alguna vez que en Estados Unidos tenías una obsesión y una debilidad especial por una canción de El Kinto, "Suena blanca espuma", ¿cuál es la clave, o la magia, de esa canción?
Y, es El Kinto, me parece. Es su potencial: todo lo que hace El Kinto. Y todo lo que hace Mateo, ¡ni se habla! Es su primer disco, y es muy fuerte. Pero nada especial, sino que conforma todo lo especial que trajeron ellos al universo de los oídos y del espíritu de las personas que escuchan El Kinto.

Hubo una experiencia de un trabajo conjunto que quedó trunco y del cual quedó "La casa grande"...
Solamente... y me cagó a pedos Mateo. Decía que yo no quería tocar con él, y yo le digo "pero yo soy tu fan número uno. No sé dónde poner los dedos..."; "No, vos no querés tocar conmigo...". Después lo agarré y le dije: "mostrame el primer acorde, dejá la mano quieta". entonces era La, Si bemol, Do, Do sostenido. ¡Todo cluster! "Porque yo no la sé tocar así...". Entonces no me rompas los huevos, loco. "¿Querés que la toque? mostrame lo que mierda estés tocando, porque yo no sé esos acordes". Y eramos amigos. Y así fue. Después perdí la partitura en un viaje que hice de Río a Montevideo para tocar con Chico Buarque. Y tenía el pasaje, pero no fui del odio. Por todos los lugares que había parado, por todos los bares que había parado a preguntar si no habían encontrado una carpeta por ahí que tenía eso. Tenía unas letras y unos piques míos, pero lo que tenía de valor para mí era esa partitura.

¿Y por qué no siguieron?
No me invitó más. Yo lo respeto tanto que le disparaba. "Hacé las cosas vos, yo te voy a enchastrar la grabación". Pero en "La casa grande" a mí me fue bien. ¡Qué tema espectacular! ¡La letra esa no se puede creer!, ¡El tema no se pude creer!. "Es un son moruno (sic)", decía. ¡Es lo más grande que hay Mateo!

Jaime Roos

¿Cuándo lo conociste a Jaime Roos?
Mi madre me mandó a Los Angeles Mateo solo bien se lame y Candombe del 31. Me llegaron juntos. Me agarré una calentura verde porque llegó a la casa de Airto y él abrió el paquete que era para mí. No sólo eso: escuchó el disco y tuvo el tupé de decirme "escuché a Mateo, no me gusta eh". Yo lo quedé mirando y al final dije: "no le digo nada, es un atrevido". Abrió un paquete que no es de él, escuchó y lo meó todo al otro. Lo podés mear, porque puede no gustarte, no te tiene que gustar. Pero si no le llegás ni a la altura de la suela del zapato, hermano: para abrir la boca tenés que lavarte con clorofila. En fin, ahí conocí a Jaime, al punto de que me enamoré: escuché el disco y dije "este loco ¿qué negocio?" y ahí no sé cómo conseguí lo que había grabado antes, en Europa: Para espantar el sueño y Aquello. Bueno, "Aquello" me estalló la cabeza hasta el día de hoy, chau.

¿Y cuándo se conocieron personalmente?
Yo me hice ultra fan, como uruguayo. Y cuando fuimos a tocar con Opa a Montevideo, regresando de Estados Unidos después de estar once años afuera, en 1980 primero estuvimos en Obras, tres noches de teloneros de Milton. Pero cuando llego al cine Plaza, entro al camarín y Ringo me dic: "¡Mirá quién está acá!". Ringo era hincha también porque yo le pasé las grabaciones; le mandaba casetes porque ya no vivíamos juntos. Y se hizo hincha como loco. Entonces le digo "¿Quién es?". "¿Cómo quién es?", delante de él. "¡Miralo!". "¿Vos quién sos?", "Soy Jaime Roos", "No me jodas loco, vos no sos Jaime Roos.". ¿Sabés lo que me decía? "Soy yo, en serio, soy yo".

¿Pero vos no habías visto la foto...?
Sí, yo había visto la foto. Pero para mí era otro tipo este. Y yo le digo "¿Vos sos Jaime Roos? Vos me estás jodiendo", así como tres veces; y él, pobre, me decía "Soy yo, yo soy Jaime". Así que ese día, Jaime llegó de Holanda, fue a la casa de la madre, le dejó la valija, le dio un beso y se fue para el Cine Plaza, derecho. Porque se enteró que tocaba Opa, y él era hincha de Opa.

Jaime tiene como regla que él no saca un disco si vos no participas de, aunque sea, un tema.
Es un capo: es un divino amigo y lo quiero y lo admiro mucho. Puede hasta mandarme a cagar que yo lo sigo queriendo de la misma manera. y admirándolo y consumiéndo como si fuera pan caliente o el aire que respiro todo lo que él compone y arregla. Lo considero un genio, un capo y un incansable trabajador. Un tipo muy inspirado pero que igual le da vueltas dos años a una cosa para quede perfecta. Es tenaz. Y grabando también, te empieza a romper las bolas. Pero es un capo, yo lo admiro al punto más alto que consiga, lo admiro. Soy amigo de él también, amigote. Pero son dos cosas separadas.

Por Humphrey Inzillo y Claudio Kleiman

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