OK, esto puede sonar paradójico, pero lo mejor en este setlist de 25 canciones en casi dos horas de duración no es el hardcore estricto. Brian Baker -ex parte crucial de Minor Threat y Dag Nasty en Washington DC, dos cosas inevitables para comprender al hardcore- se encarga del primer riff amenazante y monstruo de "Recipe For Hate", 1993, una canción desesperada del disco igual de desesperado y con el mismo nombre, que le significa demasiado a la mayoría de chicos y chicas post-25 entre los casi 5 mil que llenan el Malvinas Argentinas. Greg Graffin habla, de la promesa de la prosperidad, de la espada del progreso, y del fracaso histórico en la propia historia de los Estados Unidos de América. Y en todo este show de pirotecnia física, hay una sobriedad y una inteligencia que son abrumadoras, el dedo acusador e instruido que es el punk de Bad Religion mismo.
Es decir, Graffin tiene un master's degree en geología y un doctorado en Paleontología en la universidad de Cornell. En 2008, Harvard lo distinguió por sus logros en difundir el humanismo cultural. Y el 24 de marzo de 2012, Bad Religion será la pieza angular del Reason Rally, una reunión masiva de ateos y agnósticos en Washington, que marchan al Capitolio para decir que se hartaron de Dios y de los chiflados que gritan con biblias para destruir un poco más a Irak. Hoy en el Malvinas, Bad Religion no sólo presenta su último disco, The Dissent of Man: celebra 30 años de carrera, que es la celebración de toda una cultura contestataria que aquí se cristalizó en discípulos como Eterna Inocencia, Cadena Perpetua o Shaila y en un disco tributo en 2001, Devotos de una Mala Religión. Y tras su comienzo en 1979 en California para atravesar todo el caos ultraviolento del primer hardcore, junto a nombres enormes como Bad Brains, Black Flag o TSOL, de toda esa lista, es la única original en pie y entera, el artículo genuino. Todo lo que prometió ese culto hoy Bad Religion lo cumple en Buenos Aires y en su propio legado: el iluminismo y la ciencia positivista como respuesta a la desesperación. Un par antes en el setlist, "Atomic Garden", de 1992: la propuesta de un hombre solo ante la lluvia de un montón de bombas. Poco antes, "21st Century Digital Boy", de Against The Grain, un hit improbable y gancherísimo que todos cantan. Así funciona Bad Religion también: a base de hits improbables. Brett Gurewitz, o Mr. Brett, que fundó Epitaph Records, el sello que dio forma al hardcore punk melódico que dominó los 90s con bandas como NOFX o Pennywise -o el éxito inicial de The Offspring y Rancid- y que luego dejó la banda para volver en 2001, no vino esta vez. Bad Religion suele funcionar con tres guitarras, Gurewitz y Baker junto a Greg Hetson, también en Circle Jerks, un tipo inoxidable que siempre está igual, con su salto de rodillas dobladas y su SG roja. Ahí, Bad Religion se vuelve casi Iron Maiden, una banda capaz de una épica desmedida. No importa: de a cinco rinde igual de bien.
Es su cuarta vez en Buenos Aires: 1993 fue Obras junto a Biohazard, una carta fundacional para la escena naciente en Buenos Aires. Los chicos de Catalinas Sur como NDI o Diferentes Actitudes Juveniles, los que agitaban sus bandas en points como MacArthur o el teatro Arlequines ya tenían algo más en que creer. 2001 también fue Obras junto a Biohazard. Cuando terminó Bad Religion, esa vez, casi la mitad del campo se drenó y la institución del NYHC se quedó con cancha chica. 2007 fue un despropósito: al filo de las 17 de la tarde en un River casi vacío para el Quilmes Rock. Esa vez, los que no leyeron el horario se jodieron. Hoy es venganza: Bad Religion arranca firme a las 22:30 con "The Resist Stance", del último disco. El lead inicial es casi Sabbath.
No Relax, la banda de Joxemi, ex guitarrista de los disueltos Ska-P, está desde España entre los soportes, con la voz agitada y los chupines escoceses de Micky, su cantante. Tienen fans aquí y rinden en vivo, en su hardcore melódico a doble pedal con una inyección frenética de streetpunk inglés a la Cock Sparrer, que es el punk que jamás te aburre. También está Boom Boom Kid en la lista, al principio vestido de gaucho correntino con un puñal a la psiquis teenager que es "Brick By Brick": todos la cantan también, porque todos fuimos dejados por alguien en algún punto. Es raro verlo en esta situación de microestadio: Carlos Damián Rodríguez funciona siempre bajo sus propias reglas que le permiten llenar Groove o dos Niceto en doble función. En su escala micro y argenta, que esté aquí es importante. Tal como Graffin influenció a una generación de chicos para que lean a Carl Sagan, BB Kid hizo lo propio para que los chicos dejen de comer carne y empiecen a hacer fanzines. Sigue siendo un excitado: en tabla grande también va con su retorcimiento y su animalismo propio de alguien que sabe cantar hardcore aunque en todo esto filtre a Morrissey, a la new wave más chicle, a Edie Gormé o al punk más heroinómano y abismal de Los Angeles, tipo The Gun Club. El encanto de ver al Tintin punk de Campana se pone áspero en "Crayones Nada Trendy", de su disco Frisbee, un alarde grind/crust. No hace falta una que nos sepamos todos para salir campeón: no hay ni un tema de Fun People en la lista. El baterista es un reloj. Final con tabla de surf sobre el público, otro clásico BB Kid.
Hay otra paradoja aparente: Graffin, al contrario de Jello Biafra de Dead Kennedys, la otra gran voz del hardcore político, o Barney Greenway de Napalm Death, su equivalente en grindcore, no hace discursos. La música se encarga de eso. Hay chistes en cambio. Brooks Wackerman, el baterista, arranca con los tambores de " Do You Remember Rock n' Roll Radio?" de Ramones y Graffin lo interrumpe: "¿Extrañan a los Ramones? Nosotros también. Por suerte tenemos a Pennywise". Después, lanza: "Como tenemos treinta años, vamos a hacer cosas del comienzo, del periodo medio-clásico y también algunas modernas de mierda". No es tan chiste en el fondo: hay un choque generacional aquí. ¿Qué pasa? Estrictamente, el ser una banda de los 90s, la década de Generator, Recipe for Hate, o Against The Grain, discos que marcaron una lógica. Más atrás, material sensible como Suffer o No Control. De este último, "I Want To Conquer The World", "You" y el tema que da nombre al disco fueron puntos altos en Malvinas. Y todo eso vive, en el hardcore trepidante y los coros que son "Aaaahs" hechos por el bajista Jay Bentley, el que más se divierte o el que más gesticula. De todas formas, el Bad Religion contemporáneo no dista tanto de ese esquema, quizá más melódico todavía, quizá más capaz de construir himnos como "Sinister Rouge" y "New Dark Ages" o de cruzar un test de dub en la intro de "Let Them Eat War". Los bises son gigantescos: "American Jesus", un clásico acusatorio con su visión monstruosa de la política americana y su coro final, o "Infected", de Stranger Than Fiction, su única aventura multinacional, y el hit más probable de todos. O "Generator", un poco antes, "en su versión de festival", según Graffin mismo, con un sing-along sobre un riff temible y su línea inicial que es el quiebre poético mismo en la historia del hardcore: "Like a rock, like a planet, like a fucking atom bomb".
Por Federico Fahsbender

