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¿Por qué hay que ir a ver a Lady Gaga?

Antes de su llegada, un pack de motivos para presenciar el show de la última diva pop este 16 de noviembre en River

"Cuando estoy escribiendo música, estoy pensando en la ropa que quiero llevar en el escenario. Para mí, juntar todo y contar una historia real será lo que traerá de vuelta al súper-fan", decía Lady Gaga en una de sus primeras entrevistas, a los 22 años. Era difícil apostar por ella en esos días de declaraciones pretenciosas y autocomparaciones con Andy Warhol. Sólo tenía un par de singles de los que hablaba como si estuvieran cambiando el mundo. Había que sostenerlos con más que una máquina de humo. Inesperadamente, lo hizo: cada sucesiva canción, video y show fue más grande, más espectacular, más icónico, más raro y, sobre todo, más exitoso. Sino, ¿por qué llena estadios en todo el mundo a sólo cuatro años de su primer single?

En estos años, Gaga fue elegida la persona más influyente del mundo según la revista Time, la más recaudadora según Forbes y el personaje del año en todas las tapas, de Rolling Stone a Vogue. Ahora, con 50 millones de fans en Facebook y 30 millones de seguidores en Twitter, tiene más presencia en Internet que cualquier marca. Su secreto fue hacer de cada uno de sus movimientos en público una noticia mundial y lograr, a su vez, que sepamos poco de su vida privada.Es justo decir que musicalmente tiene poco de la innovación de la que se jacta. Pero su innegable virtud pasa por su capacidad para componer hits. En el peor de los casos, tiene algunos mundanos como "Just Dance", pero cuando acierta son armas de destrucción masiva como "Bad Romance".

Con eso, Gaga fue estos años lo que el pop necesitaba para renovarse. Y aunque el resto de sus competidoras tomaron nota, seguirle los pasos no es fácil. Con todos sus defectos, Born This Way, el disco con el que viene de gira a Buenos Aires este mes (el 16, en River), brilla como una de las pocas piezas de pop mainstream bailable actuales que no cedieron a la tiranía del dance de David Guetta, Dr. Luke o Will.i.am. Fue una ráfaga que limpió un poco el aire viciado de pop descerebrado. Ella eligió convertirse en heroína de víctimas del bullying, y hay una generación que sintió necesario ese mensaje: los Little Monsters, la subcultura de superfans obsesivos que ella siempre soñó con tener y se vuelve visible en cada una de sus presentaciones.

Por todas estas cosas, su discutida y examinada prehistoria (¿niña de clase acomodada o joven trashera del circuito de arte performático neoyorquino?) fue perdiendo importancia, y se le concedió su mayor capricho: que no hay necesidad de desenmascararla, que todos aceptemos que nació así.

Por Gabriel Orqueda

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