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18.12.2012 | 09:26

Asuntos internos: lo que nos pasó en 2012

El estado argentino recuperó el control de YPF y participó del descontrol de los trenes; entre el voto a los 16 y el 8N, escenas de la gran pelea de consorcio de la poítica nacional

El colapso. El 22 de febrero, Once fue el destino trágico de años de abandono.

1- Accidente de Once. La mañana del 22 de febrero una formación del ramal Sarmiento no pudo frenar cuando estaba a pocos metros de la estación de Once. La tragedia ya viajaba en tren desde hacía décadas. Contrato sobre contrato, óxido sobre óxido, hasta explotar esa mañana de febrero. El saldo fruto de la falta de controles y el abandono fue de 51 personas muertas y cientos de heridos. Las acusaciones cruzadas entre el Gobierno, la oposición y la empresa TBA evidenciaron que el desenlace de la historia ferroviaria argentina estaba destinado a ser el peor posible. Luego de las investigaciones en las que se quiso apuntar contra el maquinista de la formación, la Justicia procesó al ex Secretario de Transporte Ricardo Jaime, al por entonces titular de la misma cartera Juan Pablo Schiavi y a los hermanos Cirigliano, titulares de la empresa concesionaria, eternos beneficiarios de los subsidios oficiales. A partir del hecho, el gobierno nacional traspasó el servicio a la empresa Metrovías y puso la cartera de Transporte bajo la órbita del Ministerio del Interior. Actualmente, con retrasos, avanzan las reparaciones de urgencia en el ramal, aunque no hay plazos definidos.

2 - Reestatización de YPF. En un capítulo más de sus peleas contra las corporaciones, el 16 de abril el Gobierno nacional fue por la reestatización del 51 por ciento de las acciones de la empresa Repsol-YPF, que estaban en manos de capitales españoles. Después de la estatización de las AFJP, significó el avance más audaz del Gobierno en el retorno de resortes económicos a la esfera del Estado. En medio de una fuerte polémica sobre la viabilidad de asumir el compromiso de reencauzar la empresa petrolera y con el objetivo de recuperar el manejo de un recurso estratégico, los discursos más duros contra la decisión impulsada por el Gobierno sostuvieron que se trataba de una mera excusa para generar nuevos nichos de burocracia, corrupción y caja.

3 - Cepo al dólar. Un país adicto al verde cerró el grifo. En octubre de 2011, luego del triunfo electoral de Cristina, nace el cepo al dólar, es decir, los mecanismos de restricción en la compra de moneda extranjera en el país. El "cepo al dólar" es el nombre truculento de una política basada en que el Banco Central y la AFIP imponen nuevos requisitos y controles para el mercado de divisas. Las casas de cambio, de ahí en más, comenzaron a pedir autorización a la AFIP sobre cada nuevo comprador, quien responde así si la situación fiscal del comprador es "consistente". De ese modo, con la profundización de las medidas entre abril y mayo de este año, el dólar blue, la cotización paralela fruto del mercado negro de dólares, se convirtió en un nuevo actor político. Los paquetes turísticos al extranjero, las operaciones inmobiliarias, las importaciones, todo comenzó a verse trabado en el tren de una decisión de gobierno de carácter "cultural": abandonar el culto al dólar. Las especulaciones sobre la "aspiradora de dólares" para cumplir vencimientos de deuda del Estado argentino fueron más un consuelo de economistas y oportunistas: el cepo llegó para quedarse y, bien al estilo kirchnerista, se volvió una pieza medular del Relato.

4 - Ruptura con la CGT. Fue el año del quiebre definitivo entre Moyano y Cristina. O, directamente, entre el Gobierno y sectores del peronismo histórico. Uno de ellos, encarnado en la figura de Hugo Moyano, supuso la ruptura de la principal central obrera: la CGT. Si la CTA ya había sido partida en dos, en torno a su adhesión o rechazo al Gobierno, le tocó el turno a la CGT, cuya cabeza alternativa y más pro oficialista la condujeron los históricos "gordos" (UPCN, UOCRA, etc.), siempre más habituados al oficialismo de turno. Lo que parecía impensado ocurrió y la política oficial ahora se mostraba en contra de la unidad gremial, promoviendo relaciones más frías, más estables, más institucionales y menos pegajosas que las que ofrecía el liderazgo de Moyano, uno de los pocos peronistas con "agenda propia" que había sido un ladero fundamental en el esquema kirchnerista.

5 - Plan Procrear. El 12 de junio nació un plan de vivienda que tuvo a su estrella ascendente, el joven economista Axel Kicillof, como mentor y argumentador todoterreno del Plan Procrear. ¿Por qué todoterreno? Porque desde ese día Kicillof pasó a ser la voz del modelo, repasando ya sea la nacionalización de YPF, la intervención de la obra pública, un nuevo esquema en el mercado de divisas o cualquier otro tema que resulte "indispensable" para completar y profundizar los mensajes presidenciales. De solidez envidiable, quizá con notable abstinencia de clase universitaria (sus conferencias de prensa duran dos horas mínimo), él, junto a otro joven (Diego Bossio, a cargo de la ANSES), conformó el equipo público que lleva adelante este ambicioso plan que sortea créditos para la construcción de viviendas y aspira a entregar un total de 400 mil (para el primer año, por lo menos 100 mil viviendas).

6 - Votar a los 16. El senador kirchnerista Aníbal Fernández presentó sorpresivamente un proyecto para que, desde los 16 años, los jóvenes puedan votar. Lo hizo mientras el clima de toma de escuelas porteñas brindaba un telón de fondo ideal mostrando lo que podría ser una nueva generación militante crecida al calor de lo que soñó el kirchnerismo para Buenos Aires: un gobierno a su derecha. Un "enemigo ideal". El proyecto abrió debates, dudas, polémicas, incluso observaciones antropológicas (como la del constitucionalista Eduardo Barcesat destacando la mayor dosis de pensamiento abstracto en los más jóvenes), pero al coro de especialistas se sumó la voz de los mismos jóvenes. 16-18: franja socialmente vulnerable si las hay. Muchos no estudian ni trabajan, otros trabajan en negro, otros estudian pero no terminan el ciclo. En suma, es el abanico de realidades argentinas en su más amplia extensión y desigualdad. Desde las próximas elecciones, se incorporarán alrededor de 700 mil electores al padrón.

7 - Veto al aborto no punible. Luego de que la Corte Suprema estableciera la necesidad de que se tipifiquen por ley los casos de aborto no punible, el 27 de septiembre la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires sancionó un texto acorde. Sin embargo, el jefe de Gobierno Mauricio Macri vetó la iniciativa con argumentos muy criticados y escándalo incluido: el propio mandatario había dado a conocer el lugar donde se practicaría el primer aborto legal, lo que allanó el camino a los grupos "pro vida" que, además de interpelar a la mujer embarazada (víctima de trata de personas), interpusieron recursos legales para impedir que se realizara el procedimiento. A pesar de los avances, el derecho a un aborto que respete el derecho de las mujeres sobre su propio cuerpo podría ser una opción real recién el próximo año.

8 - Manifestación 8N. El 8N fue la cita para cacerolear en el centro de casi todas las ciudades y municipios importantes del país. La convocatoria funcionó por reflejo (más meditado) tras el éxito del cacerolazo del 13S. Se vio mucho más que "puta oligarquía" reclamando contra la inflación, la inseguridad, la supuesta re-re y un largo etcétera. El rostro y aspecto de clase media de los manifestantes se puede ver casi en espejo con los de las marchas convocadas desde el colectivo "Facebook de 678" años atrás. Lo que consuma la percepción de que la división social de kirchnerismo y antikirchnerismo tiene algo de pelea de consorcio de la clase media. Sin embargo, desde el kirchnerismo duro (haciendo honor a la izquierda ilustrada) se puso el foco descalificatorio sobre la plaza en torno a la "poca preparación política" de los manifestantes, la elementalidad supuesta de sus consignas o el individualismo. Reviviendo por inversión la antigua lógica que por derecha exigía el "voto calificado", en este caso se trataría del rechazo a las cacerolas casi en pos de una "plaza calificada", ideológicamente densa y precisa. El evidente apoyo y la cobertura de la marcha desde los medios del Grupo Clarín evidenciaron una doble condición: la marcha pudo tener la agenda de Clarín, pero no a Clarín como agenda. No existió una defensa pública contra la desinversión exigida por la Ley de Medios. Un eufórico Lanata en su programa dominical del 11N habló de un millón de personas. Otro eufórico, Luis D'Elía, no demoró ni dos horas para escribir en su cuenta de Twitter que la movilización había sido un fracaso.

Por Martín Rodríguez y Martín Armada

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