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31.01.2012 | 17:40

Contra la corriente: músicos a favor de la descarga

En el momento en el que el debate por la libertad en Internet enturbia el futuro de la música, un repaso breve a través de la historia de los defensores de sus mecanismos; opiná

Radiohead

Negro. Desde la perspectiva actual, el futuro de la música en Internet se percibe turbio: con el debate generado por el avance de las reglamentaciones SOPA y PIPA en el Congreso de los Estados Unidos, sumado a la concreción de la baja de un monstruo como Megaupload, la polémica acerca de la libertad de descarga (gratuita o no), la utilidad de las leyes de copyright y la amenaza de las discográficas, se colocó en el epicentro de la escena musical del mundo... una vez más. Es que a esta altura, a pesar de que existen pruebas fehacientes que indican que la verdadera ganancia de los músicos no proviene por parte de la venta de discos (recordemos que recién este año, gracias a Adele, la industria registró una leve, muy leve alza, cosa que no sucedía desde 2004), muchos no terminan de comprender cómo funciona este sistema virtual que cambió la forma de los consumos y distribución para siempre. La posibilidad de un retroceso en sus mecanismos aterra: las amenazas contra la existencia de nuestras Taringa y Cuevana complican aún más el panorama.

"La piratería es la nueva radio: es la forma en que la música se difunde", dijo Neil Young hace unos días y definió la postal actual. Pasó más de una década desde que Billy Corgan decidió entregar gratuitamente Machina II/ The Friends and Enemies of Modern Music (casi en paralelo a la demanda de Metallica a Napster, la paradoja), en el medio, Trent Reznor al mando de Nine Inch Nails y Radiohead, por ejemplo, encontraron la forma de hacer redituable la descarga de sus discos posteados online. Más allá de algunas idas y vueltas, muchos de los grandes representantes de la música internacional sostienen sus respectivas posiciones favorables al avance indefectible de la democratización de los contenidos. Hace dos años, Liam Gallagher espetó, con su arrogancia característica: "La descarga es lo mismo que yo solía hacer cuando grababa los temas que me gustaban de la radio. Odio a esas grandes y tontas estrellas de rock que se quejan: al menos están bajando tu música, idiota, y prestando atención a lo que hacés".

Aunque la descarga completamente libre y gratuita de álbumes enteros pocas veces es motivada de manera oficial (sí, en estos últimos años, hubo un gran avance con respecto al download legal de singles o adelantos y streaming preliminar), algunos prefieren hacerlo antes que ser "pirateados", especialmente para conservar la calidad de la obra. Ariel Minimal, por ejemplo, contó a RS en una entrevista con respecto al nuevo disco de Pez: "Taringa es sólo una alternativa, nos pareció la más lógica por la popularidad que tiene. Básicamente la idea es ofrecer el disco por Internet. Lo hicimos porque es inevitable. Porque en cuanto vendemos dos o tres CDs ya alguno lo subió. Entonces preferimos subir el disco nosotros con una mejor calidad y que eso juegue a nuestro favor: que funcione como publicidad, que genere interés. Ante la inevitabilidad del download, lo subo yo". Y remató: "Es así. 2012. La música está en Internet. A llorar a otro lado".

2012 pero los retrógradas siguen existiendo, los intereses millonarios también. Con Stop SOPA, una iniciativa apoyada por varios músicos y artistas alrededor del mundo (Peter Gabriel a la cabeza), se intentó embarrar el camino de esas legislaciones que atentarían contra todo lo que se considere "acto de piratería virtual": Trent Reznor, MGMT, Lonely Island, OK Go y otros se manifestaron a través de una carta abierta en la que sostenían que, como profesionales creativos, el delito de violación de las leyes de copyright los afecta de manera muy personal pero que, así y todo, ellos mismos y sus respectivas audiencias se ven beneficiados por las virtudes libres y gratuitas de Internet; el temor a que las políticas contra la piratería termine afectando los servicios legítimos que permiten compartir su obra fue la principal motivación de su reclamo. El aplazamiento fue logrado pero el fantasma de la censura continúa merodeando: mientras Taringa decide mutar lanzando una plataforma de reproducción y descarga legal, adaptarse a la represión no parece ser una opción viable. Al menos no para todos.

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