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27.09.2011 | 17:42

Catupecu Machu - El mezcal y la cobra

Fer Ruiz Díaz reinventa su banda con un ritual de reptiles, celuloide y sintetizadores

Fer Ruiz Díaz reinventa su banda con un ritual de reptiles, celuloide y sintetizadores

"El reptil que cambia la piel otra vez, nuevamente." Entre esa frase, la primera que sale de la gola de Fernando Ruiz Díaz apenas le damos play a El mezcal y la cobra, y el título con que bautizó al octavo disco de Catupecu Machu, está condensada buena parte del universo simbólico de la versión 2011 del grupo. Es un título de alto impacto visual, con una impronta cinematográfica y mitológica. Una celebración etílica que coincide con una renovación reptilaria: Agustín Rocino, el ex bajista (sí, ¡bajista!) de Cuentos Borgeanos, ahora toca la batería en reemplazo a Javier Herrlein, que dejó el grupo junto a su manager histórico, Fausto Lomba, poco antes de comenzar la grabación de este álbum que además de una versión deluxe (CD + DVD) incorpora por primera vez el formato vinilo en la discografía de Catupecu.

El resplandor de la mente de Fernando tiene recuerdos que aparecen en señales autorreferenciales a su propia obra, como los "laberintos dentro de cuadros" que menciona en la letra de "Danza de los secretos" y que alude a dos de sus discos anteriores: Laberintos entre aristas y dialectos (2007) y Cuadros dentro de cuadros (2002), que condensan dos versiones previas de un grupo que supo mutar y reinventarse sin perder jamás su esencia. (También en "El toro terciopelo" hay otro link, a "Origen extremo", el tema que abre Cuadros..). La mutación aparece nuevamente como un dogma, como un argumento para la supervivencia y como un modo de mirar y entender la vida. "Los actores en otro papel, siempre un fílmico nuevo" es una frase que resuena en la letra de "Aparecen cuando bailamos" y funciona, también, como un autodiagnóstico. Esa canción, junto con "Metrópolis nueva" -un guiño, desde el nombre, al emblemático film que Fritz Lang rodó en 1927-, establece un curioso tándem que lleva el séptimo arte al dancefloor, agrieta al piso y le pide al dj de turno que no ponga fin. La cúspide emotiva de "Metrópolis." llega a un pico de euforia que tiene destino de jingle de publicidad de cerveza: "Metrópolis nueva/ los bares festejan/ y algunos se abrazan/ y otros se besan/ y brindan el bien con el mal". Se trata del hit más pegadizo de Catupecu en muchos años, con el bombo en negras, espíritu de celebración y energía rockera.

Los teclados y los sintetizadores de Macabre, en combinación con las guitarras poderosas, definen un sonido nuevo y le otorgan una proyección casi sinfónica, potente y sofisticada, a estos doce episodios sonoros. Un piano hipnótico marca el pulso en "Danza de los secretos", que en un crescendo letal se transforma en una marcha celebratoria de corte casi marcial. Esta ambición orquestal rige también a "Klimt... pintemos", que funciona como una puerta de entrada -para nada literal, más allá del título- a la obra del pintor austríaco Gustav Klimt (1862-1918).

Otras dos obsesiones conviven en la explosiva "El toro terciopelo". Por un lado, las múltiples y filosas capas de guitarra y teclados potentes construyen una pared de sonido y sientan las bases para un prog-rock digital. Por el otro, la fijación por lo arcaico: "Un sonido primitivo, tambores de otro tiempo.", ruge, ralentando, Fernando. Sus inflexiones vocales son casi guturales, un gesto primitivo procesado por la tecnología de Catupecu. El uso del sonido del shakulute sintetizado en el poderoso riff de "El mezcal y la cobra" funciona como una analogía de la doctrina catupequense. Ese instrumento, un híbrido entre una milenaria flauta japonesa de bambú y una flauta de metal occidental, distorsionado y multiplicado en estridentes capas sonoras, se conecta con algo parecido a su declaración de principios: revisar el pasado y proyectarlo al futuro. Un gesto coherente para un grupo que en algún momento de la conjunción entre la madera y el microchip montó una estética, construyó un sonido y alzó esa bandera.

Por Humphrey Inzillo

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19 comentarios Recientes y 22 respuestas
 
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    01.10.11
    23:46
  • fragilinvencibleMe sigo sumando al viaje sónico de los catupecu. Disco a disco me sorprenden, más allá que algún trabajo me guste mas que otro. Encasillarse, nunca.
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    30.09.11
    10:16
  • leandroDE1708Lo malo de Catupecu es sin dudas (para mi) Fernando Ruiz Díaz, es la razón por la que te gusta o no catupecumachu, o lo odias o lo amas, por lo menos es lo que percibo yo, que lo detesto pero, pero esta bien, que se maneje
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    29.09.11
    22:18
  • HelljampMe parece que nunca escucharon decir a Gabriel que lo próximo que haría con Catupecu sería Tango.El que no, chequelo por ahi (si leí muchas notas de el) y en cada nota me daba cuenta sobre la locura mental (genial) que tenía, las ganas de salir a experimentar sin importarle el que dirán.El que crea que este disco o el anterior no hubieran existido si estuviera Gaby, quiero decirle que quizás ahora estarían escuchando lo mismo. De cualquier manera, si escuchas disco por disco, el sonido de la banda siempre llevo hacia un horizonte, distinto del anterior pero era a lo que querían llegar. Simetría de Moebius fue el disco que necesariamente tenían que hacer, para mal o para bien (a mi no me gusto) Y este disco es la evolución del anterior, con muchos sonidos de Cuadros dentro de Cuadros (El que no entiende las letras es porque esta negado con la banda, catupecu nunca fue una banda de letras claras) Bueno nada mas, te puede gustar o no pero el trabajo es impecable
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    29.09.11
    16:15
  • mromerosernaCoincido que los que hace mucho seguimos a Catupecu por ahí nos quedamos con ganas de escuchar algo mas de ese rock de batería al palo, bajo potente y buenos riff bien distorsionados, pero no podemos negar tampoco que hoy Catupecu es la banda argentina que mas experimenta y busca la evolución de su propio sonido aún a riesgo de no gustar: para bien o para mal, ellos llegan al borde del precipicio y se tiran. Personalmente no me gustó Simetría de Moebius, pero no podemos negar que el riesgo lo tomaron y se mandaron. También coincido con que la banda cambió y mucho sin Gaby, pero mas allá de lo importante que es Gaby musicalmente para la banda, creo que en Fernando pesó y mucho la maduración personal que le produjo el dolor, y eso se ve en cada letra. Banco a morir a Fernando y a Catupecu, insisto, pese a que su último trabajo no es de mis preferidos, esperemos a ver que nos ofrecen que seguramente será un nuevo viaje y no precisamente del miedo....
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    29.09.11
    14:41
  • heirabellecatupecu facilmente podria haberse quedado en la comodidad de la formula del gran exito que tuvieron años atras pero creo que una banda masiva experimente y se reinvente, habla de una busqueda y una riqueza interior interesante. Yo supe ser muy fan y aunque les perdi el rastro desde hace mas de cinco años, siempre su musica es buena, original, especial, con contenido. Bien por ellos.
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    29.09.11
    00:12
  • ale_gonzalez10Si siguen la senda del ultimo sin repetirlo sino evolucionando, puede estar muy bueno. Lo que me gusta de esta banda es que vive buscando, ultimamente los discos cambian bastante. De base, un disco de Catepuecu es bueno, para mi es una compra sin escucharlo previamente. Ojala sigan adelante porque se lo merecen, hacen bastante por el rock nacional.
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    28.09.11
    21:17
  • smashingprsNo me voy a meter en lo de la experimentacion ni en como era antes y como es ahora, este analisis es bien basico, para mi no hay buenas canciones, es una coleccion de ruidos, es un disco onanista, me parece perfecto si es lo que tenian ganas de hacer pero yo en estos ultimos años no acompaño, igual por el buen recuerrdo siempre le voy a dar unas oidas a lo nuevo que saquen
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