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Rock Lado B: los babysitters

Que un show salga bien no sólo depende del artista; en esta edición, los encargados de movilizar, satisfacer y malcriar al artista

¿Qué pasa cuando el trabajo sucio es en realidad un trabajo genial? Tener que lidiar con los egos de los músicos -tan ejercitados en eso de sentirse dioses arriba del escenario- puede ser una labor complicada si el carácter, la disposición para el servicio y la templanza no alcanzan su justa medida. Para Mario Delger (27) y Mariel Benarós (32) tener que explicar su trabajo (o mejor dicho, que eso que hacen es su trabajo) no es una tarea fácil, porque no les alcanza con nombrar una profesión, como puede ser la de abogado, periodista o músico. Con esas limitaciones (y sin recurrir a modernismos como coolhunter o entrepreneur), el trabajo de Mario y Mariel es el de ser la cara de la productora local ante el artista, los que se encargan de la logística, el cuidado y la satisfacción de los caprichos de la visita de turno. "Es como si fuésemos los babysitters", sintetiza él. "El trabajo empieza bastante antes, cuando hablamos con el manager y, a partir del momento en que pisan suelo argentino, sigue con el transporte, el hotel, la seguridad y los pedidos específicos de cada caso", completa.

Ninguno de los dos parece tener muy en claro cómo es que empezó a trabajar en esto, o quizá la historia sea tan enredada que no aporte al relato, pero lo cierto es que supieron combinar y potenciar su experiencia dentro de las producciones de espectáculos para brindar un servicio que nadie ofrecía, o al menos lograr profesionalizar su trabajo, dando un plus diferencial.

Tanto Mariel como Mario coinciden en que tener un inglés fluido es el mínimo requisito fundamental para poder hacer este trabajo, pero no lo es todo. "Hay que saber resolver, lidiar con problemas todo el tiempo sin perder la calma", precisa Mario que -si algo sabe hacer- es ponerle el pecho a la situación: su debut fue con Guns N' Roses, en 2010. En el CV del buen babysitter rockero tampoco debe faltar la virtud de la diplomacia: "Si alguno se raya y me putea no puedo responderle de la misma manera, aunque quisiera", apunta Mariel; y también hay que estar dispuesto a abandonar por completo la propia vida personal por algunos días, lo que implica (al menos para Mariel) no volver a dormir a su casa y tener que dejar a su perra al cuidado de alguien durante el tiempo que dure la visita.

Un tema fundamental para ambos es mentalizarse de que durante el tiempo en que el artista esté con ellos deberán soportar la presión de todo su entorno. "El artista es sólo una persona, pero también tenemos que ocuparnos de los fans, que muchas veces entorpecen nuestro trabajo", afirma Mario. Y sigue: "La mayoría de las veces el pedido es no cruzarse con nadie. James Blunt, por ejemplo, explicaba que entiende que haya fans en la puerta del estadio donde toca o en la disquería donde firma autógrafos, pero nos pidió expresamente que intentemos que no haya fanáticos en el hotel porque es el único lugar donde él no trabaja y puede descansar".

En la ambición del fanático por saber en qué hotel o lugar se hospeda tal o cual músico, las redes sociales no juegan en el mismo equipo de M&M, porque la puja por la información es constante, no sólo porque es imposible evitar que los fans se pasen la información, sino porque también los mismos artistas son difíciles de controlar. La anécdota de uno de los Backstreet Boys sirve como ejemplo: mientras que Mariel cuidó todos los detalles para que nadie se enterase que AJ McLean iba a visitar una muestra Beatle del Paseo La Plaza, fue el propio cantante quien lo anunció a través de Twitter.

"Igualmente hay muchos mitos sobre los músicos, cosas que no son ciertas", continúa Mariel. "La mayoría de los pedidos viene de parte de algún asistente que dice que el artista está como loco o disconforme con tal o cual cosa, cuando en realidad una lo ve que está muy tranquilo". Entre las excepciones está -como era de esperarse- Axl Rose. "Su estado anímico general es complicado", cuenta Mario, consciente de no estar diciendo nada que no se sepa. "No se siente bien desde el momento en que se levanta, y tiene una carga negativa que lo lleva a estar luchando todo el tiempo contra lo que hace. Pero el problema más grande a lidiar con él es que nunca se sabe cuándo va a llegar y estar dispuesto para tocar", completa.

"Tratamos de resolver todo lo que surja", responde diplomático Mario, cuando la pregunta se vuelve amarillista y apunta a saber qué pasa si el músico quiere completar el rock and roll con sexo y drogas. "No está en la descripción del trabajo ni es estrictamente nuestra responsabilidad, pero si llegara a ser muy importante para ellos, hay que hacerlo", cierran, sin dar mayores detalles, pero aclarando que es muy (quizá demasiado) raro que eso suceda. ¿Y qué pasa si el artista no come la carne por la que la Argentina es tan famosa? "Con Moby terminamos yendo a comer a un tenedor libre vegano en San Cristóbal", cuentan. "Fue improvisación pura, ¡y le encantó!".

Por Leonardo Ferri

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