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16.12.2012 | 17:03

Personajes 2012: Piti de las Pastillas del Abuelo

Se consolidaron como la banda joven más convocante; su ideólogo habla de técnicas de superación personal, educación pública, meditación y fanatismo por JoaquÍn Sabina

Cuando era chico, en la casa de Piti Fernández había un libro que se llamaba "Cómo ganar amigos e influir sobre las personas". "Ese libro supuestamente le salvó la vida a mi viejo", dice Piti, un lunes al mediodía, mientras esperamos que terminen de lavar su auto. El libro es un pequeño evangelio con verdades blandas y humanistas para triunfar en el mundo de los negocios publicado por Dale Carnegie, un intrépido vendedor de cursos por correspondencia de Missouri que se hizo famoso en los años 30 escribiendo best sellers de autoayuda, y que lo ayudó al padre de Piti, un comerciante nacido en una familia muy humilde de Villa Soldati, a abrirse camino en la vida a partir de técnicas como sonreírles a los clientes, incluso por teléfono.

Y de alguna manera, el libro también lo ayudó a Piti a moldear su personalidad. Después de terminar la secundaria en el Mariano Acosta y rendir cinco veces mal Sociedad y Estado en el CBC para Filosofía, terminó anotándose en unos cursos de tres meses de superación personal de la Dale Carnegie Training y absorbió herramientas que unos años después aplicó con Las Pastillas del Abuelo como un frontman carismático, con el poder discursivo de un predicador en sus letras. Si en un principio, la verba inflamada de Cordera y los ritmos rioplatenses de Bersuit habían sido el modelo musical y poético, las técnicas de superación terminaron convirtiéndose en el contenido.

"Los conceptos de la ontología del lenguaje los volqué mucho en los dos últimos discos, Crisis y Desafíos [ editado a fines de 2011], sobre los juicios y sobre la escucha", explica. "Hay mucho también de programación neurolingüística en una canción que se llama «Hasta acá nos ayudó Dios», que tiene una frase que dice «Mi esencia no es mi historia» y escribirla me sacó toneladas de encima de los hombros."

¿Por qué?
Porque mi esencia no es mi historia, es otra cosa. Mi historia es mi historia y la puedo valorar, los hechos no los puedo cambiar pero tengo el poder de reinterpretarlos, de una manera que no duela. Y mi esencia va mutando día a día.

No lo hace todos los días, porque tiene problemas con las rutinas, pero cuando se acuerda Piti además medita. "O por ahí hago unas respiraciones. La idea es limpiar un poco la cabeza de tanto pensamiento viviendo en el ahora: vivenciar el viento en la cara, el culo en la silla, la remera pegándose al cuerpo, pensar en nada, sólo aquí y ahora. Hay que vivirlo, porque al minuto catorce en silencio pasan cosas muy raras..."

¿Qué tipo de cosas?
Aparecen recuerdos que no aparecen nunca, nunca. Cosas que pensaste que habías perdido y por ahí te hacen llorar. Incluso podés llegar a irte a alguna que otra vida pasada que hayas tenido. Una vez tuve una imagen cotidiana de estar frecuentando penales y tuve la sensación de no ser yo en esta vida, sentía las manos más grandes, por ejemplo, más curtidas.

Este año, Las Pastillas del Abuelo cumplieron una década y se les ocurrió que una buena manera de empatizar con su público, que se autodenomina "familia pastillera", era festejarlo con un evento que fuera bien familiar: una kermés. Así que el 3 de septiembre, en el Club Hípico de Buenos Aires, antes de que la banda joven más convocante de la Argentina saliera al escenario, durante el día hubo carrera de embolsados, golpes al martillo de fuerza, bandas de jazz, tango, murga uruguaya y rock resumiendo las distintas vertientes musicales del grupo. Fueron más de 12 mil personas, y había entradas con descuento para los mayores de 40. De hecho, en uno de los afiches, la consigna era: "Vení con tus viejos".

"Yo con mi vieja voy a todos lados", dice Piti. "Ella también estudia ontología del lenguaje y PNL en la misma escuela. A mi vieja la endiosé en una canción que se llama «La diosa de la transformación», por la cantidad de desafíos superados que tuvo mi vieja en su vida. El amor es fundamental, porque hay dos tipos de educación: con amor o sin amor. Saludable hay una sola."

Vos estudiaste en el Mariano Acosta. ¿Qué pensás de las tomas en el colegio?
No estoy muy cerca del colegio ahora para saber por qué son las tomas y tampoco conozco a la gente del Centro de Estudiantes. La intuición me lleva a bancar a los pibes y a la cooperadora, pero la verdad que es un gran riesgo ponerme de un lado o del otro. Está claro que de las tomas puede hacerse una situación política, una desestabilización. Eso se usa mucho, y sobre todo se usa a la juventud, pero también está claro que las tomas son una forma de hacerse oír.

¿Y qué opinás del voto a los 16?
Qué tema. La verdad, lo veo peligroso. Soy consciente de que no frecuento todos los contextos para tener una observación válida, pero todos los miércoles voy a la Villa 31 para dar un taller de escritura a unos chicos y no están en condiciones de votar, creo yo, más que al puntero que les puede dar una mano. Por otro lado, también veo a mi público, muchos pibes de 16, y no sé si los veo con un interés genuino de votar. Más bien los veo con un interés genuino de disfrutar.

¿Qué bandas ibas a ver en tu adolescencia?
No me acuerdo de haber ido a ver muchas bandas de rock. Un poco a Bersuit, Los Piojos. Fanatismo sólo tenía por Joaquín [Sabina]: lo fui a ver a nueve Luna Park seguidos. Lo seguía con un taxi, parecía una minita. Y también iba mucho a un bar de Palermo donde tocaba una banda tributo. Hace poco lo fui a esperar a la puerta del hotel donde estaba parando y me saqué una foto y le regalé Cartas marcadas, de Dolina.

¿Qué cosas dejaste de hacer en el escenario?
Hablar mucho, cada vez hablo menos. Algo que aprendí fue a hablar con mis canciones, que ya de por sí tienen muchos errores.

¿Por qué?
Los tiempos cambian y uno cambia con los tiempos. Hay una canción como "Oportunistas", que habla de la rama esotérica que lucra con el malestar y la desesperanza de la gente: "Y de repente tu entusiasmo tiene precio", dice la letra. Y yo pensaba en el entusiasmo de toda la gente que para estar tan contenta paga la entrada para vernos y me sentía un oportunista...

Como frontman, ¿en qué te ayudó el PNL?
Hay conceptos sobre el rol activo de la escucha, por ejemplo. Estamos acostumbrados a que la escucha es pasiva y eso es erróneo, la escucha tiene un papel activo porque precisa una interpretación y al interpretar uno se está haciendo cargo de su visión del mundo. Entonces, hay una responsabilidad compartida al hablar y al escuchar que de alguna manera me hace vivir más tranquilo cuando canto en un escenario.

Por Juan Morris

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