

11 de enero y un rayo de sol sobre tu pelo devuelve el instante en el que nos conocimos y todo era feliz...
"Nuestra propuesta siempre fue inclasificable. Nunca fuimos una banda sectaria, ni indie ni de rock chabón". Si al propio Lucio De Caro, líder de Nikita Nipone (de quienes ya habíamos hablado cuando escuchamos al Convoy Larrosa), se le complica la cosa a la hora de definir el concepto híbrido que atraviesa tanto musical como estéticamente a su banda, estamos en problemas. O no, porque de este lado quizás es más sencillo ubicarlos en tal o cual casillero de esa taxonomía arbitraria que conforma el panorama de nuestro rock. La cuestión acá es que durante sus diez años de vida, Nikita Nipone mutó. Creció, maduró; solidificó su cosmogonía en torno a pilares más firmes, como un adolescente que pule su psiquis eligiendo los principios que regirán su alejamiento de la era de la boludez.
Pero la esencia nunca se pierde. En 2001, cuando el quinteto de Zona Norte tuvo que bautizarse y a pesar de que aún no terminaban de ubicarse en sus respectivos puestos ("Teníamos pensado que Paz -tecladista- fuera la cantante; Lucio tocaba viola y batería y era principalmente el hacedor de canciones", comentan), el juego de palabras "Ni-kita ni-pone" surgió de la boca de De Caro, y los marcó de por vida. "Un nombre catchy, que tenía que ver con nuestro costado humorístico y dejaba pensando; cuando tenés veinte lo único que querés es generar impacto", cuenta el violero Francisco Stuart. Esa comicidad plasmada en las letras, la experimentación sonora delirante con Zappa como principal mentor y una estética heredada de los noventa (la tendencia a disfrazarse para salir a escena característica de Los Brujos) fueron sus rasgos al nacer.
"Cuando era pibe, mi viejo me ponía discos de Julio De Caro, del Polaco Goyeneche: ese background tanguero, el tratamiento con gracia de temas serios como el desamor, por ejemplo, me marcaron a la hora de componer": al frente, la personalidad lúdica de Lucio sería uno de los componentes a reencauzar para poder dar el salto necesario hacia la adultez musical. En el medio, claro, pasó una década; cambió la escena local (la zanja insondable que trazó la tragedia de Cromañón entre el pasado y el presente de nuestra música), la internacional y las influencias de cada uno de los integrantes también. Los Strokes y Of Montreal se transformaron en sus principales focos sonoros. "Tratamos de estar al tanto de todo lo que está pasando, sin dejar de escuchar a los clásicos: en Nikita conviven de manera desprejuiciada elementos de Arcade Fire, Dirty Projectors con Dylan o Morphine", cuentan.
Hoy, con varias muestras de El extranjero sonando en las radios y con el video de "Apagar el motor", filmado en San Pablo, también rotando, el cambio de rumbo es claro. Para ilustrar: versos como "Desde edad temprana como carne de amiguitos" ("Carne humana" de Duro con ellos, de 2005) o "No aguanto, desespero, ¡tirame un balde de agua en el balero!" ("Me duele todo", Una oración de 2007) contrastan con reflexiones como "Exceso de cariño o mucha soledad, pueden hacerte igual de mal" o "Son días de vigilia y de un seco malhumor; historias repetidas empastan las bujías del amor". De Caro explica: "En un principio mis canciones se basaban en un humor más directo e irónico que hoy está contenido: en El extranjero no podés decir que hay una intención humorística pero sí un tratamiento cínico, agridulce, de los temas. Es mi manera de vivir. Esa propuesta fue premeditada para este disco porque estábamos en una suerte de limbo".
En el concepto, El extranjero -producido por Manza Esaín- refleja un proceso interno, una crisis de identidad y alienación ("Me sentía agobiado por la velocidad del mundo moderno", dice Lucio). Musicalmente, la maduración se nota en los riffs britrockeros y los efectos de la absorción de bandas como los Strokes y Kings of Leon. "El Extranjero es la síntesis de nuestro momento más reflexivo", agrega Stuart.
Les dejo "La decisión", un lado B del disco que se dio a conocer a fines del año pasado (con la colaboración de Germán Cohen de Onda Vaga en trombón) y una excusa para repasar El extranjero entero.

Autor: Yamila Trautman

