
Para Merrill Garbus, el siglo XX nunca terminó: el intento de aplicar al ámbito musical aquella máxima que llevó a Virginia Woolf a constituirse como estandarte del movimiento feminista ("Para escribir ficción, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio"), a cualquiera hoy le parecería anacrónico, incluso idiota. Para hacer buena música, todos necesitamos lo mismo, hoy y siempre. Sin embargo, esta estadounidense de 32 años, parece haber querido demostrarse a sí misma que sola, encerrada y sola, podía lograrlo. Así, nombró a su proyecto tUnE-YaRdS (el intercalado de mayúsculas y minúsculas es intencional) y grabó un disco en su casa. Un grabador digital, un software de edición y mezcla: los loops superpuestos de su increíble y poderosa voz comandando un patchwork de sonidos encontrados, inusuales métodos de percusión (como el carraspeo que usa en "Jamaican") y algunos arreglos de ukelele. El resultado fue Bird-Brains (2009), un compilado esquizoide de canciones inclasificables; folk, funk, R&B, soul, pop experimental y, sobretodo, lo-fi. La reedición, en junio de ese mismo año, estuvo a cargo de Marriage Records y más tarde del sello británico 4AD: la conquista de los oídos transatlánticos fue inmediata, ya era hora de abandonar el cuarto propio. Entonces, y después de girar junto a los Dirty Projectors, en un estudio y con músicos de verdad, Merrill dio vida a su segundo monstruito, w h o k i l l (2011). El vínculo entre la composición sofisticada y la ejecución primitiva predomina y se complementa con arreglos tribales, sonidos africanos, más beatboxing y letras que dan cuenta de esa necesidad originaria de demostrar su fortaleza de género e imponerse como una justiciera musical.
SONIDO El paralelismo es válido: podríamos decir que Merrill Garbus es una suerte de Juana Molina yanqui. Quizás más extrema, quizás más violenta. Los loops vocales, el poderío de la versatilidad de sus cuerdas, definen su particular estilo y la pasión obsesiva por África (visitó Kenya antes de componer Bird-Brains y quedó fascinada) la transforma en otro nódulo en la línea trazada por el Graceland de Paul Simon, aquella que Vampire Weekend volvió a reflotar como materia de discusión un par de años atrás. El crítico inglés Simon Reynolds, defensor de aquel cuarteto neoyorkino, posó su atención sobre el proyecto aunque, hasta el momento, sólo le dedicó un Twit: "Escuchando w h o k i l l de tUnE-YaRdS a pesar de que, extrañamente, a veces me recuerde a... Sublime". De todas maneras, esta incapacidad de encasillar su música, da cuenta de que en la superposición infinita de capas sonoras y estilos está la clave distintiva de Garbus.
VIVO Aunque esté acompañada de, por lo menos, el bajista Nate Brenner, Merrill se la banca sola en sus presentaciones en vivo. En ese sentido, se la compara con Panda Bear, miembro fundador de Animal Collective, pero su acto es menos lisérgico y más duro. Doble redoblante, palillos en mano, pedales y una actitud desafiante, el poderío de sus gritos a capella (ver "Gangsta", por ejemplo) empuja los límites de la comodidad de la audiencia hacia otro plano: hay algo en su convicción y su postura que intimida y atrae al mismo tiempo. Desde sus primeros pasos en sesiones a micrófono abierto, el lema que la acompañó fue "Captar la atención de la gente o morir". Bien que lo logra.
LOOK Dijimos que Garbus era una chica de 32, yanqui, oriunda de Nueva Inglaterra, pero no hablamos de su peinado ni de porqué, en algunos sitios, sus notas incluyen el tag "Moustache". Datos superfluos, dirán. Sin embargo, su corte de pelo irregular, freak, y una marcada desidia estética también la definen y vuelven a confirmar qué es lo que realmente le importa. "Por más que la gente piense que ya no es necesario, creo que es bueno para las mujeres de todas las edades poder ver a otras mujeres siendo realmente raras, bizarras y ruidosas", declaró en una entrevista. Y, el ocho de marzo de este año, mediante su Twitter exclamó: "100 años del Día Internacional de la Mujer. Gracias Rolling Stone por elegir a los tUnE-YaRdS para su Hot List pero, ¿podrían, por favor, poner más mujeres en sus portadas?". Insaciable.
Por Yamila Trautman
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