rollingstone.com.ar

Cinco centros culturales porteños

La noche de la ciudad ofrece estos puntos en donde el arte no se circunscribe sólo a la música en vivo; cinco espacios que dan lugar a muestras de arte, ciclos de cine, pizza, birra y más

Algunos se lo adjudican a la cierta represión gubernamental y en consecuencia a la resistencia, desde un paradigma "paracultural", como Demián Adler, uno de los dueños de Vuela el Pez. Otros, a la necesidad de encontrar un espacio con estas características, donde se pueda "tomar algo, escuchar buena música y hacer una salida con amigos", como Marcelo Castresana, de El Quetzal. El surgimiento de estos espacios como alternativas se relaciona -y sus creadores sostienen- con Cromañón. "Después de la tragedia, los lugares empezaron a cerrar, y había una necesidad de expresión, había muchos artistas que no tenían donde tocar", reflexiona Adler.

A fines de 2004, la historia de los recitales en Argentina cambió. Después de la muerte de 194 personas, una generación quedó marcada y los problemas de habilitación se hicieron mucho más evidentes. Por eso, el éxodo de miles de barcitos y en consecuencia, los espacios para que el arte floreciese se acotaron de manera drástica. Después de Cromañón la habilitación se hizo más rigurosa. "Nosotros tenemos todo en regla, vinieron varias veces a chequear que esté todo en orden, el matafuegos, las salidas, todo", cuenta Juan Aranovich de Matienzo, uno de los primeros C.C. en gestarse, hace cuatro años.

Casonas viejas con estéticas que remiten a las casas okupas europeas redefinidas como lugares de arte. Barcelona y Berlín, por ejemplo, están pobladas de estos recintos convertidos en aguantaderos de artistas jóvenes que están empezando a mostrar sus capacidades. De Alemania a Buenos Aires. En Villa Crespo, Colegiales, Palermo, Almagro, Belgrano, Villa Urquiza estas réplicas se van haciendo cada vez más populares.

Los C.C. formaron así una gran familia que comparte, entre otras cosas, público, cervezas y compra insumos en los mismos lugares. Es tan así que desde hace dos años decidieron unirse en una Asociación llamada MECA, una organización que nuclea a 18 de los centros de Buenos Aires. "La idea es que aparezca una figura que nos represente. No existe el centro cultural como figura, existe el bar, teatro, etc. Pero no lo que nosotros somos. Y ya existimos", denuncia Adler. A lo que se une Aranovich: "Es una cuestión social, una red que nos represente, permita unir fuerzas y no dividir. Los artistas pasan por todos lados, cada espacio tiene una particularidad, una tonada. Compramos matafuegos todos juntos para que se haga más barato y tratamos de sobrevivir en un contexto que no nos ayuda". La unión ante todo. Abajo, cinco ejemplos de estos espacios.

Club Cultural Matienzo
Matienzo y Cabildo. Una casa vieja semi reciclada llena de recovecos, grafitis, opciones culturales distribuidas en tres pisos y alta terraza (con su propia barra) en donde tienen lugar algunos ciclos de cine al aire libre. Los ciclos de bandas y diversos talleres artísticos se hacen aún más copados con las comidas caseras, pizzas y birras del bar de planta baja.

El Quetzal
Guatemala y Malabia. Unos cuanto graffitis convierten a esta casona palermitana en un punto insoslayable. Desde un submarino amarillo a dibujos indefinidos. Un bicicletero y adentro otro espacio para todas las artes. Abren todos los días (salvo los lunes) desde las 8 de la noche. Con un patiecito interno, en El Quetzal hay bandas en vivo, muestras de arte, de fotos, festejos regionales.

Ladran Sancho
Guardia Vieja y Bulnes. Un bar improvisado, un patio y una suerte de escenario. Más desprovisto de colores y con una estética más garage, este recinto de Villa Crespo tiene una fija los martes: la jam session. Todos pueden improvisar y hacer música, es cuestión de acercarse. Además de ser una buena opción nocturna (todos los C.C. tienen precios accesibles) cuenta con opciones culturales varias, desde teatro a clases de tango.

Casa Brandon
Drago 236. El Brandon Gay Day nació hace 12 años con Jorgelina De Simone, Violeta Uman y Lisa Kerner como mentoras. Lo que en un principio fue un ciclo de fiestas, esporádicas y marginales, luego se convirtió en un clásico explosivo, que ahora tiene su propia sede: un centro gay-friendly en el corazón de Villa Crespo, en el que hay ciclos de cine, cursos, bandas en vivo y un bar.

Vuela el Pez
Córdoba y Julián Alvarez. Otra casa vieja, con patio interno, un bar con comidas caseras y un escenario. "Lo que importa es el arte, yo sin arte me muero. No hacemos esto por plata", dice Adler.

Por Dolores Moreno



COMPARTILO
 Notas mas leidas
PUBLICIDAD
Revista Rollingstone