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El libro de los cancionistas

Este miércoles, en la Biblioteca Nacional, se presenta el libro Cancionistas del Río de la Plata, de Martín E. Graziano

El periodista platense Martín E. Graziano (coautor de Estación imposible, la historia del Expreso Imaginario, discípulo del gran Sergio Pujol y colaborador de Rolling Stone) entrega en su nuevo libro un panorama indispensable para entender la canción actual en el Río de la Plata. Asesinato del rock, el manifiesto que Pablo Dacal escribió en diciembre de 2006, es el punto de partida conceptual ("Nuestra música, al igual que nuestra vida, debe dejar de relacionarse con temporalidades ficticias como el futuro o el pasado para enfrentar lo actual en toda su crudeza"). Graziano elabora, a partir de allí, un retrato con entrevistas en profundidad a los artistas más destacados de esa escena de artistas sensibles y sutiles en constante movimiento, que encuentran en el uruguayo Fernando Cabrera un referente estético y en las playas del departamento de Rocha un refugio inspirativo. De Onda Vaga y Martín Buscaglia a Gabo Ferro y Julieta Rimoldi, pasando por Lisandro Aristimuño, Alfonso Barbieri, Manuel Onís, Pablo Grinjot y Alvy Singer, entre otros, son reflejados por la prosa de Graziano y la lente de la fotógrafa Lula Bauer. Liniers aporta en historieta las Cosas que te pasan si escuchás música y Tálata Rodríguez evoca las nochebuenas del restaurant-cuartel La Aromática. El libro, que lleva como subtítulo Después del rock: una música popular para el siglo XXI, es una obra imprescindible para entender el arte de la canción desde una perspectiva intimista y social. Antes de su presentación, este miércoles 17 de agosto en el Auditorio de la Biblioteca Nacional, Agüero 2502, a las 19, Graziano reflexiona sobre su libro y la escena.

¿Cómo definirías las similitudes estéticas que conforman la escena cancionística en el Río de la Plata?

Hay un error bastante común al respecto, y tiene que ver con la lectura superficial que suelen hacer muchos medios sobre la escena. Según ese error, la escena es un puñado de cantautores acústicos y melancólicos. No estoy de acuerdo. Digo, cuando uno escucha a Ezequiel Borra tocando con Los Dibujantes (su ensamble eléctrico), lo que escucha no es solo -o precisamente- rock. O al menos no lo es tal como lo entienden en la actualidad los grandes festivales o incluso el indie (quizás lo sería en los 60, cuando era más inclusivo. por ejemplo, si el primer disco de Almendra apareciera hoy, ¿sería rock?). Desde luego, hay rock en la música de los Cancionistas, pero no sólo rock. Por eso, creo que la matriz estética hay que buscarla en otro sitio. A ver: todos los músicos retratados en el libro tienen una formación musical y afectiva que viene del rock. Sin embargo, en algún momento sintieron que se había convertido en una música -y un mercado- asfixiante. y antes de estrellarse decidieron lanzarse a explorar otros territorios. De acuerdo a los intereses de cada uno, se acercaron a los folklores latinoamericanos, al tango, la MPB, el canto popular uruguayo, la chanson, la trova comprometida, la música africana, el cabaret berlinés y hasta el songbook americano. También, en algunos casos, a la música académica y la (mal) llamada electrónica. Lo metabolizaron todo. Durante y después de todo ese camino parabólico, volvieron siempre a la canción. Siempre la canción popular.

¿Qué criterio utilizaste para realizar el recorte de los entrevistados para el libro?

El libro toma como modelo, abiertamente, Cómo vino la mano de Miguel Grinberg. En ese sentido, es un retrato colectivo y en movimiento que privilegia lo documental. Por esos las fotos de Lula Bauer, por eso las historietas de Liniers, las conversaciones y las voces invitadas. Quizás sea un poco pretensioso decir esto, pero la idea es dejar registro y buscar una identidad. Una genealogía musical posible. Por eso, como en el libro de Grinberg, los entrevistados son los cancionistas que construyeron el espacio. Las caras visibles. También los uruguayos que encontraron un espacio inédito en ese contexto, como Martín Buscaglia, Ana Prada y Eli-u Pena. Por otra parte, está claro que una escena no la forman sólo esos cantantes. La escena también son los músicos que los acompañan, sus referentes, algunos bares, algunas casas, libros, fotógrafos, productores, escenarios, periodistas, discos, programas de radio, un público y, sobre todo, canciones. Por esa razón, si bien el libro se organiza alrededor de algunos nombres, son fundamentales todos esos personajes transversales que aparecen uniendo la trama. Esa trama es la escena.

Al comienzo del libro mencionás un show de Dacal en La Vaca Profana cantando a sus contemporáneos. ¿Qué otros shows de éstos cancionistas evocarías como mojones?

Un concierto paradigmático fue, para mí, aquel recital que Fernando Cabrera brindó en los estudios ION. Dado el contexto, el público no era muy abundante. Pero el concierto operó como aquel disco de la Velvet según Eno: con esa música, todos hicieron algo. Todos dispararon en alguna dirección. Había periodistas (como vos y yo), productores (como Gaby Patrono) y una pila de músicos y cancionistas: desde Tomi Lebrero hasta Manuel Onís, pasando por Alvy Singer, el Tigre [Juan Beltrán Peyrú], Pablo Paz, Georgina Hassan, Lea Bensasson. Claro que fueron muy importantes los Festivales de Cantautores con Orquesta del Xirgu y el IFT, los Ateneos de Lisandro y Gabo, Onda Vaga en el Coliseo y Lucio Mantel presentando Miniatura en el Xirgu. Pero me parece que la escena se construye, más que con esos episodios extraordinarios, con la recuperación de los ciclos como número estable. Con la recuperación del oficio: pienso en los músicos de tango en las radios, las orquestas típicas tocando en los bailes y hasta Los Gatos en La Cueva. Esa impronta es fundamental para esta generación, que se curtió compartiendo canciones en esos sitios tan pequeños como abandonados por las políticas culturales (y las agendas de los medios masivos) como El Nacional, Despacio Martínez, el Pacha, La Castorera, Visha Bravar, Espacio Dadá, Vuela el Pez, el CAFF, Matienzo y La Aromática, entre otros.

Ah, y ahora que lo pienso, también hay dos o tres festivales emblemáticos que le otorgaron entidad a la escena. Uno es el festival Ah Bue, germen de Onda Vaga. Los otros fueron dos eventos espontáneos. Uno ocurrió cuando les robaron los instrumentos a Jano Seitun y su bajista, Lu Martinez. Para recuperar algo de lo que perdieron, Lula Bauer organizó el Big Band Fest, donde tocaron y se plegaron casi todos los músicos (y más) que aparecen en el libro. El otro pasó hace poco: cuando Lula Bauer fue convocada para trabajar en Colombia junto al gran Joel Peter Witkin. Para ayudarla a costear el viaje, se armó un festival bautizado el LulaPalooza, donde tocaron Pablo Grinjot, Pedro Fertil, Julieta Sabanes, Nacho Rodriguez, Tomi Lebrero, Lucio Mantel, Faca Flores, Seba Rubin y el Gnomo, entre muchos más.

¿Qué significa para vos que el libro sea editado por Gourmet Musical?

Es un lujo, porque me permite ufanarme de compartir editorial con gente que admiro mucho como Sergio Pujol y Miguel Grinberg. Pero -sobre todo- tiene todo el sentido del mundo, porque el riguroso catálogo que organizó Leandro Donozo es un mapa de la música popular argentina. Un cosmos donde conviven desde Leopoldo Federico hasta la primera generación del rock argentino, pasando por Tito Francia, Guastavino, la prensa musical del país y su historia del baile. Por otro lado, es importante que Cancionistas. salga por Gourmet porque, muy simbólicamente, la última edición de Cómo vino la mano salió por la misma editorial. Y esa edición del libro de Grinberg cerraba con un manifiesto de Pablo Dacal titulado Asesinato del rock. Casi casi, el punto de partida de Cancionistas. Entonces, que Miguel prologue el libro -y en el contexto de Gourmet-, traza una línea que no es casual en absoluto.

¿Cómo va a ser la presentación del libro?

Esta presentación de Cancionistas. (y todas las que vengan) son fundamentales porque este libro necesita una exégesis. Es decir, un diálogo con interlocutores activos, gente con ganas de intervenir en la discusión cultural de la época y el lugar. Aquí y ahora: la melodía que hable de vos. Así que, como tenemos el honor de contar en el libro con las de Lula Bauer -una de las mejores retratistas de la música popular argentina-, vamos a aprovechar para mostrar todas las imágenes que están en el libro y muchas otras. También van a estar las proyecciones de Sonido Ambiente (otro espacio fundamental para la escena) y, desde luego, vamos a charlar sobre el libro con Miguel Grinberg, Palo Pandolfo y Leandro Donozo, el editor. Desde luego, el corazón serán las canciones en vivo. Van a andar por allí Pablo Dacal, Tomi Lebrero, Alvy Singer, Lucio Mantel, Pablo Grinjot, Manuel Onís, Alfonso Barbieri, el Gnomo, Faca Flores, Julieta Rimoldi, Juanito el Cantor, Pablo Malaurie, Julieta Sabanes... ¡Así que algo se arma seguro!

Por Humphrey Inzillo

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