
En sus últimos cuatro discos, estos thrasheros sucios se fueron volviendo cada vez más conceptuales: centraron sus letras en elementos clásicos (el fuego, el agua, la tierra) mientras iban evolucionando hacia canciones con duraciones semejantes a las de los movimientos de la música clásica. Pero tras el grandilocuente Crack the Skye (2009), que tenía una epopeya de once minutos llamada "The Czar", The Hunter pone las cosas en su lugar: no hay canciones de más de seis minutos, y hay un ataque directo más cercano al rock comercial post-grunge. El productor Mike Elizondo (Switchfoot, Maroon 5), probablemente haya sido un catalizador. Pero eso no impide que las guitarras de Brent Hinds y de Bill Kelliher brillen en ángulos extraños o que se entrelacen como el kudzu, ni que haya momentos de excentricidad experimental, como "Spectrelight", un blitzkrieg desbordado con Scott Kelly, de Neurosis. Sin embargo, The Hunter demuestra, esencialmente, cómo se puede hacer rock contemporáneo para la radio con imaginación, precisión y un majestuoso sentido de la fuerza.
Por Chuck Eddy

