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13.12.2012 | 12:24

Spinetta y las bandas efímeras: tributo en el fin de su muestra

Como cierre de la exposición en la Biblioteca Nacional, tocaron juntos Fito Páez, Javier Malosetti, Machi Rufino, Rodolfo García, Ulises Butrón y Leo Sujatovich, entre otros

Era fuerte, sí. Escuchar los temas de Spinetta sin Spinetta producía calambres en el alma, tanto en el público como en los músicos que alguna vez lo acompañaron en sus andanzas musicales. No había nadie ocupándose de la voz (un gesto de común acuerdo) y esa ausencia imponía respeto en el lugar. "Una banda que no es eterna, que va a desaparecer después de este show: la banda más efímera del mundo", presentó Eduardo "Dylan" Martí, su gran amigo y curador de la muestra en la Biblioteca Nacional ("Los libros de la buena memoria"), por donde pasaron 20.000 fans desde octubre, y que terminó ayer con este cierre de lujo, con dos funciones seguidas debido a la cantidad de público. Unas 200 personas dentro del auditorio Jorge Luis Borges (con Vera y Valentino aplaudiendo adelante) y otras cientas afuera, siguiendo el concierto en la explanada a través de las pantallas, y un plantel bestial sobre el escenario que recorría la carrera del Flaco desde los simples de Almendra pasando por Pescado, Invisible y Jade, hasta los Socios del Desierto y sus obras solistas.

Fue una zapada de una hora, con un elenco rotativo, en un clima de comunión y camaradería que recordaba al del histórico show en Vélez de 2009, en menor escala. Empezaron con una base que incluía a Rodolfo García en la batería, Machi Rufino en el bajo, Javier Malosetti en el bajo/guitarra (tenía dos mástiles) y los teclados del Mono Fontana, Leo Sujatovich y Claudio Cardone a los costados. "Donde una orquídea se quebró.", asomó la voz de Luis en los parlantes, trayendo la letra de "Fuga" desde otra dimensión. Piel de gallina. "No voy a decir adiós, no voy a pedir perdón, ahora estoy bien...", siguió hasta esfumarse. La banda enganchó con "Parvas", "Hoy todo el hielo en la ciudad" y la introducción de "Seguir viviendo sin tu amor". Las piezas se iban acomodando como un trabajo de relojería: estribillos sueltos, melodías entrelazadas, riffs inmortales. Collages instrumentales que obligaban a parar la oreja para distinguirlos todos.

Rodolfo García le cedió el lugar a Gustavo Spinetta y sonaron "Algo flota en la laguna", "Rock de la Selva Madre", "Credulidad" y "Por". Después entraron Pomo Lorenzo con Lito Epumer para "Durazno sangrando" y "Ludmila". Con una presencia tan fuerte de tecladistas (hasta Fito Páez se sumó), el repertorio viró mucho hacia los 80 y principios de los 90, casos "Cielo de ti" y "Tres llaves", con aportes de Ulises Butrón. También estuvo Marcelo Torres representando a Los Socios del Desierto, y Sergio Verdinelli + Baltasar Comotto recordando la última formación que rodeó al Flaco. Hicieron "Tu nombre sobre mi nombre" (joyita del unplugged Estrelicia), "Mi sueño de hoy" y terminaron con "Resumen porteño" a tres violas, tres teclados y dos bajos. Una animalada.

A modo de bis, dejaron "Quedándote o yéndote", clásico de Kamikaze, cantada por el público que leía la letra en la pantalla, repitiendo aquella lección de que "la lluvia borra la maldad y lava las heridas de tu alma", mezclada con un cariñoso: "Olé, olé, olé, Flacooo, Flacooo". En estos tiempos de homenajes pertinentes (el álbum de covers de Pedro Aznar, la canción Illya Kuryaki en el disco nuevo, ¡y hasta una escena en Graduados ayer!) nunca está de más recordar las enseñanzas de Don Luis.

Por Nicolás Igarzábal

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