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Consumo colaborativo: gracias por compartir

No sólo de música y películas esta hecha la revolución p2p: una nueva generación de redes sociales le da forma al consumo colaborativo, un sistema de trueque futurista para la vida real

 

En agosto de 1955, la revista Life publico un artículo titulado "The Throwaway Living" (algo así como "la vida del descarte"), una oda al despilfarro ilustrada con una fotografía de una familia lanzando objetos de plástico al aire. Cincuenta años después, el consumo sigue operando bajo aquel principio de comprar, usar -ostentar- y descartar. Consumo conspicuo, como lo bautizó el economista Thorstein Veblen, en 1899.

Siguiendo esta lógica, muchos productos son intencionalmente diseñados para fallar y luego ser reemplazados. Esta práctica se denomina obsolescencia programada. Algunos la consideran primordial; otros, una aberración. Por ejemplo, en 1924, la duración de las bombillas fue pactada por un cartel de fabricantes. El que hacía focos duraderos era eliminado de la faz del mercado. Hay un documental de la TVE titulado Comprar, tirar, comprar que describe el asunto en detalle.

Tu vieja computadora, por citar un cachivache tech, forma parte de los 2,5 kilos anuales de basura electrónica o e-waste que produce en promedio un argentino, según Greenpeace. El Programa Ambiental de las Naciones Unidas (UNEP) estima que, en todo el mundo, 40 millones de toneladas de e-waste se generan por año. Sólo entre el 15 y 20 por ciento es reciclado. El porcentaje restante yace en basurales de países como China, Kenia o India, donde muchas personas, con tal de conseguir metales, queman equipos obsoletos exponiéndose a gases venenosos.

Sin embargo, para la escritora y consultora Rachel Botsman, "algo está cambiando", irónicamente, "gracias a la tecnología". "De pronto, las conductas de compartir entre pares que surgieron alrededor de la música, la fotografía, los videos, comenzaron a extenderse a otras áreas de nuestra vida real", explica Rachel, vía Skype en un tono didáctico.

Botsman es coautora, junto con Roo Rogers, de What's Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption [lo que es mío es tuyo: el surgimiento del consumo colaborativo]. El libro, aún no editado en español, explica cómo la estigmatizada cultura p2p echa raíces en el mundo real para solucionar la ecuación del consumo conspicuo. "Estamos cambiando no sólo cómo consumimos sino también qué consumimos", recita Rachel como si se tratase de un mantra que repite en charlas de la talla de TEDx o Authors@Google. Y precisa una definición sobre el nuevo consumo colaborativo: "Comportamientos colaborativos como el trueque, préstamos y negocios entre pares, que existieron siempre, habían perdido relevancia; ahora están siendo reinventados en una escala que nunca antes vimos. Todo gracias a internet, que funciona como una inmensa máquina de conectar gente".

Consumir pero al mismo tiempo reducir, reusar, reciclar, reparar y redistribuir es el lema del consumo colaborativo o CC. Algo que puede cristalizarse en plataformas libres como Freecycle.org que, entre sus ocho millones de miembros, junta a una persona que se quiere deshacer de algo que no usa con otra que necesita ese algo pero no puede o no quiere comprarlo. ¿Más ejemplos? Gocarshare.com, que facilita que la gente comparta vehículos para generar menos contaminación y ahorrar combustible; relayrides.com, alquiler de autos P2P; sparked.com, plataforma de microvoluntariado que permite donar minutos a causas nobles. Botsman aisló algunos de estos mercados interconectados, los estudió en detalle, acuñó una etiqueta elegante, escribió un libro y fundó una consultora llamada CC Lab. "No inventé esto, sólo uní los puntos", reconoce Botsman.

-Además de internet como máquina de conexiones, ¿hay otros factores que permiten el CC?
-Internet es importante no sólo por su eficiencia para conectarnos, sino también porque da tranquilidad. Si algo nos dice el éxito de eBay es que la tecnología facilita la confianza entre extraños. Además, hay una toma de conciencia sobre el medioambiente. Y ya sea debido a la crisis global, GRACIAS POR COMPARTIR No solo de musica y peliculas esta hecha la revolución P2P: una nueva generacion de redes sociales le da forma al consumo colaborativo, un sistema de trueque futurista para la vida real o a una crítica profunda al sistema, la mentalidad del consumidor cambia.

Para Rachel el hecho de que en eBay, durante 2010, 94 millones de pares hayan vendido ítems por 92 mil millones de dólares, con un nivel de satisfacción cercano al 99 por ciento, es prueba de que la confianza entre extraños reflota gracias a la tecnología. Y, para colmo, un pequeño plus ecológico: desde eBay aseguran que, al comprar computadoras usadas, por ejemplo, se ahorran al año 96.000 toneladas de emisiones de gases invernadero. Para que el CC sea posible deben existir cuatro factores. Dos de ellos están garantizados en la red: creer en el bien común, algo probado en proyectos como Wikipedia, y generar confianza entre extraños, algo ya presente en sitios como eBay. El tercer factor es la capacidad ociosa. Es decir, dado que consumimos por demás, siempre hay algo que tenemos pero que no usamos. Un taladro, por ejemplo, se utiliza un máximo de trece minutos durante toda su vida útil. Entonces tenemos Thehirehub.co.uk, que junta al dueño del taladro con el que necesita el agujero. Finalmente, el cuarto factor es la masa crítica o cantidad suficiente de usuarios para que cualquiera de estas redes funcione.

-Ahora bien, en un mercado tan competitivo, donde todos pelean por captar la atención, ¿no hay demasiada presión del capital?
-Que existan presiones del mercado obliga a competir y buscar nuevas oportunidades para generar masa crítica. Las grandes empresas también empiezan a sumarse. Por ejemplo, en el último año, BMW y otras automotrices crearon sus propios sistemas de car sharing. Esto es muy importante, porque por primera vez vemos autos diseñados para ser compartidos. El adjetivo "colaborativo", de hecho, no implica incompatibilidad con la búsqueda de ganancias, aun cuando muchas de las plataformas del rubro no tengan fines de lucro. Por ejemplo, AirBNB.com, que conecta gente que alquila casas o habitaciones sin uso con gente que las necesita, recibió 7,2 millones de dólares de fondos de inversión y es una de las startups del momento.

-Desde Sudamérica, uno podría pensar que el CC es exclusivo de economías ricas...
-Es verdad que uno puede mirar al CC como un sistema exclusivamente diseñado para administrar abundancia. Pero en realidad es un modo de hacer el sistema más eficiente desde el punto de vista social y del medio ambiente. Muchas de estas iniciativas son ideales para países en vías de desarrollo. Como dándole la razón, un mercado electrónico pequeño como el argentino registró, el último año, operaciones entre pares por 620 millones de pesos, según Cace.org.ar. La etiqueta del CC engloba además plataformas de micropréstamos p2p como Kiva, una organización sin fines de lucro que facilita los microcréditos en países en vías de desarrollo; o Couchsurfing.org, una comunidad en la que las personas reciben turistas en sus casas a cambio de la módica suma de nada. En todos estos casos la reputación es vital. Tan vital, que en palabras de @rachelbotsman: "La reputación va a ser un sistema de valor más poderoso que nuestra historia de crédito".

Entonces, repasemos. La reputación es el nuevo valor y tener acceso es más importante que ser propietario. O, dicho de otro modo, en la economía peerto- peer se necesita una habitación, no un hotel; un agujero, no un taladro... música, no discos. Según Rachel, todo esto implica un cambio fundamental de escala histórica: "Estamos recién en el comienzo de nuevos ecosistemas de mercado, en los que la relación con la propiedad cambiará. En doscientos años, el consumo colaborativo tal vez sea tan importante como la revolución industrial", lanza.

-Con casos de éxito como los citados en el libro parecería que el CC es imparable. ¿Cuál es la principal amenaza que enfrentan estas predicciones?
-El miedo. El miedo de las grandes compañías y carteles que ven esto como una amenaza y no como una oportunidad. Algo muy parecido a lo que pasa con la música desde Napster. La industria se opone con medidas legales, y tarda en darse cuenta de que el modo en que las personas comparten y acceden a la música cambió.

Por Ignacio Román | Ilustración de Ariel López V..

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