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El fenómeno Tan Biónica: ¿están listos o no para el éxito?

El hit "Ella" sacó del anonimato a la banda de los hermanos Moreno Charpentier y les puso a sonar hasta en cadena nacional

Del hotel NH de Corrientes y Alem al Luna Park hay una cuadra y pico, pero la camioneta que lleva a Tan Biónica tiene que recorrer un trayecto más rebuscado. Hora y media antes de la función, la banda entra en el estadio mientras sus fans hacen cola o buscan perlas del aceptable merchandising no oficial. Quién sabe qué pasaría si los vidrios de esta van no fueran polarizados. ¿Una horda de chicas la embestiría hasta casi voltearla, como ya le ha sucedido al grupo en viajes en taxi a eventos públicos? Como sea, hay que entrar rápido. En los camarines, sobre la mesa de catering, los espera una foto de Osvaldo Pugliese (una cábala). Su amigo manager Guido Iannaccio, que los conoce desde la secundaria, cuando empezaron a tocar, hace diez años, los dirige en la previa. Todavía tienen que pasar sus pelos por las manos de sus amigos de Prana, un salón de belleza alternativo de Belgrano (a los Tan Biónica los han acusado de ser una banda de peluquería), recibir a las visitas que subirán más tarde al escenario (Ale Sergi de Miranda! y Poncho) y ponerse los trajes caudillescos que usan desde hace tres años, que simbolizan la conquista de un espacio dentro del rock nacional y que, al fin de la noche, como parte de un segmento escénico simbólico y ovacionado, dejarán en un cofre: es el fin de una etapa.

Pasaron dos días de su primer show en el Luna -el primero de una auspiciosa serie de tres estadios llenos- y el frontman del grupo, Santiago "Chano" Moreno Charpentier, está en el backstage diciendo: "Esa foto es increíble, tuvo como 10 mil «Me gusta»". Su entusiasmo está puesto en la imagen que obtuvo un fotógrafo del show anterior (una postal sacada desde el escenario, con la banda de espaldas a la cámara y de frente al público, justo después del momento del cofre) y en la repercusión que tuvo en Facebook en menos de 48 horas, algo para nada menor en su radar. Su timeline de Twitter está lleno de respuestas para las menciones que hacen de él. Responde a cada una con un "beso", un "gracias" o un ";)", que es mucho más de lo que la mayoría de los músicos pueden llegar a hacer por sus fans en las redes sociales. Todos en la banda tienen una cuenta y más de una vez fueron trending topic. De su bio en @tanbionica, surge esta autodefinición: "Tan Biónica es el resultado del encuentro de amigos con similares inquietudes y distintos talentos".

En los últimos años la banda vio crecer su público, sus followers y sus fans de Facebook a velocidad viral. Esto es gracias a Obsesionario, el segundo disco en la carrera del grupo (que RS puntuó con dos estrellas y media), presentado oficialmente en La Trastienda hace tres años. Su millaje sumó más de cien shows, lo que incluyó viajes a Paraguay, cinco fechas en México, un slot en el Rock in Rio Lisboa y una presentación en París junto a Babasónicos. Mientras tanto, el disco llegó a las 17 mil copias vendidas, que podrían haber sido más si el álbum no hubiera sido editado poco antes de la venta de su compañía distribuidora (EMI a Universal), que lo dejó fuera de las bateas por varios meses.

Durante este encuentro, los Tan Biónica se sientan alrededor de una mesa antes de salir al escenario: están Chano y su hermano menor, el bajista Gonzalo "Bambi" Moreno Charpentier; el guitarrista Sebastián Seoane y el baterista Diego "Diega" Lichtenstein. Y entre los cuatro arman un discurso homogéneo, con frases e ideas que se completan con la intervención del otro. Una de las conclusiones grupales sobre su paso del under a la popularidad es: "Somos una banda muy favorecida por el download".

Deslizar la idea de un Gran Rex de despedida del álbum parecía una herejía para los fans que, según cuentan ellos, exigían que la banda se anime al Luna Park. El grupo llegó a la conclusión de que no estaría mal para darle un marco consagratorio al cierre, aunque hizo cálculos poco optimistas: esperaban 5 mil personas. Anunciaron que tocarían en el Luna durante el cierre de un recital en Tucumán, en diciembre. Dos meses después, en febrero, sin pegar un afiche, las entradas se habían agotado. Entonces, sumaron otra fecha, que también se agotó. "Cuando fuimos a comunicarlo a los medios y a sacar la campaña gráfica, se anunció el tercero. Es como que no tomás conciencia cuando estás en la vorágine. Pero, loco, somos capitalinos. ¡Hacer un Luna Park ya era un sueño!", dice Chano.

La presencia mediática de la banda viene siendo casi permanente. Además de la altísima rotación de los siete (¡siete!) cortes de Obsesionario, grabaron la canción de apertura de Graduados, la tira de 26 puntos de rating constante de Telefe. La semana del desembarco en el Luna fueron un poco más allá, con shows en la mayoría de los espacios para tocar en vivo que tiene la televisión, de los que el noticiero Diario de medianoche es uno de los más mainstream.

La segunda noche en el Luna, el público es mayormente femenino y se hace oír con furia adolescente. Hacia el final del recital, en las afueras del estadio, la escena parece una mega reunión de padres al aire libre.

Todavía adentro, Chano dice: "El aval de todo eso lo dieron nuestros fans. Nuestro público es nuestro patrimonio más inmenso".

Al lado de Chano, Bambi agrega: "Nuestros shows tienen un concepto. Bandas más grandes nos dicen: «¿Para qué un vestuarista?». Pero nosotros creemos que hay un montón de espacios de expresión que hay que aprovechar, porque el público lo valora".

El condimento especial de este momento de gloria, en el que la banda se permite shows conceptuales para un público devoto (antes de cada presentación, Diego Poso, gerente de programación de radio La 100 y amigo del grupo, hace sonar el clásico beatle "Eleanor Rigby" y la audiencia enloquece), es el hecho de que estuvo antecedido por un largo forcejeo.

"Conocemos de memoria la frustración, la derrota, el fracaso y el desengaño", dicen ellos. "El tema es cuando tenés que convivir con las expectativas."COMPARTILO

Mientras Chano habla, sus compañeros lo miran y asienten con una sonrisa. "Conocemos de memoria la frustración, la derrota, el fracaso y el desengaño. Sabemos cómo reaccionar a eso, tenemos mecanismos. Sabemos cómo convivir con la fisura", dice. "El tema es cuando tenés que convivir con las expectativas."

Después de la seguidilla de shows (la semana posterior a los tres Luna llenaron La Trastienda de Montevideo, en Uruguay), la banda está en su búnker y sala de ensayo del barrio de Saavedra. Es una casona vieja muy derruida que ya les queda chica, por lo que están a punto de mudarse a una mejor en la misma zona. La sala más acondicionada es la de reuniones, donde va originalmente el cuadro de Pugliese y la mesa redonda donde se sientan a planificar y tomar decisiones hasta hoy. Las próximas, porque aparentemente se vienen muchas, estallarán en otro lugar.

Otra vez, todos hablan en una ronda. El guitarrista Sebastián "Seby" Seoane se mantiene callado, aunque la banda lo señala como el más temperamental. Falta Germán "Guarny" Guarna, parte de la postal del fin de semana, que se sumó a la banda después de la salida de Obsesionario, cuando los teclados no pudieron quedar fuera de su esfera sonora en vivo. El manager del grupo está pegado a una computadora e intervendrá sólo para aportar los datos duros del grupo en su consagración, mientras que los hermanos Moreno Charpentier son los que ponen más claramente en palabras la historia de la banda.

 
Foto: Lucila Blumencweig

Tienen 30 y 28 respectivamente, que es el rango de edad de todo Tan Biónica. La génesis del grupo está en ellos dos. Son hijos de padres separados, con un papá en España que tuvo otros dos hijos, mientras ellos se criaron junto a su mamá y su nueva pareja, quienes tuvieron a Samantha, una hermana diez años menor. Formaron la banda en el colegio secundario Obras Sanitarias. Era el año 2002 y comenzaban a tocar todavía sin formación ni nombre del todo definidos. Biónica Electrónica o Tan Electrónica, según a quién se le pregunte. Tampoco estaba del todo decidido su sonido y su lugar, que finalmente sería más solitario de lo que se puede esperar para una banda emergente.

Esos comienzos fueron en paralelo al meteórico ascenso de Miranda!, cuyo estallido podría ser comparable al de Tan Biónica en magnitud, cosa que habrá que ver en el tiempo. "Ya habíamos armado el grupo cuando íbamos a verlos y tocábamos en los mismos lugares. Los vimos en La France, en Cemento. Estaban haciendo sus shows para treinta personas y eran tres todavía", recuerda Bambi sentado en una silla entre la mesa y la estufa eléctrica. "Nos gustaba lo que hacían, pero no nos quedamos con esa escena electro pop. Nos sentíamos diferentes, ajenos. Eramos muy jóvenes y siempre pensamos en la electrónica como recurso, no como género."

En abril de este año, Miranda! hizo su primer Luna Park en seis años. Hoy, salvo Las Pastillas del Abuelo, no hay revelaciones nacionales que puedan llenar tres veces el Palacio de los Deportes porteño. Las Pastillas es otro grupo con el que se podrían establecer comparaciones: se trata de otro fenómeno masivo, independiente, con un frontman carismátco y una poética convocante, pero muy discutible.

La discografía oficial de Tan Biónica comienza con su primer EP Wonderful noches (no será su último uso del spanglish), que salió en 2003 y tiene algunas canciones que aparecerían cuatro años más tarde en el disco debut de la banda. En ese trayecto, el grupo fue puntualizando sus políticas operativas: "No queríamos forzar relaciones con otras bandas, no queríamos formar parte de una movida. No fuimos con desesperación a reclamar ninguna exposición a los medios ni a las compañías", dice Bambi. "Lo hicimos basándonos en los fans. Nunca tocamos con otras diecisiete bandas en Cemento. Si queríamos un lugar, íbamos y, con mucho esfuerzo, nos lo alquilábamos. No pertenecimos nunca a una escena under, sólo tocamos en todos sus lugares."

Como sucede con Dread Mar-I, el otro fenómeno del sello independiente Pirca Records, la banda creció de espaldas a la escena del género que representa. No sienten que se inscriban en ninguna tradición del rock nacional, del que sí reconocen influencias, como Fito Páez. Otro gran "no", salvo excepciones, fue la participación en festivales. "No nos parece hacerles pagar a nuestros fans una entrada carísima para un show de veinte minutos a las cuatro de la tarde. No da", dice Chano.

"Me parece que está bueno para la música la dedicación total de la cabeza y el corazón. Todavía lo sostengo. Tocar con mis amigos es una forma de mantenerme bien, remarca Chano.COMPARTILO

La otra jugada estratégica fue tocar en el interior, pero antes de que la banda fuera solicitada. Hoy ya pasaron por veinte provincias con, por ejemplo, seis visitas a La Pampa. Lugares donde la oferta cultural es prácticamente nula. "Siempre fuimos a como dé lugar adonde fuera. Con autos que se nos quedaban, durmiendo de prestado, con lo que podíamos; donde se podía tocar, tocábamos", sigue Bambi. "Generamos un vínculo sincero: cuando íbamos a un lugar y decíamos que íbamos a volver, cumplíamos. Creemos que la verdad está ahí, en charlar con las personas y eso."

Con el tiempo, fueron convirtiéndose en unos curtidos y disciplinados trabajadores del rock. "Somos fanáticos de la estructura, de la sincronización y del guión", agrega Chano. "Nuestro show es como una comedia musical", revela. Todo en las presentaciones del grupo está calculado hasta el mínimo detalle, algo que Diega descubrió cómo hacer mirando el dvd del regreso de Soda Stereo. "En el escenario tenemos indicaciones del tipo: «Agarrá el pie del micrófono»", dice Chano. "Después tuvimos que aprender a disfrutar dentro de esa estructura. Aprendimos que, una vez que incorporamos ese engranaje, aparece el disfrute. Tan Biónica adoleció de esa manera. Buscando cosas de diferentes grupos, que tomamos como propias y las ajustamos a nuestras convicciones. Algo que recién en este disco logramos."

Pero antes de los shows masivos, sus planes eran demasiado ambiciosos: en algo estaban fallando. "En un momento empezamos a padecer el arte", sigue Chano. "Nos juntábamos todos los días a hacer lo que hiciera falta y teníamos cierto desconcierto: creíamos que la compañía tenía que hacer que rotemos más en la radio; o que alguien, no sé, nos ponga de teloneros de U2. Hasta que nos dimos cuenta de que el cambio tenía que ser de adentro hacia afuera."

Antes y durante la grabación del debut Canciones del huracán, de 2007, había una cuestión que resolver, y que se percibía temáticamente en canciones como "Veneno", que parecen hablar de mujeres o sustancias peligrosas. El buenmozo y perturbado Chano se vio en problemas, quizá con ambas, y decidió internarse en una clínica de rehabilitación para adictos. "Mi manera de caos era muy extrema e ingobernable", dice otro día, durante una charla a solas. "Me parece que está bueno para la música la dedicación total de la cabeza y el corazón. Todavía lo sostengo. Tocar con mis amigos es una forma de mantenerme bien. Todos conocemos nuestras virtudes y debilidades. Cuando uno se va para un costado, lo sostienen los demás. Es algo fundamental y se da naturalmente."

Consciente de su creciente exposición actual, Chano no entra en detalles sobre su tratamiento ("Fue una experiencia de terror, estuve ocho meses con treinta locos que estábamos desesperadamente solos y desesperadamente enfermos", le contó al suplemento en 2008). "Sabía que me lo ibas a preguntar. Te imaginarás que no me siento cómodo al contarlo, pero sí es parte de mi historia, así que está bien que lo señales", dirá posteriormente en una conversación telefónica.

Su voz trasnochada es uno de sus atractivos. Otro es físico: porte de dandy nocturno, un baby face que supo explorar los márgenes del lado oscuro. Y también por su poesía autorreferencial, formada por el sufrimiento exhibicionista en la tradición de Charles Bukowski (a quien menciona en "Lunita de Tucumán", canción que también tiene la frase "la cocaína seca las lágrimas"), se percibe su avidez por ganarse el mote de poeta maldito. Hoy tiene, al menos, el de sex symbol del rock local (está separado hace poco, chicas).

"Me cuesta tener una relación copada con los lugares, con las cosas. No me sale automáticamente tener una relación sana. Creo que a todos nos pasa. Por algo la vida nos unió, no creemos que conocernos haya sido obra del azar", profundiza Chano.

En Obsesionario inventó una palabra. Su significado sería "un compendio de obsesiones". Son las suyas. "Las historias están enfocadas bajo ese concepto de obsesión con una idea, una mujer, un lugar. Creemos que el arte está cerca de la ausencia. De mirar la parte vacía del vaso. No creo en cantarle a la felicidad. No sé si se entiende el concepto", se pregunta.

Las letras de Tan Biónica hablan de vínculos caprichosamente malsanos, como "Obsesionario en La Mayor", que le canta a una mujer que ya no lo quiere: "Creo que buscarte es menos digno que pensarte, más difícil que encontrarte y menos triste que olvidarte/ Me preguntaste: «¿No tomás?»/ Te dije: «Ya no lo hago más»/ Y te aburrió la historia". ¿Por qué estas apologías de la discapacidad emocional interpelan tan intensamente al público adolescente? Puede que ése sea el target en edad de convertir cualquier tropiezo amoroso en una catástrofe de proporciones épicas.

Chano no fue lo único que cambio entre los dos discos: los procesos de concepción de ambos fueron casi antagónicos. El primero fue grabado con poco presupuesto, con gastos que solventaron con trabajos como camareros o cadetes. Usaron las instalaciones de la escuela de sonido Inartec como estudio, donde habían conseguido un buen precio. En los momentos en que no había clases, es decir, a la noche, entraban y grababan.

El disco salió con un contrato de distribución de EMI y al poco tiempo empezó a sonar su primer hit, "Arruinarse". Eso les dio una buena acogida radial, shows para 500 personas, algunos fans y muchas señales de que Tan Biónica era algo a lo que tenían que apostar, aunque sus familias o novias todavía no lo pudieran ver bien, y les solicitaran un plan B de vida.

Soy la clase de persona que cuando tiene un pesar cree que va a durar toda la vida. Y cuando me pasa algo bueno, pienso: «¿Cuándo se va a acabar esto?»", dice Chano.COMPARTILO

Hacer Obsesionario fue diferente a pesar de que la banda había presentado un plan de grabación similar al del anterior disco. Cristian Merchot, dueño de Pirca y manager de Bersuit, les propuso trabajar con un productor y les presentó opciones. No convencían los candidatos, y el grupo quería a Pepe Céspedes y Oski Righi, pero... "Los de la compañía nos sacaron cagando, que cómo íbamos a gastar toda la plata en los productores", recuerdan el día del búnker.

Afortunadamente para los Tan Biónica, Bersuit se desarmó y cambió la situación para ellos, que recibieron el llamado que esperaban con una buena extra: podrían grabar el disco en Del Cielito, el legendario estudio de Parque Leloir que Manuel Quieto de La Mancha de Rolando le compró al ex grupo de Gustavo Cordera. (De hecho, Quieto les prestó el estudio a los Tan Biónica para los ensayos de sus shows en el Luna Park.)

Ya con los productores en Del Cielito, los TB se dedicaron a mejorar. Chano dice: "Nos hicieron ensayar, enfatizaron la energía del grupo en vivo. Lo que buscábamos con Bersuit era lo que sabíamos que íbamos a encontrar".

Ese desarrollo musical en estudio lo vivieron "con 10 pesos en el bolsillo". "Nos jugamos hace tres años y medio, cuando dejamos los trabajos sin tener ahorros", dicen ellos. "Me acuerdo de que Diega había puesto a la venta un teclado en Mercado Libre, y se lo compré yo por 200 pesos. El mismo día alguien ofertó por internet 250 y se lo tuve que devolver. Hoy en día nos reímos de esa situación, pero realmente estábamos hasta las manos", sigue Chano.

Después de un pausa, reflexiona como si hablara consigo mismo: "Cuando estás en el horno, siempre tenés la excelente noticia de que podés arrancar de vuelta. Pero soy la clase de persona que cuando tiene un pesar cree que va a durar toda la vida. Y cuando me pasa algo bueno, pienso: «¿Cuándo se va a acabar esto?»".

Antes del éxito había algo que les daba la esperanza de que cancelar toda actividad paralela a la música había sido una buena decisión: un hit. "Cuando grabamos «Ella» sabíamos que iba a sonar en todos lados", recuerda Chano en otro de los encuentros con el grupo. "Pero no teníamos antecedentes. Si no funcionaba, iba a ser una decepción." El tema salió en 2010 y todavía sigue sonando. La frase sin remate "ella tiene un look." parece haber reemplazado a "avanti morocha" de Los Caballeros de la Quema en los actos de la presidenta Cristina Fernández. Al cierre de esta edición, "Ella" sonaba en Cadena Nacional, durante un acto en el que la Presidenta entregaba la computadora número 2 millones del programa gubernamental Conectar Igualdad, y justo antes de un discurso conceptual sobre la juventud y el futuro.

 
Foto: Lucila Blumencweig

Después de tres años de aprovechar las oportunidades que dio Obsesionario, una de las últimas resoluciones fue decirle a la compañía que no iba a haber un octavo corte.

"Necesitábamos parar", dice. "Lo necesitamos como individuos y como grupo de amigos, necesitamos un tiempo para encerrarnos a poneros a pensar, para pelearnos, para mandarnos a la concha de su madre."

La banda siguió rotando con otro tema nuevo, sin embargo: la canción de Graduados, que marca una importante colaboración con el ex Abuelos de la Nada Cachorro López. El superproductor tenía la asignatura de parte de Sebastián Ortega, el director de la tira, y un pedido: que sonara algo "ochentera". Por recomendaciones de Ale Sergi, y charlas con los Bersuit, Cachorro tenía a Tan Biónica y Chano en mente. "Le mandamos a Chano un brief con la trama de la serie y vino al estudio con par de cosas muy piolas escritas. Fue una muy buena experiencia componer juntos", le dice Cachorro a Rolling Stone. "Veo que la banda tiene la capacidad de hacer música popular muy sencilla pero con una textura muy interesante, y con un cantante muy expresivo que tiene letras que dicen algo siempre. Sus melodías tienen reminiscencias del inconsciente colectivo de la música pop; sin embargo suman elementos que los hacen muy personales." Cachorro se atreve a un pronóstico del futuro del grupo. "Tienen mucho desarrollo por delante. Creo que van a crecer en popularidad todavía más y también tienen mucho espacio y capacidad para desarrollarse artísticamente."

A diez años de sus comienzos, el presente perfecto de la banda pone a sus problemas y traumas en perspectiva. Después de haber vivido juntos en diferentes combinaciones, según aparecían las necesidades, separaciones y afinidades, reconocen que el conflicto es parte de su funcionamiento como grupo. A esta altura, las peleas en la banda pueden darse por múltiples razones. Desde que alguien fue a la estación de servicio y no le compró el alfajor que pidió el otro, hasta el volumen de guitarra de una canción. hasta llegar a climas algo violentos, según Bambi: "Cambiamos mucho. No tomamos mucho alcohol y no nos drogamos", dice durante el último encuentro en la casa de Saavedra. "Siempre estamos muy en contacto, como ahora, con las emociones. Cuando se comete un acto que molesta al otro, las peleas son muy pasionales. Nos hemos peleado casi a las trompadas por una guitarra que tiene que ir o no. Cuando las ideas son fuertes uno las defiende. Uno sabe con quién puede aliarse y se producen manipulaciones, claro."

Chano reconoce que suele ser el centro del conflicto, pero también el detonante de esta intrincada forma terapéutica que hace funcionar a la banda: "Yo supongo que debo ser insoportable. Estoy todo el día despierto, todo el día fumando, todo el día hablando... y mi hermano es bastante parecido. Hay otros que son más para adentro. Yo quizá genero un quilombo que hace que el grupo hable y se comunique. Me mando una cagada que hace a hablar a los demás. A veces la forma de reaccionar de los otros se da a través de un chivo expiatorio, que puedo ser yo".

Sin embargo, Diega, el baterista, agrega: "Siempre nos podés ver fuera de Tan Biónica a todos saliendo juntos. Nos elegimos todo el tiempo. Pasamos todo el día juntos y no siempre peleamos: por ahí no hay conflicto en tres meses, en los que tuvimos treinta shows, porque no hubo tiempo".

Después de esta entrevista la banda tiene la noche libre, y algunos piensan ir a la fiesta mstrpln, en el Paseo de la Infanta. La semana que viene hay viajes, demos que grabar y otros compromisos. La rueda vuelve a girar y con ella todos los problemas y las responsabilidades. Los meses que vienen tendrán una pausa de los escenarios para el grupo y después la grabación de su próximo álbum, que está en parte compuesto y que, en palabras de Chano, hincha de Ferro, "le gana 5 a 2 al anterior".

La goleada, en realidad, está por verse. Pero para la banda, por primera vez, no hay temor antes del partido.

Por Gabriel Orqueda
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