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Premios Gardel 2012: siempre estarás, Luis Alberto

Por primera vez en tres años, se realizó la ceremonia de entrega de los premios a la música con un emotivo homenaje a Spinetta; Escalandrum se llevó el Oro

La balanza se inclina hacia el lado de la pérdida pero no suficientemente como para impedir el festejo. En el año en que la muerte de Luis Alberto Spinetta marcó la historia de nuestra música, los Premios Gardel volvieron a tener su ceremonia de entrega después de tres años de no realizarse. Paradoja que en 2009, la primera de las celebraciones que no tuvo su gala, lo haya colocado justo a él como ganador máximo por su Un mañana; paradoja que el regreso haya sido cuando ya se fue. Por eso, a pesar de la importancia simbólica del evento y de las revelaciones (o no) incentivadas por su asignación en las tantas categorías, el momento más significativo de la noche en la Usina del Arte fue el homenaje: al Flaco, otra vez, había que darle gracias.

Fito Páez, León Gieco, David Lebón se pusieron al frente de una súperbanda que se encargó de repasar su carrera a través de piezas que no, no, nunca se erosionaron y ya no lo harán: "Post Crucifixión", "Durazno sangrando", "Laura va", "Seguir viviendo sin tu amor" y la entrada triunfal de un Charly García en calzas platinadas para liderar "Rezo por vos", mientras las pantallas dejaban de mostrar sólo imágenes históricas del Flaco para recordarlos a los dos, juntos, atravesando las eras, hasta el abrazo fuerte de despedida sobre el escenario de Las Bandas Eternas. "Y es que siempre estarás, Luis Alberto, siempre estarás en mí": como en aquel Vélez histórico, Páez dedica, entregó ahora a su memoria, antes a su persona, la letra de "Las cosas tienen movimiento" que se coló en el medley que termina con "Muchacha ojos de papel" y el video de un piquito a una Catarina muy chiquita y un Dante risueño al lado de papá feliz. Fuerte.

El necesario repaso In Memoriam recordó a otros que también se fueron durante estos últimos tres años -Sandro, María Elena Walsh, Juan Alberto Badía, Facundo Cabral, Marcel Curuchet, Adrián Otero, Leonardo Favio- pero amén el respeto hacia su inconmensurable legado, la cosa dejó de centrarse en el pasado (aunque también hubo premio a la trayectoria para Palito) para focalizarse en el presente, quizás en el futuro. Con algunos pifies más de producción que de conducción, La Sole y El Bahiano, encargados de dirigir la ceremonia, presentaron los ganadores. Gieco fue uno de los más premiados de la noche por su El desembarco, que fue elegido Mejor álbum artista de rock (polémicas las palabras de León hacia Cantilo, "A Fabi, por dejarme ser el mejor artista de rock esta noche", cuando también Miguel Mateos compartía la terna), Producción del año, Mejor ábum artista canción e Ingeniería de grabación; Catupecu Machu se llevó el premio a Mejor álbum grupo de rock por El mezcal y la cobra, dedicado por Fer Ruiz Díaz a Gabi, a Cerati y a Spinetta; lo más reciente de Deborah de Corral fue elegido Mejor álbum nuevo artista pop y los Miranda! (otros de los más nominados, gracias a Magistral) se llevaron el gardelito de metal por triunfar como Mejor álbum grupo pop. Artista femenina pop fue Hana y Axel su contraparte masculina; Los Cafres le ganaron a Mimi Maura y Gondwana con El paso gigante, Mejor álbum de reggae y música urbana; "Paisaje" de Vicentico (de Franco Simone, en realidad) fue Canción del año; Blindado de Baltasar Comotto, Mejor álbum nuevo artista de rock. A propósito de Babasónicos sólo se llevó Mejor diseño de portada; los Wachiturros, nominados por Tirate un paso a Mejor álbum grupo tropical, fueron vencidos por Esquivando el éxito de Damas Gratis...

El triunfo máximo -sorpresivo quizás más para ellos mismos que para los que de afuera atestiguaron su éxito, condensado en la nominación a los Grammys latinos-, de Escalandrum y su Piazzolla plays Piazzolla representó el momento más esperado: el Gardel de Oro, entregado al Álbum del año esta vez era recibido por una banda de jazz instrumental. Las palabras de Pipi Piazzolla (nieto, baterista preciso y líder del sexteto) demostraron su feliz y agradecido desconcierto: "Esto es increíble: nosotros tocamos jazz, sin cantante, sin productor y sin difusión...". El reconocimiento de un disco tributo (y, vale aclarar, de un disco que se sale de la lógica de consumo y distribución de lo que llaman mainstream), con la actualización de la obra clave del gran Ástor en versiones electrojazzeras, otra prueba de que la música nueva avanza pero no puede, jamás, negar la influencia de su historia.

Por Yamila Trautman

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