
"Voy a tocar mi canción favorita del álbum", dice Bruno Mars, con su Stratocaster blanca y turquesa colgada al hombro, antes de empezar a cantar sobre una línea de piano maliciosa acerca de una chica que está jugando con sus sentimientos, llevando la melodía y marcando el ritmo con una voz que tiene muy bien aprendidas todas las inflexiones de la voz de Michael Jackson. Esto antes del estallido suave de los coros en el estribillo y de que se termine poniendo pesada y bailable cuando se suman las dos guitarras, porque después de todo estamos en la playa, el mar arrastra al viento, ya se está haciendo de noche y, para sonar, hay que pelar.
Y aunque, en efecto, "Grenade" es una de sus mejores canciones, uno de sus hits más potentes, a la gente que vino al parador Mute de Mar del Plata para la segunda edición de la Fiesta de la P, Mars se la ganó desde el principio, hace más de media hora. Si a las adolescentes exaltadas que le lloran ahí adelante y se saben todas sus canciones ya se las tenía compradas antes de venir, a sus padres y al resto de los que habían quedado ahí, después de que Babasónicos dejara el escenario a punto caramelo con un set de una contundencia asombrosa, Mars y sus bandas los sorprendieron de entrada con ese ska blando de arreglos pop y swing playero de "The Lazy Song", que dejó a todos bailando sobre la arena sin darse cuenta, encantándolos de una forma dócil como un Jack Johnson upbeat y adolescente.
Al frente de una banda de formato casi ska, con una sección de trombón, saxo y trompeta ahí adelante, sacándole brillo a los temas mientras tiran pasitos de coreografía a lo Motown a los que él se suma cada tanto, un bajista que le pone un swing irresistible a todo esto y dos teclados que construyen los climas pop de los temas, Mars, de 26 años, derrocha una versatilidad pop casi inverosímil, volviéndose soul o rockerito, teen o clásico, y demostrando que antes que nada es un hit maker de lujo para ese tipo de pop corte Radio Disney, con una educación musical excesiva que cita con frescura. Criado en una familia de músicos a los que se sumó a los tres años vestido como un Elvis bonsai en los shows que daban en el Sheraton de Waikiki, allá en Hawaii, en sus canciones está el rock clásico de los cincuenta y el pop negro que absorbió en su infancia, el pop blanco que miró por televisión y el hambre de éxito que juntó en su derrotero de talento sin contrato en sus días de bares vacíos tocando en Los Angeles.
Un rato después, cuando empieza a sonar "Marry You", un tema emotivo (que arranca con Mars solo en la guitarra y el frente de vientos bailando una coreografía a su lado, el resto de la banda con nervio dance), definido por esa voz soulera invitando a una chica a casarse porque es una linda noche para hacer algo estúpido, es obvio que sólo será cuestión de tiempo para que Mars cruce la frontera teen y nos pasemos un verano tarareando alguno de sus hits mientras suena en todos lados.
Por Juan Morris
Rock playero 2012: lo que no te podés perder en enero

