
Estaba en su departamento de Puerto Madero, caminando en círculos en el living, dándole vueltas y vueltas al asunto. En el equipo de música sonaba la Mancha de Rolando. El kirchnerismo venía de la derrota de la 125 y eran días frágiles para el gobierno de Cristina. Hacía algunos meses que Sergio Massa estaba organizando unas reuniones en la jefatura de Gabinete con funcionarios del área económica del Gobierno para analizar cómo iba a impactar en la Argentina la crisis de las hipotecas que había estallado en Estados Unidos.
La canción que sonaba era "Dónde vamos", y aunque en sus estrofas no parecía cifrarse la respuesta a un interrogante macroeconómico, Amado Boudou, que recién se había hecho un gin tonic, sentía el mareo dulce de una buena idea. "Que soy feliz con muy poco/ un árbol y una mujer/ un cielo grande, mil estrellas / ellas nunca me van a dejar caer", cantaba su amigo Manuel Quieto. Mientras tanto, la quiebra de Lehman Brothers, el cuarto banco de inversión de Estados Unidos, arrastraba a todo Wall Street a una crisis fenomenal. Pero en esa crisis, igual que los chinos y los gurúes de la nueva espiritualidad, Boudou acaba de ver una oportunidad.
"Pensando en estas cosas, me di cuenta de que la solución pasaba por reformar y reformular el sistema previsional", dice Boudou ahora.
En ese momento, agarró el celular y marcó el número de Massa. Se encontraron el día siguiente a la noche en un bar en la esquina de Santa Fe y Cerrito.
"Cuando se lo dije, primero se puso blanco", recuerda el ministro. "Estuvimos hablando horas y horas, de los pros, los contras, el análisis político, el análisis económico y, después de tres horas, me dijo: «Mirá, me parece una locura, pero es una idea que tiene volumen político. ¿Te animás a contárselo a la Presidenta?»."
Al día siguiente fueron a Olivos. Cuando los hicieron pasar al despacho de Cristina, Massa se apresuró a aclarar otra vez que no era una idea suya, que él estaba en desacuerdo.
Se sentaron en la mesa de reuniones y Boudou sacó unos papeles de una carpeta amarilla y le empezó a contar en detalle su proyecto de reestatización de los fondos previsionales de las AFJP. Era una idea esencialmente kirchnerista: en una sola jugada blindaba al país de la crisis mundial, le daba al Gobierno el manejo de una caja previsional millonaria y atacaba al establishment haciendo justicia con los jubilados. Y era un gran golpe de efecto para un gobierno que venía de la derrota de la 125.
Cristina lo escuchó y asintió.
-Me gusta, pero llamemos a Kirchner a ver qué opina -dijo la Presidenta.
Frente a Néstor, Boudou volvió a explicar lo que le acababa de explicar a Cristina y a desplegar sobre la mesa todos los papeles que había llevado. Kirchner escuchó en silencio y, cuando terminó, sin decirle nada le extendió la mano.
-Me interesa. Estoy totalmente de acuerdo. Ponete a trabajar el tema -le dijo Néstor finalmente-. Y de ahora en adelante, hablás con Cristina y conmigo. Y si sale en los diarios, es culpa de Massa que está en contra.
A partir de ese día, Boudou empezó a hablar directamente con Néstor y con Cristina. En un solo movimiento, con una combinación asombrosa de olfato político, ambición, descaro y suerte, Boudou acababa de desmarcarse de su padrino político sin traicionarlo y, además, empezaba a ganarse la confianza de los Kirchner.
-¿Y qué hiciste ese día cuando saliste de Olivos?
-Me fui a la ANSES a leer y escribir.
-Era una jugada que si salía bien te dejaba en un lugar demasiado bueno...
-Nunca se me ocurrió. Que la Presidenta de la nación te dé la responsabilidad de instrumentar una decisión política tan fuerte es muy movilizador. Es tan importante que no te da pensar en vos. Además, fijate lo que pasó en ese momento. Hubo muchos que prefirieron esconderse. De hecho, fui casi el único funcionario del Gobierno que puso la cara en ese tema. Y lo más cómodo para otros fue hacer como el avestruz.
El día que se aprobó legislativamente la estatización de las AFJP, se montaron unas carpas en el estacionamiento de la ANSES y en un acto repleto de militantes y medios de comunicación, Cristina anunció la medida y Boudou, en su primera gran aparición pública, explicó de qué se trataba en detalle. Ese fue el nacimiento de Boudou a la política nacional. Y unas horas después, cuando terminó el acto, recibió su bautismo: un llamado de Kirchner a su celular para felicitarlo: "Esto es un gran triunfo político", le dijo. "Ponelo en tu mochila."
Así comienza la entrevista realizada por Juan Morris a Amado Boudou para RS octubre: cómo un disc jockey de Sobremonte y cuadro técnico liberal creció hasta ser la cara mediática del Gobierno y el próximo vicepresidente de la Argentina.
"Creo que el kirchnerismo trajo mucha... no sé si frescura, pero mucho aire nuevo a un sistema político que ya estaba destruido. Que realmente no existía más. Porque cuando se fue De la Rúa y se empiezan a ir los presidentes uno atrás de otro, era un sistema político que se estaba yendo, y esta impronta de no tener miedo a la toma de decisiones a mí me parece que es muy importante, porque por primera vez desde el 83 las acciones de gobierno tienen una dimensión popular. Popular en el sentido fuerte de la palabra. A favor de las mayorías. Y eso es una cosa que fue shockeante. En cuestiones tan distintas como lo del cuadro de Videla hasta decirle adiós al FMI pagándole. Por eso dije que éste era un gobierno muy rocker, porque tiene ese espíritu de atreverse a cambiar aquellas cosas que no le gustan. Aunque estén fuertemente arraigadas".

